Hace algunos meses tuve la oportunidad de participar en unas sesiones de trabajo organizadas por Digital Future Society (DFS) sobre el Reglamento europeo Platform to Business (P2B). Las acciones y recomendaciones que derivaron de estas sesiones quedaron recogidas en el informe que este organismo ha publicado recientemente "Regulación de las relaciones entre plataformas y empresas: Cómo maximizar las oportunidades que ofrece el Reglamento P2B a las pymes y las plataformas en España y otros países."

El Reglamento P2B entró en vigor en julio de 2019 y establece una serie de reglas que pretenden regular las relaciones entre plataformas en línea y empresas. Más concretamente y tal y como lo define la propia Comisión Europea, se trata del “primer conjunto de normas para crear un entorno empresarial justo, transparente y predecible para las pequeñas empresas y los vendedores de las plataformas en línea.”

En la actualidad, el rol de las plataformas en el comercio electrónico resulta determinante. Entre los datos que proporciona el informe de DFS, cabe destacar el hecho de que un millón de empresas europeas se sirve de las plataformas para llegar a sus clientes y el 82% de ellas depende de motores de búsqueda para promover sus bienes y servicios. Además, los tres principales minoristas europeos que operan en internet son comerciantes externos en Amazon, el propio Amazon y comerciantes externos en eBay. Estas conocidas plataformas cuentan con cuotas hasta tres veces superiores a las del siguiente competidor.

La principal explicación de tal éxito radica en que las plataformas ofrecen oportunidades incomparables al ejercer de puertas de acceso a nuevos mercados -como pueden ser los transfronterizos-, siendo así cruciales para el negocio de muchas empresas. Esta relevancia de las plataformas a la hora de conectar empresas y potenciales clientes de todo el mundo resulta especialmente interesante para las pymes. En el estudio recientemente publicado por Orkestra sobre la Economía y Sociedad Digitales del País Vasco, referente al índice DESI 2020 (Digital Economy and Society Index), se apunta que el porcentaje de pymes que realizan comercio online en este territorio es del 12% -porcentaje que se reduce a la mitad si se consideran exclusivamente las ventas con destino al extranjero-, lo que se traduce en un volumen de negocio de este tipo de ventas del 5,6% sobre el total. En estos tres indicadores, los resultados para Euskadi quedan un tanto alejados de los de España o el conjunto de la UE, que son superiores. En un contexto como el actual, en el que la pandemia ha provocado un incremento repentino del comercio digital, el uso de plataformas por parte de las pymes puede suponer tanto un impulso adicional respecto a su posicionamiento en ese tipo de mercados, como un elemento fundamental para el mantenimiento de la actividad en el propio mercado interno.

No obstante, tal como señala el informe de DFS, frente a tales ventajas de la colaboración entre plataformas y empresas pueden derivarse ciertos riesgos no despreciables para estas últimas. En efecto, la relación que se establece no siempre se caracteriza por ser equilibrada, dando lugar a situaciones de abuso de poder, especialmente por parte de las grandes plataformas hacia las pymes. Del análisis de estas relaciones que realizó la Comisión en 2017, concluyó la detección de “prácticas comerciales potencialmente “desleales”, que abarcan desde conductas injustas en cuanto a la imposición de términos y condiciones, la inserción de cláusulas de “paridad” o la promoción de sus propios servicios, hasta denegar o modificar las condiciones de acceso, todo ello bajo el amparo de una evidente falta de transparencia”.

El Reglamento (EU) 2019/1150, enmarcado dentro de la Estrategia para el Mercado Único Digital de Europa, trata de atajar esta problemática. Así, su objetivo es promover la equidad y la transparencia por parte de los servicios de intermediación en línea hacia sus usuarios comerciales. Uno de los elementos centrales es el relativo a los parámetros de clasificación, ya que afecta a los motores de búsqueda. El puesto ocupado en el ranking, fundamental en la visibilidad frente a competidores y por tanto crucial para destacar en comparación con el resto, viene determinado por parámetros algorítmicos. El Reglamento P2B requiere que las plataformas incluyan una descripción en sus términos y condiciones de los principales parámetros que establecen la prominencia en la que aparecen los bienes y servicios de sus usuarios. Además de estos requisitos de transparencia en la clasificación, las plataformas deben poner a disposición de las empresas sus políticas de acceso y administración de datos confidenciales.

Por otro lado, las empresas cuentan con nuevas opciones disponibles para la resolución de conflictos que puedan surgir en sus relaciones comerciales con estos intermediarios, como, por ejemplo, mecanismos de reclamación internos (de obligatoriedad únicamente para las grandes plataformas). Asimismo, se establece la figura del mediador externo, de cara a facilitar acuerdos extrajudiciales.

Sin embargo, no todo han sido opiniones favorables al Reglamento P2B. Entre las limitaciones que apunta el informe de DFS estarían, por un lado, las manifestadas por las pymes, y es que la exigencia de más transparencia no es suficiente para mitigar de manera efectiva la posición dominante de las plataformas. Entre otras razones, afirman que los elementos disuasorios a la hora de pedir explicaciones a las plataformas siguen presentes (falta de recursos, de conocimientos específicos, posibles represalias de las plataformas…). A su vez, las plataformas se han mostrado reticentes a esa reclamación de transparencia, defendiendo que conlleva el riesgo de revelar detalles sobre el funcionamiento de sus algoritmos, que son, en gran medida, su ventaja competitiva.

En línea con lo afirmado en el informe, la conclusión de todo ello es que, aun con retos por delante, cabe considerar al Reglamento P2B como un primer paso que ofrece oportunidades y que se irá reforzando con futuras normativas, como la Ley de Servicios Digitales y la Ley de Mercados Digitales, propuestas en diciembre de 2020.

Pero el mundo de las plataformas no nos tiene que llevar a pensar solo en Amazon, Google, etc. En este punto me gustaría cambiar el enfoque y hacer una breve mención a las plataformas locales, especialmente aquellas impulsadas desde el sector público o con la colaboración público-privada. Y es que, aunque en magnitudes la escala no es en nada equiparable, cuentan con otro tipo de ventajas y su impacto sobre el tejido local puede ser mucho más directo e inmediato. Las plataformas, al ser aplicadas en el ámbito local (barrios, distritos, pueblos y ciudades), cambian radicalmente su concepción para dar lugar a modelos alternativos con un marcado componente social. Mediante esta fórmula, que aúna lo local y lo digital, las plataformas, más cercanas, se sitúan al servicio de los usuarios -tanto comerciantes como consumidores finales, cuyos intereses no se perciben como contrapuestos-.

En Euskadi encontramos ejemplos como “DendaGo!”, una plataforma de venta de productos y servicios a través de internet para los comercios, artesanos y productores del País Vasco. Este proyecto surgió en 2018 bajo el impulso de la asociación Euskal Dendak y con la financiación del Gobierno Vasco y contó con la participación de cincuenta comercios que, hoy en día, llegan casi a los cien. Otras iniciativas relevantes son la plataforma “Eup”, bajo el amparo de la Diputación y BBK, destinada a fomentar el comercio local de Bizkaia y “Donostia Market Plaza”, en este caso de carácter temporal con el propósito de ayudar a comercios y locales hosteleros de la ciudad, especialmente afectados por la pandemia.

Con todo ello, tengamos presente que la complejidad del mundo digital, causada por su transversalidad, su constante dinamismo, la magnitud y cantidad de sus componentes o, como hemos visto, el peso y la influencia de algunos de los grupos de actores que lo lideran, no implica que las ideas digitales innovadoras tengan que pensarse a gran escala. En ocasiones, lo digital puede contribuir a la competitividad y el bienestar de un territorio gracias a pequeñas iniciativas cuya clave precisamente está en darles un enfoque local.


Carla Peletier

Carla Peletier

Carla Peletier, facilitadora de investigación de Orkestra, es licenciada en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Tras cursar el último año de licenciatura en la Universidad Dauphine en París, obtuvo una doble titulación en Economía Aplicada por esta universidad. También es titulada en Máster de Relaciones Internacionales y Comercio Exterior por ALITER Escuela Internacional de Negocios.

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