Supongo que será por su ubicación geográfica que la Península Ibérica es una de las regiones europeas con mayor proyección al Atlántico. Además, no podrán negarme que al igual que Italia parece una bota, la Península pareciera tener forma de cara que mira hacia América.

Pues bien, si hasta hace unos años, el enfoque atlántico de las relaciones internacionales europeas parecía quedarse en la relación con Norte América, el enfoque teórico ha ido ampliándose. Y es que no solo la teoría, sino también la práctica muestra que las relaciones norte-sur son más habituales de lo que parece. Además, existe un gran potencial en el sur, tanto en América Latina como en África, y la Península más que otros territorios europeos, ha mantenido, por razones históricas, importantes relaciones con estos territorios.

Como miembros de esta realidad, que ha tenido un gran impacto a nivel mundial desde que Cristóbal Colón descubriera América, no deberíamos permitir que la Cuenca del Pacífico, con países como Japón, China o India, que han cobrado un peso cada vez más relevante a nivel mundial, haga que debamos cambiar la orientación de nuestros mapas, pues correríamos el riesgo de no tener a dónde mirar.

En este sentido, desde la Cátedra de Energía de Orkestra, estamos participando en una red sobre estudios del Atlántico bajo los auspicios de la Comisión Europea. En 2017 trabajamos el tema de la energía en el transporte, sobre el que ya ha escrito mi compañero Jaime Menéndez desde una perspectiva novedosa: la seguridad en el transporte.

Por mi parte, vuelvo con el tema del transporte, pero desde otra perspectiva, quizás menos “novedosa”, pero no por ello menos interesante, la política y regulación del transporte de pasajeros por tierra en la Cuenca Atlántica. Parece un tema arduo y dirigido a un público muy concreto, sin embargo, al profundizar en ello nos damos cuenta de que la problemática es muy variada.

De esta manera, en la UE y en norte América la preocupación actual se encuentra en la reducción del impacto ambiental del transporte y de su consumo energético, así como en la búsqueda y desarrollo de energías alternativas y la electrificación. Todo esto plantea una serie de retos económicos y tecnológicos de gran envergadura, así como retos conductuales considerables. ¿Retos conductuales? Sí, porque el transporte es algo a lo que nos hemos acostumbrado y que tiene un precio económico y medioambiental que habría que tomar en cuenta por ejemplo en el momento de la adquisición de un vehículo, así como en el momento de su utilización.

Sin embargo, en América Latina, por ejemplo, se observa que el problema es muy diferente. La falta de infraestructuras y de una planificación del transporte son evidentes. En África, donde la mayor parte de la flota de vehículos está constituida por vehículos de segunda mano (procedentes fundamentalmente del hemisferio norte), la manipulación de combustibles es una realidad y donde 650 millones de personas no tienen acceso a la electricidad, el planteamiento se asevera bastante diferente.

Por pertenecer a esta realidad Atlántica y con el fin de evitar que la orientación del mapa cambie, se hace necesario un compromiso con estas situaciones y asumir la responsabilidad que nos corresponde a los territorios del norte para acercar los objetivos y aunarlos.

Las naciones del Atlántico son líderes en la política de energía y clima (emisiones, energías renovables, etc.). Por ello, deberían de poner sobre la mesa su saber hacer para promover el desarrollo de un transporte sostenible en todos los sentidos en el Atlántico y por qué no a nivel mundial. Esto no debe verse como una amenaza, a pesar de que afecte a países cuyas economías dependen en gran medida del crudo, sino como una oportunidad. En efecto, nuevos tipos de minería (minerales para las baterías, por ejemplo), el desarrollo de componentes, cimientos, etc. surgen junto con nuevos modelos de negocio.

El compromiso norte y sur, permitiría fortalecer el liderazgo atlántico en el ámbito de las energías renovables y la lucha contra el cambio climático y la contaminación, a la vez que permitiría lograr un modelo de transporte más sostenible a nivel global.


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Macarena Larrea

Macarena es Doctora en Promoción y Desarrollo de Empresas por la Universidad del País Vasco. Realizó una tesis sobre la “Internacionalización de los costes externos de la producción eléctrica”.

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