La creciente adopción de modalidades de trabajo flexible, con adaptación de horarios y cargas laborales, podría sugerir que el modelo del “trabajador ideal”, tradicionalmente asociado a largas jornadas y disponibilidad constante, está cambiando. Sin embargo, en la práctica, muchas instituciones siguen organizándose en torno a la disponibilidad permanente y a trayectorias profesionales lineales, un modelo que no se ajusta a las realidades de una parte importante de la plantilla, especialmente a las de las mujeres.
En el ámbito universitario, la maternidad, las responsabilidades de cuidado o los procesos vinculados al ciclo menstrual y a la salud reproductiva introducen ritmos de trabajo y productividad no lineales. A pesar de ello, los sistemas de evaluación académica continúan basándose en la idea de un cuerpo neutro, estable y siempre disponible. El mérito se mide principalmente mediante indicadores cuantitativos, publicaciones, citas o captación de proyectos, que condicionan las oportunidades, la visibilidad y la progresión profesional.
La evidencia muestra que estas métricas no son neutrales. En nuestro entorno más inmediato, el Plan de Igualdad de Orkestra identifica una menor visibilidad y participación de las mujeres en actividades clave para la carrera académica, como publicaciones y conferencias, un patrón que también se observa en otros contextos.
Uno de los mecanismos que contribuye a esta desigualdad es el peso otorgado a la productividad temprana y continua, que penaliza las interrupciones asociadas a la maternidad y a los cuidados. Muchas investigadoras experimentan un descenso temporal en su producción científica tras el nacimiento de sus hijos e hijas y una recuperación posterior, pero la prioridad concedida a los logros iniciales reduce sus probabilidades de promoción y estabilidad (Kim & Moeser, 2025).
Este patrón, conocido como efecto maternidad y ampliamente documentado en el mercado laboral, también se refleja en el ámbito de la economía, una de las principales áreas de conocimiento de Orkestra. El análisis de Alaitz Ayarza y Nagore Iriberri (EHU), basado en las trayectorias de quienes han publicado en 36 revistas de alto impacto en economía, muestra que, aunque la presencia de mujeres ha aumentado en las cohortes recientes, persisten brechas en la producción a lo largo de la carrera, vinculadas en gran medida a trayectorias más cortas y a mayores dificultades de permanencia.
Sin embargo, estos resultados apuntan a un problema más amplio que va más allá de la maternidad. Las responsabilidades de cuidado, que incluyen no solo la crianza, sino también la atención a personas mayores o dependientes y la gestión del trabajo doméstico, actúan como factores estructurales de desigualdad en las trayectorias académicas de las mujeres. Este“segundo turno” reduce tanto el tiempo disponible como la energía mental necesaria para sostener una actividad investigadora competitiva, afectando de forma persistente a la continuidad de las carreras académicas.
A esta carga se suma la propia organización del trabajo universitario. Los sistemas de evaluación priorizan la producción investigadora cuantificable frente a otras tareas esenciales para el funcionamiento institucional. Con mayor frecuencia, las académicas asumen el llamado “trabajo doméstico universitario” como la docencia intensiva, tareas administrativas, tutorías, acompañamiento al alumnado o construcción de comunidad, labores imprescindibles, pero escasamente reconocidas en los procesos de acreditación y promoción. Como señalan nuestras compañeras Miren Estensoro y Edurne Magro contribuye a sostener una “falsa meritocracia”. Asimismo, otra investigadora de nuestra universidad, Lorea Romero Gutiérrez, enfatiza el impacto de desempeñar estos trabajos, intensivos en tiempo y energía, pero que no se cuentan en los indicadores, en los cuerpos, en el bienestar y en las trayectorias profesionales de las mujeres en la academia.
Otro ámbito habitualmente invisibilizado es el impacto de los síntomas y trastornos asociados al ciclo menstrual. El estigma y el temor a ser percibidas como menos profesionales, junto con la insuficiencia de infraestructuras y políticas institucionales que permitan gestionar el dolor o la fluctuación funcional, limitan el reconocimiento de esta realidad. Incluso en contextos donde existen marcos legales de baja menstrual, su uso sigue siendo marginal (por ejemplo, en España, el sistema sigue estando infrautilizado donde menos del 5 % de las posibles beneficiarias lo usa), los trastornos premenstruales, la dismenorrea o el flujo menstrual severo no solo reducen la concentración y la eficiencia, sino que generan dinámicas de presentismo, en las que las mujeres permanecen en su puesto pese a rendir por debajo de su capacidad, lo que produce una pérdida de productividad invisible y acumulativa (Schoep et al., 2019).
Cuando estos factores operan en un sistema que sigue asumiendo trayectorias continuas y sin interrupciones, las pausas o fluctuaciones se interpretan como falta de compromiso individual y no como resultado de condiciones socialmente producidas. Este desajuste contribuye a la conocida leaky pipeline académica, es decir, a la pérdida progresiva de mujeres a lo largo de la carrera académica.
A través de estas líneas queremos contribuir a cuestionar la aparente neutralidad de los sistemas de evaluación científica y a abrir una reflexión sobre el modelo de carrera académica que estos promueven. Por tanto, aspiramos a:
- Contribuir a la construcción de discursos sobre lo que supone dedicarse a la academia que reconozcan nuestras emociones, nuestros deseos y nuestros cuerpos.
- Reivindicar que la persistencia de un modelo institucional que presupone un cuerpo neutro, estable y siempre disponible entra en conflicto con las realidades de las mujeres, obligándolas a compensar dichas exigencias mediante el sobreesfuerzo.
- Avanzar hacia sistemas más afines a la naturaleza de la actividad académica que entendemos como creativa, relacional y profundamente dependiente de los ritmos de la vida.

Ibone Eguia
Ibone es graduada en economía por la Universidad del País Vasco. Trabaja como Investigadora Predoctoral en Orkestra en proyectos relacionados con el Análisis de la Competitividad del Tejido Cultural Vasco.

Claudia Icaran
Claudia trabaja investigadora predoctoral en Orkestra, es graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Deusto y ha completado sus estudios con un Máster en Gobernanza, Desarrollo y Políticas Públicas en la Universidad de Sussex.

Stephanía Mosquera López
Stephanía Mosquera López es investigadora del Lab de Energía y Medioambiente de Orkestra desde noviembre de 2022. Es economista, magister en Economía Aplicada y Doctora en Ingeniería (Énfasis en Ingeniería Industrial) de la Universidad del Valle, Colombia.
Su investigación se centra en los mercados de energía, especialmente en la modelación de los precios de la electricidad y el gas natural, medición y gestión de riesgos en los mercados y el impacto de variables climáticas.