Resumen ejecutivo

La mayoría de los indicadores de resultados finales de la CAPV, tanto económicos como sociales, han mejorado y la región mantiene, en general, una posición favorable. Ello sugiere la existencia de un modelo de competitividad socioeconómica equilibrado en línea con la denominada «competitividad en solidaridad».

La CAPV presenta un importante reto relacionado con el desempleo, especialmente entre la población más joven y los mayores de 55 años. A esto se añade que la calidad de las nuevas contrataciones, en aspectos como la temporalidad o el trabajo a tiempo parcial, no ha mejorado considerablemente en la recuperación de la crisis.

En los determinantes de competitividad, las fortalezas y singularidades de la CAPV están en su buena posición en los indicadores del entorno empresarial: su calidad institucional, en las políticas y estrategias puestas en marcha, en los niveles de formación de las personas, …

En términos de comportamiento empresarial los indicadores de productividad y costes muestran resultados positivos. En el aspecto financiero, las empresas se han mostrado aversas al riesgo, han seguido reduciendo endeudamiento y afianzando fondos propios. En innovación, muestran relativa fortaleza en innovación tecnológica (fundamentalmente de proceso), debilidad en innovación no tecnológica (organizativa y de marketing) y en la combinación de los dos tipos de innovación. A pesar de los discretos resultados en algunos indicadores de innovación, destaca el buen desempeño de la CAPV en el indicador de ventas de productos nuevos. Se observa además que hay un núcleo de empresas, sobre todo industriales y de mayor tamaño, que llevan a cabo actividades de innovación importantes.

En este último año ha proseguido la consolidación de la internacionalización de las empresas vascas, con una evolución positiva en su nivel de exportaciones, con un incremento del valor medio de exportaciones por empresa y del porcentaje de exportadoras regulares. Ha habido sin embargo una disminución del número de empresas exportadoras.

Hay una serie de tendencias mundiales (envejecimiento, digitalización y automatización de los procesos productivos, cambio climático, …) que plantean serios retos para el mantenimiento y mejora de los niveles de bienestar. A ello hay que sumar que las incertidumbres de naturaleza fundamentalmente socio-política, pero con innegable dimensión e impacto económico, de las que se advertía en el pasado Informe de Competitividad, no sólo se han confirmado, sino que incluso se han acentuado, como la mayor probabilidad de que se dé el Brexit y la posibilidad de que este sea no acordado; las guerras comerciales iniciadas por Trump se han trasladado a otros ámbitos como el cambiario y el tecnológico, o la inestabilidad en Latinoamérica (Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia, …). Por eso, más que nunca, se necesitan políticas proactivas que fomenten la adaptabilidad, nuevas trayectorias y la diversificación de la estructura económica.

Aprovechando la situación financiera saneada y de apalancamiento financiero positivo de las empresas, se debería seguir avanzando en el impulso de la inversión especialmente en áreas como la formación de los trabajadores y mejoras en la cualificación de sus puestos de trabajo, proseguir en la recuperación de la calidad del empleo, aumentar la actividad de I+D y de innovación en las empresas (especialmente la no tecnológica) y consolidar la internacionalización de las empresas, tanto en número de empresas exportadoras como el volumen de exportación de las mismas.