Voy a recurrir al cine para comenzar este post como, en ocasiones, hace un compañero del Lab de Energía de Orkestra, Jaime Menéndez, e introducir una pizca de humor a una temática ardua y sumamente delicada, como la fiscalidad energética y medioambiental, teniendo en cuenta su repercusión tanto sobre la población, en especial aquella más vulnerable en términos económicos, como sobre la competitividad empresarial, de aquellas compañías sometidas a competencia internacional tanto dentro como fuera del territorio.

La cuestión que el lector puede plantearse entonces es ¿qué película trata sobre la fiscalidad energética y/o medioambiental?. Buena pregunta, pues yo no recuerdo ninguna, aunque quizás mi cultura como cinéfila sea un poco escasa. No parece un tema demasiado cinematográfico, sin embargo, ha traído a mi mente unas escenas de la película francesa cómica premiada con tres premios César que muchos conocerán: Le dîner des cons.

En dichas escenas el comensal objeto de burla hace ir a un inspector fiscal muy dedicado al hogar del anfitrión, motivo por el cual retiran previamente de la vivienda cualquier objeto con valor, lo que no se le escapa al citado inspector, que finalmente no acaba demasiado bien parado por otros motivos.

Tras esta pequeña digresión, no puede obviarse que, al igual que el inspector de la película se fijaba en todos los detalles de la vivienda del anfitrión (e.g. colores de las paredes o polvo sobre las mesas), los Gobiernos están dedicando una especial atención al desarrollo de nuevos impuestos. Muy reseñables son las tendencias en el ámbito de la fiscalidad energética y medioambiental en el entorno europeo, que se recogen en un informe que publicamos justo antes de la Navidad.

Una de las principales observaciones de este estudio es que la mayor parte de los ingresos relacionados con la imposición medioambiental procede de los impuestos sobre la energía (que incluyen no solo la electricidad sino también otras fuentes energéticas como los hidrocarburos y, más recientemente, los impuestos sobre el carbono), seguidos por los impuestos sobre los medios de transporte y, de manera marginal, por los impuestos sobre la contaminación/ residuos y recursos.

Otra de las observaciones es que los Estados miembro de la UE, de manera independiente y autónoma, están promoviendo cambios que buscan adaptar la fiscalidad medioambiental a las nuevas políticas de energía y clima, así como al desarrollo tecnológico.

Ello se debe a los objetivos cada vez más ambiciosos en materia de defensa del medio ambiente y a que la única normativa fiscal medioambiental armonizada, la Directiva 2003/96/CE sobre imposición energética, ha quedado desfasada con el paso del tiempo, y no está alineada con la política energética y climática de la UE, así como a la falta de una armonización en el ámbito de la fiscalidad sobre los medios de transporte y sobre los recursos y la contaminación/residuos. La anteriormente citada Directiva va a ser objeto de revisión a la luz del Pacto Verde Europeo.

Algunas de las tendencias observadas en energía se refieren a la alineación de los tipos impositivos del diésel y la gasolina y a la indexación de los tipos impositivos sobre las fuentes de energía al IPC o al precio del crudo en los mercados internacionales.

Por otra parte, el desarrollo de impuestos sobre el carbono aplicable, en general, a sectores no sujetos al régimen de comercio de derechos de emisión de la UE, fundamentalmente edificación y transporte, se está extendiendo por Europa, aunque no existe un nivel de tipos impositivos uniforme y tampoco hay una actuación coordinada entre países. Además, se está planteando la posibilidad de desarrollar un mecanismo de ajuste fiscal del carbono en frontera (carbon border tax adjustment), que permitiría amortiguar los problemas que la fiscalidad energética y medioambiental plantea para la competitividad internacional de determinadas empresas. Se espera tener una propuesta a nivel comunitario para mediados de este año.

En el caso de los impuestos sobre el transporte, las principales modificaciones están incluyendo ajustes en los impuestos de matriculación y reducciones del impuesto sobre la circulación para vehículos que funcionan con combustibles alternativos.

En el ámbito de los impuestos sobre la contaminación/ residuos y recursos, muchos son los desarrollos, pero escasos los resultados obtenidos, no solo en términos de recaudación, sino por la falta de homogeneidad entre países. A modo de ejemplo, en algunos países se grava la extracción de combustibles fósiles y en otros se incentiva.

En el caso particular de España, la entrada del nuevo año ha venido acompañada de nuevos impuestos como la tasa Tobin o la tasa Google entre otras muchas novedades fiscales. En el ámbito de la fiscalidad sobre el transporte se ha planteado un aumento del impuesto sobre la matriculación de los vehículos. Los automóviles que emitan entre 144 y 192 gramos de CO2 por kilómetro pagarán un 4,75 % más; aquellos entre 192 y 240 gramos de CO2 por kilómetro pagarán un 9,75 % adicional y el recargo para los que tengan emisiones superiores a los 240 gramos de CO2 por kilómetro será del 14,5 %. Como promedio se estima que el aumento del precio de adquisición sea de unos 800 euros. Asimismo, se incluye un nuevo impuesto dirigido a penalizar el uso de plásticos no reutilizables, siguiendo la estela de otros países europeos como el Reino Unido y del Consejo Europeo.

Parece que los Gobiernos se han tomado muy en serio los acontecimientos de 1850, cuando William Gladstone, entonces canciller de Hacienda británico, le preguntó a Michael Faraday sobre la utilidad práctica de su invento, la electricidad, a lo que este le contestó “One day, sir, you may tax it”. Sin embargo, el objetivo de la fiscalidad energética y medioambiental no debería ser únicamente la recaudación, sino por el contrario, lograr un cambio en el comportamiento de los sujetos pasivos que les lleve a conductas medioambientalmente sostenibles.

En todo caso y volviendo al inicio de este post, para avanzar en materia de fiscalidad medioambiental es imprescindible lograr un equilibrio entre las señales económicas (la fiscalidad), las emisiones y el impacto sobre los hogares y las empresas (en términos de aumento de los precios de la energía fundamentalmente) y ser conscientes de que conforme los objetivos medioambientales se vayan logrando, se producirá una caída en la recaudación por este tipo de tributación.


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Macarena Larrea

Macarena es investigadora del Lab de Energía, Doctora en Promoción y Desarrollo de Empresas por la Universidad del País Vasco. Realizó una tesis sobre la “Internacionalización de los costes externos de la producción eléctrica”.

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Etiquetas: Lab de energía