5. Conclusiones

La mayoría de los indicadores de resultados finales de la CAPV, tanto económicos como sociales, han mejorado y la región mantiene, en general, una posición favorable situándose en el primer cuartil de las regiones europeas, tanto en renta como en tasa de pobreza. Algunos indicadores sobre desigualdad y vulnerabilidad como “la renta mediana”, “la capacidad para hacer frente a gastos imprevistos” o “la tasa de pobreza” muestran resultados muy positivos. Esto combinado con un desempeño económico fuerte sugiere la existencia de un modelo de competitividad socioeconómica equilibrado en línea con la denominada “competitividad en solidaridad”.

En el estudio hemos identificado un reto importante relacionado con el desempleo al constatarse el mayor impacto que tuvo la crisis en España y en la CAPV, especialmente entre la población más joven y los mayores de 55 años. Ello exige continuar haciendo esfuerzos para que el desempleo de este grupo no acabe en exclusión social, aplicando diferentes medidas que impulsen acciones de formación para este colectivo, un seguimiento más personalizado de su situación, incentivos fiscales para su contratación o la continuación de políticas sociales anti-exclusión. A esto se añade, por otra parte, que la calidad de las nuevas contrataciones no ha mejorado considerablemente con la recuperación de la crisis. En vista de esto, sería importante proseguir el fomento de la calidad del empleo, no sólo en términos salariales, sino también en aspectos como la temporalidad o el trabajo a tiempo parcial y el impulso de proyectos profesionales que faciliten el desarrollo profesional y personal, para que todas las personas empleadas obtengan unos niveles de bienestar satisfactorios y la CAPV siga mejorando en los indicadores de cohesión social.

La CAPV, en comparación con otras regiones europeas, está bien posicionada en los indicadores del entorno empresarial gracias a una buena calidad institucional, a las políticas y estrategias puestas en marcha y a los niveles de formación de las personas, entre otros aspectos.

En términos de comportamiento empresarial, los indicadores de productividad y costes muestran resultados positivos. En el aspecto financiero, las empresas se han mostrado aversas al riesgo, han seguido reduciendo endeudamiento y afianzando fondos propios. En innovación, las empresas muestran relativa fortaleza en innovación tecnológica (fundamentalmente de proceso), debilidad en innovación no tecnológica (organizativa y de marketing) y en la combinación de los dos tipos de innovación. En general, parece que la empresa vasca mantiene una situación continuista y adopta un perfil conservador en su estrategia financiera y tipo de innovación. Sin embargo, y a pesar de los discretos resultados en algunos indicadores de innovación, destaca el buen desempeño de la CAPV en el indicador de ventas de productos nuevos. Observamos además que hay un núcleo de empresas, sobre todo industriales y de mayor tamaño, que llevan a cabo actividades de innovación importantes. Sería interesante analizar más en profundidad las estrategias que están siguiendo estas empresas e impulsar políticas para que las empresas que presentan peores indicadores de innovación, especialmente las pequeñas, puedan aprender de ellas.

La fase de concienciación de los retos de la CAPV en innovación está ampliamente desarrollada y en estos últimos años ha habido un florecimiento de diferentes programas que están explorando el mejor modo de afrontar estos retos. Un informe elaborado por un equipo de Orkestra (Aranguren et al., 2019) pone de manifiesto que es creciente y cada vez más extendida entre todos los agentes la conciencia sobre la necesidad de avanzar, en paralelo a las tradicionales formas de innovación basadas en I+D, en otras formas de innovación más soft y dirigida a las pymes. Programas como Tkgune, Hazinnova, los grupos de trabajo sobre nuevos modelos de negocio creados en la mayoría de los grupos de pilotaje de la RIS3 vasca y el impulso a los servicios avanzados a empresas impulsados por la estrategia RIS3 de Bilbao son ejemplos de ello. Pero ejemplos como: la decidida apuesta de la CAPV en la primera década de este siglo (creando los CIC, los BERC, Ikerbasque…), que perseguía corregir el déficit existente en ciencia, cuyos resultados ahora se están empezando a recoger, muestran que los efectos de estas apuestas tardan en ser claramente visibles, por lo que es necesario perseverar en los esfuerzos y monitorizar en los próximos años el impacto que están teniendo estos programas en el impulso de la innovación.

En este último año ha proseguido la consolidación de la internacionalización de las empresas vascas, con una evolución positiva en su nivel de exportaciones, con un incremento del “valor medio de exportaciones por empresa” y del “porcentaje de exportadoras regulares”. Ha habido sin embargo una disminución del "número de empresas exportadoras". En el dilema entre optar por aumentar el porcentaje de empresas exportadoras o el aumentar el volumen de exportación de cada empresa, la segunda opción parece tener más efectos a corto. Como en ese segundo ámbito hay margen de mejora, sería el que debería primarse por las políticas, trabajando en paralelo la tracción que las empresas con una base exportadora consolidada puede ejercer sobre las empresas que están dando sus primeros pasos en la apertura hacia los mercados exteriores.

En suma, el informe 2019 de Orkestra muestra que la competitividad de la CAPV ha mejorado en numerosos ámbitos y obtiene buenos resultados para la ciudadanía en términos de bienestar. Sin embargo, el informe también identifica áreas de mejora en algunos resultados intermedios y en determinantes de competitividad, claves para tener unas bases de bienestar sostenibles. Además, tal como el Informe de Competitividad temático de este año expone con detalle, hay una serie de tendecias mundiales (envejecimiento, digitalización y automatización de los procesos productivos, cambio climático…) que plantean serios retos para el mantenimiento y mejora de los niveles de bienestar. A ello hay que sumar que las incertidumbres de naturaleza fundamentalmente socio-política, pero con innegable dimensión e impacto económico, de las que se advertía en el pasado Informe de Competitividad, no sólo se han confirmado, sino que incluso se han acentuado. A la mayor probabilidad de que se dé el Brexit, se le suma el que ha crecido mucho la posibilidad de que este sea no acordado, con las enormes perturbaciones que ello puede ocasionar. Las guerras comerciales iniciadas por Trump se han trasladado a otros ámbitos: al cambiario (con iniciativas de devaluaciones competitivas), al tecnológico… La inestabilidad en Latinoamérica (Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia, …), un área geoeconómica clave para nuestras empresas está alcanzando niveles preocupantes. Por eso, más que nunca, necesitamos políticas proactivas que fomenten la adaptabilidad, nuevas trayectorias y la diversificación de la estructura económica. Así, aprovechando la situación financiera saneada y de apalancamiento financiero positivo de las empresas, se debería seguir avanzando en el impulso de la inversión especialmente en áreas como la formación del personal de los trabajadores y mejoras en la cualificación de sus puestos de trabajo, proseguir en la recuperación de la calidad del empleo, aumentar la actividad de I+D y de innovación en las empresas (especialmente la no tecnológica) y consolidar la internacionalización de las empresas, tanto en número de empresas exportadoras como en el volumen de exportación de las mismas.

  1. Aranguren, M.J., Magro, E., Morgan, K., Navarro, M. y Wilson, J. (2019). Playing the Long Game: Experimenting Smart Specialisation in the Basque Country 2016-2019 (próxima publicación)