En anteriores posts de este blog se ha considerado a las ciudades como espacios determinantes para el fomento de la competitividad regional. Al adoptar tal enfoque, las ciudades aparecen como un actor fundamental en procesos tan transcendentales como el impulso a la innovación o la transición energética. A la hora de reflexionar sobre el rol de las ciudades en otra de las transiciones en curso, la digital, surge el concepto de las “smart cities” o ciudades inteligentes.

Existe una diversidad de definiciones en cuanto a lo que se entiende por una “smart city”. Su concepción ha ido evolucionando en las dos últimas décadas, desde una aproximación inicial referida a las habilidades de una ciudad en diferentes aspectos (industria, educación, participación, infraestructuras…), hasta una percepción más holística (la ciudad como un sistema complejo). En su creciente protagonismo han jugado un papel muy importante empresas como IBM, CISCO o Intel, que han incorporado este concepto en sus estrategias y soluciones. Con mayores o menores aciertos, estos líderes globales han visto en las ciudades los futuros mercados para sus innovaciones de producto. Hoy en día, es habitual encontrar este concepto vinculado a las políticas y planes de acción de las ciudades.

Destacamos dos definiciones de la smart city provenientes de organismos internacionales:

  • “Un lugar donde las redes y servicios tradicionales se hacen más eficientes con el uso de soluciones digitales en beneficio de sus habitantes y empresas” (Comisión Europea, 2014).
  • “Iniciativas o enfoques que aprovechan la digitalización de forma eficiente para impulsar el bienestar de los ciudadanos y ofrecer resultados más eficientes, sostenibles y servicios y entornos urbanos inclusivos como parte de un proceso colaborativo de múltiples partes interesadas” (OCDE, 2018a).

De estas definiciones se desprende la idea de que existen dos elementos centrales en torno a la consideración de una ciudad como “inteligente”: lo digital (el medio) y la ciudadanía (el fin). Esto sitúa a la smart city como la “interfaz entre las dimensiones social y tecnológica” (OCDE, 2018a). La sostenibilidad supone otro elemento indispensable para convertirse en una ciudad inteligente.

La idea de lo tecnológico como medio para lograr una ciudad más inteligente (al servicio de su ciudadanía), supone que las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), principalmente, permiten mejorar la eficiencia de servicios e infraestructuras. A modo de ejemplo en este sentido, un estudio de McKinsey (2018) ha analizado el impacto de una serie de aplicaciones en la calidad de vida de sus habitantes. Los principales resultados demostraron que algunas dimensiones del bienestar lograban mejorar entre un 10 y un 30% gracias al uso de las aplicaciones y, además, se daban casos en los que el impacto positivo tenía lugar en más de una de las áreas contempladas. Entre las dimensiones examinadas se constataba que, mientras que los mayores impactos se producían en el ahorro de tiempo, la seguridad y la salud, en el empleo o el coste de la vida el impacto era más limitado.

Smart Cities Mckinsey 

Fuente: “Smart Cities: Digital solutions for a more livable future” (McKinsey Global Institute, June 2018) 

En lo que respecta a tecnologías concretas, un estudio de la OCDE (2019) consideraba a la impresión 3D, el Internet de las Cosas, los análisis de big data, la Inteligencia Artificial, las relacionadas con el almacenamiento de energía, la denominada tecnología cívica (como, por ejemplo, las plataformas de datos abiertos), los vehículos aéreos no tripulados (drones) o el Blockchain, como las tecnologías emergentes con mayor potencial de cara a la generación de avances en el desarrollo urbano.

Según tal estudio, este conjunto de elementos, englobados bajo la denominación de “innovación digital”, tienen implicaciones en la estrategia política de las ciudades. Destaca así una serie de oportunidades:

  • Mejorar la integración y prestación de servicios públicos
  • Mejorar la sostenibilidad y la resiliencia medioambiental
  • Reducir las barreras de entrada para emprendedores y pequeñas empresas (gracias a menores costes de acceso)
  • Mejorar la gobernanza de la ciudad y la capacidad de innovación
  • Interactuar mejor con los ciudadanos
  • Mejorar la información y la gestión turística

Sin embargo, y como sucede siempre que se enumeran las ventajas de la digitalización, el estudio considera también los retos que plantea este fenómeno para las ciudades (muy similares sea cual sea el enfoque que se adopte, ya se trate de un nivel local o de otro más global):

  • Datos: no tanto la falta de ellos sino más bien las capacidades o conocimientos para transformarlos en “información útil” y que pueda compartirse entre distintas áreas o instituciones. En ocasiones, las limitaciones también tienen que ver con pasos previos como la recolecta o el almacenamiento de los datos.
  • Gobernanza: la ciudad inteligente considera a la ciudadanía como el beneficiario final, pero los agentes involucrados en los procesos de gobernanza de la ciudad van más allá de este colectivo. Aspectos como la inclusión, la participación, la transparencia, implican la creación de nuevas prácticas en los procesos de toma de decisiones y en las interacciones entre todas las partes, con un marcado acento en la colaboración.
  • Capacidad y competencias: relacionado con el primer punto, la implementación de soluciones digitales requiere de capacidades, tanto a nivel de capital humano como de infraestructuras. Es necesario conocer las características de una ciudad en estos ámbitos ya que una misma solución (una determinada tecnología) puede tener efectos muy dispares en función de la especialización sectorial, la localización geográfica, la conectividad, etc.
  • Marco regulatorio: las tecnologías generan nuevos modelos de negocio que, en ocasiones, quedan al margen de la regulación actual, lo que puede generar situaciones discriminatorias frente a los modelos de negocio más tradicionales.
  • Financiación: el desarrollo o a la incorporación de tecnología en una ciudad, bajo cualquiera de sus formas (investigación, formación, implementación…), pueden verse limitados por los recursos financieros disponibles por parte de sus entidades locales.

El protagonismo de las ciudades en las próximas fases de la digitalización europea queda reflejado en el marco de la transformación digital en Europa. La Comisión menciona a las smart cities en su listado de “tecnologías con un alto potencial de impacto social y económico”. Resalta la llamada al empoderamiento de las ciudades europeas a partir del uso de la tecnología digital como parte de la estrategia de transformación digital.

Con todo ello, la relación entre “ciudades” y “transformación digital” adquiere cada vez mayor relevancia. Tal y como existe la transición digital global, cabe hablar de la transición hacia la ciudad inteligente, que podría considerarse una “subtransición” digital derivada de la primera. Por ello, resulta necesario reimaginar el papel de la ciudad y su posicionamiento. Las instituciones públicas han de continuar con los esfuerzos de alineamiento de sus proyectos hacia una misma dirección, en concordancia con el modelo de gestión de la ciudad.

 El proceso de transición hacia la ciudad inteligente cuenta con un fin social (la mejora de la calidad de vida de su ciudadanía), lo que no resulta tan evidente cuando se analiza la digitalización a nivel global (“brecha digital” o “pobreza digital”, por ejemplo, son expresiones que ponen de manifiesto impactos sociales negativos). No obstante, las ciudades no quedan al margen de este tipo de retos sociales (relacionados con la gobernanza, las competencias o la regulación, mencionados anteriormente), lo que puede limitar o diluir ese objetivo final de mejora del bienestar. Por tanto, la intencionalidad marcadamente social de la transición hacia la ciudad inteligente cobra incluso más relevancia que en el caso de otras transiciones digitales, cuya intención a nivel social es menos relevante. Está en nuestra mano, como ciudadanos, demandar que el proceso de transición hacia la ciudad inteligente vaya acompañado de compromisos de mayor equidad.


Carla Peletier

Carla Peletier

Carla Peletier, facilitadora de investigación de Orkestra, es licenciada en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Tras cursar el último año de licenciatura en la Universidad Dauphine en París, obtuvo una doble titulación en Economía Aplicada por esta universidad. También es titulada en Máster de Relaciones Internacionales y Comercio Exterior por ALITER Escuela Internacional de Negocios.

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