Si realizáramos un análisis de las noticias que leemos en los periódicos o inundan los telediarios y las redes sociales, veríamos cómo muchas de ellas están ligadas a retos sociales y/u objetivos de desarrollo sostenible. Un ejemplo claro es el impacto mediático que ha tenido Greta Thunberg con su intervención en la Cumbre sobre Acción por el Clima de las Naciones Unidas. Esta joven activista, ha llenado los medios de comunicación con su llamada a reaccionar con urgencia ante el cambio climático, instando además a los políticos de las grandes potencias mundiales a no enfocarse en el crecimiento económico como eje central de las políticas. ¿Esa debe ser la estrategia ante problemas asociados con el bienestar de la sociedad? ¿Políticas sociales, medioambientales frente a políticas económicas y políticas de competitividad? La respuesta es más compleja.

De hecho, antes de responder a esta pregunta se hace necesario reflexionar sobre la naturaleza de los problemas del bienestar inclusivo y sostenible. La mayor parte de estos problemas son problemas retorcidos (wicked problems) y se caracterizan por ser problemas cuestionados, sobre los que existen diferentes intereses, y sobre todo cuya responsabilidad está en muchas manos. El cambio climático es un claro ejemplo de este tipo de problemas y el discurso de Greta Thunberg, así como el debate que ha generado ponen de manifiesto dicha complejidad. Además, es importante incorporar al debate el papel de la geografía ante estos retos. Así, lo que en una región puede considerarse un problema complejo y cuestionado, puede ser legítimo en otra región. Por ello, no existe un único problema, sino diferentes entendimientos de un problema. Los habitantes de una región costera amenazada con una subida del nivel del mar, por ejemplo, tendrán un diferente entendimiento del cambio climático que los habitantes de una región de interior.  

No solo los retos o problemas asociados al bienestar son complejos, también las soluciones pueden ser cuestionadas y estar en manos de más de un actor. Por ejemplo, los efectos nocivos de los gases invernadero no son cuestionables, pero sí las diferentes posibles soluciones a este problema, ya que la adopción de una solución en concreto debe ser legitimada por los diferentes actores, lo que genera situaciones de conflicto por los diferentes intereses particulares. En este contexto, hacer frente a retos del bienestar no es solamente una cuestión de compromiso político, sino de poner en marcha estrategias mixtas adaptadas a la complejidad del problema y de la solución, en donde la competitividad y sobre todo la innovación, ocupan un papel central.

En el escenario en que tanto los problemas como las soluciones son cuestionadas, los gobiernos podrían adoptar una estrategia de experimentación desde la política de innovación 

En el escenario en que tanto los problemas como las soluciones son cuestionadas, los gobiernos podrían adoptar una estrategia de experimentación desde la política de innovación, con la inclusión de los diferentes actores de la sociedad, para ir generando convergencia sobre el problema y posibles soluciones. Esta estrategia debe contemplar los diferentes niveles territoriales, es decir, debe ser una estrategia multinivel. Pero la política de innovación no es suficiente, sino que tiene que venir acompañada de cambios de comportamiento propiciados por regulaciones y por supuesto de políticas sociales basadas en la universalidad e inclusividad. Por ejemplo, reducir los efectos de los gases de efecto invernadero para hacer frente al cambio climático requeriría experimentar con diferentes innovaciones en el sistema de movilidad, regulaciones para limitar el sistema de transporte y cambiar comportamientos de la sociedad y políticas sociales orientadas a reducir el impacto de la redistribución del empleo industrial.

Sin embargo, la estrategia debe ser diferente cuando el problema no es cuestionado, pero no existe un consenso sobre la posible solución En este caso, en vez de experimentar en pequeña escala, la estrategia partiría por desarrollar grandes proyectos de innovación, cuya implementación podría tener lugar a nivel regional o local.

Es decir, en las dos estrategias, la combinación de políticas de innovación (una con un perfil más de experimentación, muy en la línea de la política de innovación transformadora; y otra más orientada a una misión en la línea de las nuevas políticas europeas de I+D) con políticas sociales y cambios regulatorios que incidan en los comportamientos es la estrategia más adecuada.

Cada región, por lo tanto, debe reflexionar sobre el grado de complejidad del problema-solución con impacto en su territorio puesto que en función de ello la respuesta de políticas deberá ser diferente. Las políticas de competitividad deben ser parte de esta respuesta, de forma que el crecimiento económico y el bienestar no estén disociados. Sin embargo, la adopción de esta perspectiva implica adoptar un sistema de gobernanza diferente al actual y a largo plazo, en donde el bienestar, o hacer frente al cambio climático, por ejemplo, sea el objetivo último de las estrategias y políticas de competitividad, se rompan los silos entre los diferentes ámbitos de políticas, y la experimentación y coordinación multinivel desempeñen un papel central en la gobernanza.

Con este marco de estrategias y políticas se puede contribuir al bienestar desde la perspectiva de la competitividad, respondiendo así a la llamada para que los economistas contribuyan a estos grandes retos con nuevos marcos de políticas, algo que ya se viene trabajando desde la geografía económica y la literatura de transiciones sostenibles. 

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edurne magro

Edurne Magro

Edurne Magro es investigadora en Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad. Es Doctora en Competitividad Empresarial y Desarrollo Económico con mención europea por la Universidad de Deusto, después de haber realizado una estancia en el Manchester Institute of Innovation Research de la Universidad de Manchester (Reino Unido).

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