En el número de septiembre de 2025 de la revista National Geographic, un artículo reflexionaba sobre la posibilidad de vivir en la Luna y, tal y como saben muy bien hacer, los autores iban planteando escenarios, exponiendo datos, investigaciones y entrevistas de una manera muy didáctica y atrayente. En un momento, se planteaba la posibilidad de que en el fondo de un crater hubiera hielo de agua de origen cometario. Esta opción abría la posibilidad de que mediante electrolisis se obtuviera hidrógeno para producir combustible y oxígeno. ¡Casi nada! Cierto es que posteriormente explicaban que esto no era tan sencillo como parecía.
En el contexto terrestre, recientemente, publicamos dos informes sobre el hidrógeno: Perspectivas de desarrollo del comercio internacional de hidrógeno y productos relacionados. Potenciales implicaciones para los puertos y Potencial del puerto de Bilbao en el transporte de hidrógeno.
En el segundo informe, se pretendía ofrecer una panorámica sobre el potencial del puerto de Bilbao como hub logístico portuario de la cadena de valor del hidrógeno (renovable) y contrastar las opciones o portadores más viables para hacerlo.
Para entender el potencial papel del puerto de Bilbao como centro de operaciones o hub logístico de hidrógeno renovable debería responderse a una serie de preguntas, entre ellas: qué demanda y oferta de hidrógeno hay, con qué infraestructura de transporte y almacenamiento se cuenta y si alguna normativa empuja o, por el contrario, paraliza la demanda y oferta o la infraestructura. A estas preguntas se le añaden otras como de qué maneras se puede transportar el hidrógeno, qué mercado tienen estas alternativas, su viabilidad económica, tecnológica, normativa, etc.
A continuación, se recogen algunas de las principales conclusiones del estudio. En primer lugar, existe un reducido volumen de nueva demanda de hidrógeno en el entorno del puerto de Bilbao más allá de la existente actualmente, que procede de la refinería de Petronor y, en menor medida, del sector químico, para la fabricación de fertilizantes, plástico, caucho sintético y productos químicos básicos. La existencia de demanda potencial de H2 renovable y/o portadores en el entorno sería clave para que el puerto de Bilbao pueda posicionarse como un centro logístico en las cadenas de valor del hidrógeno. Además, el puerto está suficientemente conectado o se espera que lo esté vía terrestre o vía tubería (con gasoductos o hidroductos) con potenciales puntos de oferta y demanda de hidrógeno.
Del lado de la oferta, sería clave desbloquear el potencial renovable del puerto. Esto podría ser una manera de crear un living lab de proyectos demostradores de hidrógeno verde o portadores como los combustibles sintéticos, para los que se está construyendo una planta piloto. Teniendo en cuenta tanto la falta de producción renovable en la CAPV como la de capacidad de conexión a las redes eléctricas, un puerto productor de energías renovables, entre otras, podría contribuir a una menor dependencia exterior de electricidad renovable y de la propia red eléctrica para proyectos de hidrógeno o portadores. Para ello, resultaría clave unir esfuerzos de la comunidad portuaria.
La futura conexión por hidroducto con el resto de Europa se postula como una oportunidad para el posicionamiento estratégico del puerto ya que, en su camino hacia el norte de Europa, Bilbao es el último puerto atlántico con conexión directa al proyecto H2med. De esta manera, se lograría atender una demanda más lejana y de mayor volumen, aunque podrían aparecer otras opciones más cercanas y potencialmente factibles. El puerto de Bilbao podría convertirse, además, en escala para repostaje de amoniaco para buques y podría ser interesante su producción para atender la demanda de fertilizantes, en especial de los países del norte, donde son muy necesarios y resulta más cara su producción en la versión verde.
Con el análisis realizado en el estudio, puede decirse que, a pesar de la incertidumbre alrededor del hidrógeno, hay elementos que empujan a no descartarlo, por el momento, como vector energético, debiendo mantenerse una actitud alerta ante posibles cambios. En una primera fase, el despliegue del hidrógeno debería plantearse en términos de cercanía entre los puntos de oferta y demanda. La evolución decreciente del precio del hidrógeno verde resultará clave para lograr la penetración de este vector energético junto con un desarrollo normativo estable ad-hoc.
La estrategia de despliegue de infraestructuras en los puertos debe tener en cuenta sus potenciales fortalezas en relación con las cadenas de valor del hidrógeno verde y los portadores. En este sentido, un elemento a tener en cuenta es qué usos puede tener el hidrógeno verde para orientarse hacia los portadores más idóneos en cada caso. En este sentido y regresando de nuevo a la Luna, he descubierto que uno de los potenciales usos del hidrógeno es la propulsión de naves espaciales.
Si bien de nuevo, presenta inconvenientes (parece que nada es perfecto) como la necesidad de unos grandes depósitos, que la producción se ajuste al calendario de los lanzamientos y que sea preferiblemente líquido, su aplicación para la propulsión tiene como base la eficiencia derivada del calor de combustión, tres veces mayor que la del queroseno (el otro combustible utilizado en lanzadores espaciales). En todo caso, el volumen necesario para una misión sería muy elevado y debería afrontar nuevos retos, de coste y tecnológicos. Pero ¿y si un día regresamos a la Luna con hidrógeno verde enviado desde Bilbao?


Macarena Larrea
Macarena Larrea, investigadora de Orkestra, es Doctora en Promoción y Desarrollo de Empresas por la Universidad del País Vasco. Realizó una tesis sobre la “Internacionalización de los costes externos de la producción eléctrica”.