Aunque lo urbano está en constante cambio, de vez en cuando se produce un movimiento telúrico que genera un punto de inflexión en la evolución de las ciudades. Un buen ejemplo es el que tuvo lugar hace más de un siglo que con la aparición del automóvil, que redefinió la forma de las ciudades modernas en todo el mundo. Hoy en día, algunos de los principales cambios, al igual que con la irrupción del automóvil, se relacionan con una serie de tecnologías que están madurando y que se están adaptando a todos los procesos y actividades humanas. Las implicaciones para las ciudades son inmensas. En este post analizaremos uno de los cambios más evidentes acontecido desde que empezó la pandemia, la eclosión del trabajo en remoto y su impacto en la geografía urbana.

En primer lugar, es necesario recordar que el porcentaje de personas que teletrabajan no es tan amplio como cabría pensar. Si tomamos como referencia el conjunto de la CAPV, según la EPA del cuarto trimestre de 2020, tan sólo el 9,5%(1) de la población ocupada pudo teletrabajar ocasional o habitualmente. Aun así, tal y como indica un análisis realizado por Caixa Bank Research(2) si se clasifican los municipios españoles según su densidad de población, se observa que el 39% de los trabajadores que residen en grandes ciudades podrían teletrabajar, frente al 30% de las zonas urbanas intermedias y el 23% de las zonas rurales. A eso habría que añadir que parece razonable pensar que las ciudades albergan gran parte de los trabajos potencialmente “teletrabajables”. Las personas teletrabajadoras representan gran parte a los denominados trabajadores cognitivos (empleos generalmente intensivos en conocimiento) ocupados en actividades especialmente dinámicas como los Servicios Avanzados. Este grupo, dentro de la estructura ocupacional actual, se sitúa en los niveles altos de remuneración salarial y, por ello, tiene una elevada capacidad de dinamizar la economía. Además, se concentran en ciertos espacios urbanos y metropolitanos. Por ejemplo, la irrupción del teletrabajo ha reducido el número de personas que acude a trabajar a los distritos centrales de las ciudades impactando en el ecosistema de negocios que orbita alrededor de estos (comercio, hostelería…).

También se ha reducido el número de viajes de trabajo intra-regionales, nacionales e internacionales, otro factor altamente movilizador de la economía. A modo de ejemplo, en el análisis de Caixa Bank Research antes mencionado, se examinan las entradas diarias de personas a las principales ciudades españolas. Aunque los datos en cuestión no se limitan a las personas trabajadoras permiten dimensionar lo que suponen los desplazamientos en las grandes ciudades. Por ejemplo, Bilbao recibe diariamente 34.000(3) personas. Esto representa al 10% de su propia población. Aparte del teletrabajo, hay que añadir otros factores que reducen la capacidad centrípeta urbana como el  comercio, la educación o la administración on-line.

Todo apunta a que la proximidad al trabajo perderá importancia paulatinamente a la hora de decidir dónde vivir. Esto es muy novedoso porque durante la mayor parte de la historia, la gente ha trabajado literalmente donde vivía, en granjas y en talleres situados en la planta baja de su casa, o como mucho a un corto paseo. Además, abre una vía de crecimiento para municipios medianos y pequeños. Estos, en general, ofrecen precios de vivienda más económicos y un estilo de vida que puede encajar con ciertos perfiles y etapas de la vida. Las familias podrían desplazarse hacia ciudades más pequeñas o zonas rurales con servicios al aire libre o buscando “calidad de vida” mientras que los jóvenes profesionales de entre 25 y 35 años que empiezan a labrarse un futuro laboral probablemente seguirán acudiendo a los centros urbanos en busca de oportunidades profesionales y una vida social efervescente. Pero el teletrabajo puede también abrir una brecha en la hegemonía de los centros de negocio de las grandes ciudades a la hora de captar talento. Las ciudades pequeñas e intermedias tiene el potencial de desarrollar sus economías sobre la base de las personas teletrabajadoras(4) . En este sentido, algunos municipios ya están creando centros de teletrabajo con espacios de reuniones y para videollamadas, buena conexión y otras comodidades para favorecer el trabajo en unas condiciones adecuadas y así atraer talento.

Pero también emergen nuevas posibilidades para las grandes urbes. En los próximos años prevalecerán las fórmulas híbridas. Según un informe del IESE(5) sólo un 12% de los trabajadores que pueden teletrabajar quieren hacerlo 5 días a la semana sin importar factores como la edad. Por ello, las ciudades económicamente pujantes como Madrid, Barcelona o Bruselas con alta demanda de personas trabajadoras cognitivas podrían venir a pescar con mayor facilidad a otros caladeros ofreciendo fórmulas de trabajo que combinen trabajo presencial y a distancia. Esta dinámica se potenciaría con una mejora de la movilidad y la conexión entre ciudades (como la llegada del tren de alta velocidad). Para cada vez un mayor número de personas será más viable combinar trabajo y vida en ciudades diferentes. Muchos de nosotros vemos crecer el número de personas que pasan 3 días trabajando, en Madrid por ejemplo, y 4 días en su hogar. En este sentido, algunas grandes empresas como Salesforce han adoptado el trabajo a distancia no sólo porque les ahorra dinero en espacio de oficina, sino porque les da un mayor acceso al talento, ya que no tienen que trasladar a los nuevos empleados. Esto provocará que cuestiones como la captación temprana de talento (formación dual…) sea fundamental para fidelizar trabajadores en aquellos ámbito de alta demanda. Además, el teletrabajo podría revertir en una mayor satisfacción de las personas empleadas debido a su capacidad para mejorar las condiciones laborales y la conciliación, por ejemplo.

En resumen, en el horizonte se vislumbra un paulatino aumento de la deslocalización laboral con respecto al centro de trabajo. La captación de los perfiles ocupacionales cognitivos (especialmente los tecnológicos) que ya generaba competencia tanto a nivel de empresas como de territorio se complicará todavía más. Las ciudades seguirán siendo centros de ocio y encuentro pero el mundo on-line erosiona algunas de sus funciones históricas, quizá la más relevante sea la de albergar y atraer gran cantidad de empleos. Para las ciudades pequeñas e intermedias, el trabajo a distancia añade otra vía potencial de desarrollo consistente en atraer al talento ofreciendo servicios y “calidad de vida”. Como siempre, las ciudades y territorios que desarrollen estrategias proactivas bien planteadas partirán con ventaja sobre aquellas indolentes.



Mikel Albizu

Mikel Albizu

Es investigador pre-doctoral de Orkestra-IVC. En la actualidad combina sus estudios de doctorado con la participación en varios proyectos de investigación.

Su principal área de investigación es el empleo y los factores que lo impulsan desde las áreas regionales y locales. 

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miren estensoro

Miren Estensoro

Miren Estensoro es investigadora de Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad y docente en Deusto Business School. Es Doctora en Economía por la Universidad del País Vasco. Su investigación se centra principalmente en el desarrollo económico local, la gobernanza territorial y la articulación multinivel de las políticas competitividad.

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