Existe cada vez una mayor tendencia a relacionar el fenómeno de la digitalización con un sector concreto de la sociedad como son las mujeres. Entre muchos y diversos contenidos, los hay que tratan sobre la escasa participación de las mujeres en el mundo digital, la falta de referentes femeninos en el ámbito tecnológico o el reto de atraerlas hacia las TIC. Parte de las causas de esta realidad se encuentra en algunos de los ya conocidos efectos que la digitalización está produciendo en el ámbito económico, social, cultural o educativo. La aparición de innovaciones tecnológicas de tal magnitud y a tal velocidad provoca cambios que generan oportunidades, pero también barreras. Así, algunos colectivos pueden verse desfavorecidos, ya sea por el surgimiento de nuevos obstáculos como consecuencia de esos cambios o porque éstos ahonden otros ya existentes.

Desde el Lab de Economía Digital de Orkestra hemos querido adentrarnos en esta materia, partiendo de un diagnóstico de situación para el caso de las mujeres en Euskadi. En base a este planteamiento, nos hemos remontado a unos pocos años atrás cuando, ante una situación similar, nos encontramos frente al reto de estudiar la digitalización en nuestro territorio. Entonces, recurrimos al marco planteado por la Comisión Europea como parte de su Agenda Digital, lo que nos condujo a elaborar el índice DESI (Digital Economy and Society Index) para Euskadi. De manera análoga, en esta ocasión hemos recurrido a otro índice europeo; WiD (Women in Digital).

Este índice, que es parte integral del DESI, nace de un objetivo concreto de la Comisión Europea: incentivar a las mujeres a desempeñar un papel más activo en lo digital. Según afirma este organismo, una mayor participación de las mujeres en el sector tecnológico daría impulso a la economía y alentaría su plena integración en la sociedad.

Cabe señalar la primera posición del indicador que mide el nivel de mujeres graduadas en el ámbito STEM. 

Pero sin ir tan lejos, WiD es un índice a través del cual es posible medir y monitorizar la participación de la mujer en la economía y sociedad digitales. Al igual que con el DESI, a partir del índice WiD se obtiene un diagnóstico del desempeño de los países de la Unión Europea que permite su comparación y establece una clasificación o “ranking”. Se compone de trece indicadores agrupados en tres dimensiones: uso de Internet, competencias de usuaria de Internet y competencias especializadas y empleo.

¿Qué nos ha revelado el WiD sobre la digitalización de las mujeres en Euskadi?
Partiendo del resultado final, el índice WiD de 2019 sitúa a Euskadi en la octava posición y más de seis puntos por encima de la media de la UE-28.

En el uso de Internet que hacen las mujeres, Euskadi alcanza la octava posición, sustentada en unos resultados por encima de la media europea en más de la mitad de sus indicadores e incluso con posiciones de cabeza en dos de ellos, relacionados con la formación y la participación en temas cívicos o políticos de manera online. En el otro extremo, el uso de banca electrónica o de las redes sociales profesionales es escaso.

Con relación a las competencias con las que cuentan las mujeres para realizar tal uso de Internet (en información, comunicación, resolución de problemas o “software” para la creación de contenidos), el decimoctavo puesto de Euskadi es consecuencia de unos resultados mejorables en los niveles más avanzados de competencias digitales básicas, pero sobre todo en los de competencias específicas de “software”. En este último indicador Euskadi se sitúa a la cola del conjunto de países de la UE-28, en clara desventaja.

La asequibilidad, la educación o la falta de conocimientos tecnológicos explican en gran parte la brecha digital de género, como señala el informe de la OCDE

Por último, los resultados son algo más favorables en cuanto a las competencias especializadas y el empleo, donde Euskadi ocupa la séptima posición, con valores más altos que los de la media de la UE-28. El grado de mujeres especialistas en TIC en el mercado laboral es correcto, pero sobre todo cabe señalar la primera posición del indicador que mide el nivel de mujeres graduadas en el ámbito STEM. Por su parte, la brecha salarial entre hombres y mujeres presenta una posición más atrasada.

A la vista de estos datos se puede afirmar que la participación de las mujeres en la economía digital de Euskadi resulta desigual entre las tres dimensiones del índice: se fundamenta principalmente en un nivel correcto de competencias avanzadas y en un uso medio de servicios de Internet, mientras que adolece de competencias básicas, claramente mejorables. Armonizar estos tres pilares permitiría una participación femenina más equilibrada entre las distintas esferas de la transición digital.

Además de poder conocer el desempeño digital, otro punto positivo de contar con este tipo de índices de medición es que permite la comparabilidad temporal y de esta manera, su monitorización. Así, el cálculo del WiD en 2018 y 2019 conduce a constatar que el avance en la participación de las mujeres en la economía y sociedad digitales es modesto; en el último año, tanto en el índice WiD como en sus tres dimensiones, los incrementos en relación con 2018 son ligeros, sin producirse prácticamente avances en la posición que Euskadi ocupa en relación con los países de la UE-28.

Desde un análisis comparado de género, es posible determinar la brecha digital que existe entre hombres y mujeres. En el caso de la Euskadi, se observa que, estando presente en todas las dimensiones, es especialmente acentuada en lo que respecta a los ámbitos educacional (23 por cada 1000 mujeres graduadas en STEM frente a 56 por cada 1000 hombres) y laboral (1,3% de mujeres especialistas en TIC frente a 3,5% de hombres), recogidos en la tercera dimensión.

El análisis conjunto de ambos índices (DESI y WiD) en el año 2019 pone de manifiesto que, aunque la digitalización de la economía y sociedad vascas avanza favorablemente, la participación de las mujeres en el ámbito digital está ligeramente por debajo de la del conjunto de la sociedad. Una mayor integración de la perspectiva femenina en la digitalización contribuiría a mejorar su implicación, ayudando a reducir los impedimentos a los que se enfrentan las mujeres a la hora de incorporarse al entorno digital.

Los obstáculos para el acceso, la asequibilidad, la educación o la falta de conocimientos tecnológicos explican en gran parte la brecha digital de género, como señala el informe de la OCDE Brigding the digital gender divide (2018). Estos pueden tener una relación o ser una consecuencia más directa de la digitalización, como se señalaba al inicio, en el sentido de que se trata de barreras que surgen a la vez que surge la propia digitalización. Pero también existen otras causas más intrínsecas, como son las normas socioculturales, los estereotipos u otro tipo de sesgos estructurales.

Más allá del resultado que refleja la mayor o menor representatividad de las mujeres en lo digital en un determinado momento, la verdadera utilidad de instrumentos como el índice WiD reside en el traslado de las conclusiones que de él se desprenden al diseño y adopción de políticas. Tan necesario es contar con indicadores como identificar prioridades y definir líneas de acción. Es por tanto aconsejable seguir trabajando en recabar datos desagregados por género y profundizar en aspectos como el grado de competencias digitales, el emprendimiento femenino en las TIC o el propio acceso y uso de Internet, a modo de ejemplos. Pero el verdadero impacto se logrará con intervenciones desde el ámbito político que se plasmen en el empoderamiento firme y consolidado de las mujeres para un proceso de transformación digital más inclusivo.


Carla Peletier

Carla Peletier

Carla es licenciada en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Tras cursar el último año de licenciatura en la Universidad Dauphine en París, obtuvo una doble titulación en Economía Aplicada por esta universidad. También es titulada en Máster de Relaciones Internacionales y Comercio Exterior por ALITER Escuela Internacional de Negocios.

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