En noviembre del año pasado, tuve la oportunidad de participar, junto con mi compañera Stephanía, en la I Jornada Internacional de Energía y Género: Hacia una Transición Justa organizada por la Red de Investigación Género y Energía, dirigida por la profesora María Remedios Zamora Roselló.

Durante la misma, tuvimos la ocasión de conocer a otras personas integrantes de la red que realizaron ponencias de gran interés, entre ellas: “El impulso de las comunidades energéticas para la igualdad de género. Oportunidad y desafío”, a cargo de José Zapata Sevilla; “Implicaciones jurídico-públicas de la transición energética en la salud desde la perspectiva de género”, presentada por Belén Andrés Segovia; o “Mujeres contra gigantes: la lucha de las mujeres indígenas para una transición energética justa en América Latina”, a cargo de Simona Fanni. A continuación, comparto tres ideas y una cita que me han hecho reflexionar sobre el papel de las mujeres en la transición energético-medioambiental.

Desde el Convenio Aarhus, de 1998, y su correspondiente ratificación en 2005, en la Unión Europea existe la obligación (Art. 1) de garantizar los derechos de acceso a la información sobre el medio ambiente, la participación del público en la toma de decisiones y el acceso a la justicia en materia medioambiental.

Es más, según las Recomendaciones de Maastricht al Convenio de Aarhus se debe prestar especial atención a identificar determinados grupos; entre ellos, personas que pueden querer participar en los procesos, pero no pueden hacerlo, como las mujeres en algunas sociedades.

Sin embargo, según la intervención de Stephanía, llevamos más de dos décadas en las que esto parece no haberse conseguido. Durante su intervención, señaló que entre las barreras para la aceptación social de proyectos de energías renovables se encuentran la falta de: (i) información sobre los beneficios y costes económicos, medioambientales y sociales, (ii) oportunidades de participación en el proceso de toma de decisiones y (iii) confianza en la entidad desarrolladora.

“Las mujeres no somos un colectivo vulnerable, somos un colectivo discriminado” (Carolina Jiménez Sánchez).

Esta afirmación, con la que probablemente haya personas que no están de acuerdo, a mí me pareció esclarecedora. A menudo se asocia la vulnerabilidad con características intrínsecas, cuando en realidad se trata de una discriminación que responde a estructuras sociales desiguales. En efecto, según la Real Academia Española, la discriminación consiste en dar un trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental, etc.

En el ámbito energético, la discriminación puede analizarse desde diferentes perspectivas: 

1. ¿quién accede a los recursos energéticos? en el Sur Global por ejemplo, las mujeres recorren grandes distancias para obtener recursos energéticos
2. ¿quién decide sobre cuestiones energéticas? Según el Observatorio de Amener, las mujeres representaron, en 2022, el 32,9 % de la plantilla de las empresas del sector de la energía y, apenas, el 28 % de los puestos directivos, y
3. ¿qué se decide y qué es energía útil? dependen de a quién van dirigidas (una empresa o un hogar) y con qué finalidad (mejorar la productividad o cubrir necesidades básicas).

Dependiendo de quién y de cómo se responda a las preguntas anteriores, las decisiones serán diferentes.

Existen retos jurídicos importantes para no dejar a nadie atrás en la transición energética. 

Según diversas expertas, el derecho prescinde, en muchos casos, de los datos. En este sentido, en 2024, el 17,6 % de los hogares mantuvo una temperatura inadecuada en invierno. De acuerdo con el estudio Closing the Gap, la pobreza energética afecta con mayor intensidad a hogares encabezados por mujeres, especialmente monomarentales y pensionistas. En particular, el 33 % de los hogares monomarentales no puede permitirse mantener la temperatura adecuada en la vivienda, por encima del promedio del total de hogares (17 %) y del 15 % de los hogares encabezados por hombres. Esta situación constituye un caldo de cultivo para padecer enfermedades físicas (debido al impacto de vivir en bajas temperaturas o con humedad) y problemas de salud mental (vinculados al temor a sufrir cortes en el suministro de electricidad o gas), lo que puede repercutir en un mayor absentismo laboral, menor bienestar y rendimiento educativo. 

“Hasta que caves un agujero, plantes un árbol, lo riegues y lo hagas sobrevivir, no has hecho nada; sólo estás hablando" 

La autora de esta frase célebre es Wangari Muta Maathai, quien en los años 70 descubrió que el deterioro medioambiental que sufría Kenya, su país, estaba afectando a la vida de las mujeres al impactar en su capacidad de acceder a recursos naturales como el agua, la comida y la energía (a través de la leña que debían recoger). La falta de recursos, que les provocaba un enorme sufrimiento, era consecuencia de la degradación ambiental. Por ello en 1977, creó el movimiento Cinturón Verde de plantación de árboles para proteger a la naturaleza (combatiendo la deforestación y restaurando los ecosistemas), y en paralelo empoderar a las comunidades locales, especialmente a las mujeres. Su proyecto funcionó y en 2004 ganó el Premio Nobel de la Paz.

Como he dicho, estas tres ideas y la cita me han hecho reflexionar sobre el papel de la mujer en la transición energético-medioambiental. En un entorno como el mío, leemos y hablamos y de vez en cuando intentamos algo. Sin embargo, debemos ser como Wangari Muta Maathai y pasar verdaderamente a la acción.

Ahora bien, ¿cómo? Cada una desde nuestro espacio, con nuestra investigación, nuestro apoyo a otras mujeres a que aprendan en unos casos y puedan vivir mejor (recientemente hablaba con una compañera de trabajo con dos hijos y cabeza de familia que no sabía que podía acceder en su situación al bono social de electricidad) o, en otros casos, apoyar el desarrollo de sus carreras profesionales, abriéndoles tantas puertas como podamos (que igual no son demasiadas), pero entre todas podemos, cuando menos, avanzar más firmemente en posicionarnos como figuras relevantes en esta transición.


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Macarena Larrea

Macarena Larrea, investigadora de Orkestra, es Doctora en Promoción y Desarrollo de Empresas por la Universidad del País Vasco. Realizó una tesis sobre la “Internacionalización de los costes externos de la producción eléctrica”.

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