En el Pilgrim Memorial State Park de Plymouth (Massachusetts, EE. UU), a poca distancia de donde se produjo el desembarco del Mayflower, hay una hermosa estatua dedicada a las primeras mujeres “peregrinas” que habitaron el país. Dicha estatua representa simplemente a una mujer ataviada con la vestimenta típica de esta población, que decidió emigrar de Europa en busca de un mejor futuro en el s. XVII. Lo que no sabían era que las condiciones climatológicas con que se iban a encontrar no resultarían nada sencillas, y no solo por los largos y duros inviernos, sino también por los calurosos veranos que afrontarían.

Las raras veces que he tenido la ocasión de ver esa estatua, enfundada yo en un buen chaquetón con guantes, bufanda y un gorro, siempre he tratado de imaginarme la capacidad de esas personas que, con ropas posiblemente de lana, prepararon el terreno para que tiempo después esa tierra se convirtiera en un lugar de oportunidades y bienestar. Vivían en cabañas de madera, que con gran probabilidad no contarían con buenos aislamientos ni de tejado ni de fachada, tampoco tendría unas buenas ventanas, ni siquiera una buena iluminación. El sistema de calefacción se basaría en la biomasa, con los problemas de salud que podría plantear y no dispondrían de sistemas de agua caliente sanitaria, por no decir, que no tendrían siquiera suministro de agua corriente en aquel entonces. Es decir, se trataba de una población que con seguridad sufría serios problemas de pobreza energética.

Obviamente, esa pobreza energética podría asemejarse más a la de los actuales países en vías de desarrollo, donde hay una falta de infraestructura energética de generación, de redes de transporte y distribución, etc. y, por ello, la población emplea la biomasa (en su sentido más tradicional de leña) como principal fuente de energía.

La pobreza energética afecta a países de la OCDE. Una tipo de pobreza que tiende a estar oculta bajo la pobreza en su sentido más general. 

Pero sin ir tan lejos, la pobreza energética, como ya señalé en un post anterior también afecta a países de la OCDE. El viernes 17 de enero amanecía con el titular de que la pobreza energética ha vuelto a aumentar en España. No obstante, en dos tercios de los Estados miembros de la UE hasta hace poco no existía una definición de pobreza energética y no la reconocían en su territorio, ya que, en gran medida, y como comenté en una reciente entrevista al periódico Berria, la pobreza energética tiende a estar oculta bajo la pobreza en su sentido más general.

Así, en estos casos, la pobreza energética se debe no a la falta de infraestructura, sino a la escasez de recursos económicos suficientes en los hogares para cubrir las necesidades más básicas de energía como calentar, iluminar, cocinar y usar otros electrodomésticos, lo que incluye todas las fuentes energéticas.

En un escenario como el actual, en el que nos encontramos en un proceso de transición energética, no creo que se pueda a transitar hacia un modelo energético más sostenible sin tener en cuenta a estos colectivos. De hecho, los procesos de transición energética que hemos analizado (Alemania, Francia, Chile y Reino Unido), están contemplando una transición hacia una economía baja en emisiones, pero a la vez teniendo en cuenta a las personas. Es decir, en todos estos casos se buscan procesos de transición ecológica justa.

En un proceso de transición energética no se puede transitar hacia un modelo energético más sostenible sin tener en cuenta a estos colectivos.  

Sin embargo, la experiencia muestra que, en ocasiones, existen medidas para ayudarles, pero que, como en Francia, la información no fluye y la ayuda no acaba llegando a sus destinatarios. Por ello, el proceso debería ser más proactivo en la búsqueda e identificación de esos colectivos más desfavorecidos, para evitar un mayor impacto negativo sobre ellos tal y como se hace en Reino Unido.

Por otro lado, y retomando el tema de las precarias viviendas de los primeros colonos del norte de América, es una evidencia que, como ellos, los hogares en condiciones más desfavorecidas actuales ocupan viviendas menos eficientes en términos energéticos. Por ello, la eficiencia energética no solo es importante, es fundamental para poder disminuir así el gasto en energía, en general y para los hogares en pobreza energética en particular (en junio de 2015 el Gobierno escocés anunció su intención de hacer de la eficiencia energética una prioridad de infraestructura nacional). Además, una mejora de la eficiencia energética permitirá reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Así, podemos ofrecer cheques de energía como en Francia para pagar la factura que, si no se dispone de medios/alternativas para reducir el consumo, la pobreza energética no desaparecerá.

Antes de finalizar quería señalar un descubrimiento adicional sobre la pobreza energética que realizamos en el estudio de la fiscalidad sobre el carbono en Francia, y es que si bien, tradicionalmente se ha concebido la pobreza energética en términos de confort y de edificios, también tiene una vertiente en el transporte.

Por ello, no es casualidad que el movimiento de los chalecos amarillos (gilets jaunes) surgiera en zonas rurales, con un parque de viviendas menos eficientes pero baratas, con población con menores niveles de ingresos y escasez de transporte público. En efecto, hay ocasiones, que la ubicación hace inevitable la necesidad de tener un vehículo propio para poder acceder por ejemplo al puesto de trabajo. En este caso, se plantea de nuevo, la necesidad de tener una alternativa para no agravar la situación de pobreza en la que probablemente se encuentra el sujeto pasivo de un impuesto medioambiental, por ejemplo.

Se plantea de nuevo la necesidad de tener una alternativa para no agravar la situación de pobreza en la que probablemente se encuentra el sujeto pasivo de un impuesto medioambiental.

A diferencia de aquellos primeros “pilgrims” que desembarcaron en esas latitudes del nuevo mundo hace ahora 400 años, nosotros disponemos de los medios y del conocimiento necesarios para evitar la pobreza energética, así que, de nuevo, y como ya hiciera hace más de un año en este mismo escenario, solo me queda desear, en este inicio de año, un futuro donde la pobreza energética no exista y donde la protección del medio ambiente sea una realidad.


macarena larrea

Macarena Larrea

Macarena es Doctora en Promoción y Desarrollo de Empresas por la Universidad del País Vasco. Realizó una tesis sobre la “Internacionalización de los costes externos de la producción eléctrica”.

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