La apertura, la internacionalización y el crecimiento de nuestras pymes son una fuente de competitividad y bienestar. Sin embargo, en un contexto global más volátil y tensionado, esa misma apertura puede debilitar los vínculos locales que han sostenido durante décadas el compromiso de las empresas con su entorno. Ahí nace la tensión entre crecimiento y arraigo.
El debate sobre el arraigo se ha intensificado porque, en pocos días, se han encadenado operaciones relevantes en empresas con huella vasca. Como señalaba Carlos Etxeberri en su columna del 7 de diciembre en Noticias de Gipuzkoa, el arraigo territorial es una relación que se refuerza o se erosiona con cada decisión. Talgo, por ejemplo, ha abierto su capital a actores públicos y a un consorcio inversor vasco y ha cerrado una refinanciación que estabiliza su rumbo. Kutxabank junto con la Fundación Bancaria BBK y el Gobierno Vasco está en camino de recuperar Ibermática (división tecnológica de Ayesa), con la idea de acercar sus centros de decisión y afianzar funciones estratégicas en Euskadi. Uvesco, por su parte, avanza hacia un cambio de manos que refuerza el liderazgo del equipo directivo con apoyo de inversores locales.
En otro registro, Astilleros Balenciaga se integra en el grupo árabe Abu Dhabi Ports tras un proceso complejo que ha requerido acuerdos y compromisos por parte de las personas trabajadoras, las administraciones y los propios inversores, ilustrando que las dinámicas de arraigo exige equilibrios distintos más allá del capital.
Arraigo territorial significa imbricación de relaciones económicas y culturales en estructuras sociales e institucionales del territorio. No es una etiqueta jurídica ni una foto fija, sino una relación viva y acumulativa que se construye con decisiones: quién controla la empresa, dónde se ubican los activos estratégicos, qué empleo se genera, cómo se inserta la actividad en cadenas de valor y en qué medida la comunidad reconoce el proyecto como propio. Por eso hablamos de arraigo territorial como el conjunto de vínculos económicos, sociales e institucionales que conectan la empresa con su entorno y sostienen su proyecto en el tiempo.
Para entender esa relación, Deusto Business School y Orkestra han desarrollado con la financiación de la Diputación Foral de Gipuzkoa el proyecto ERROGI que propone un marco multidimensional para analizar el arraigo y su evolución. Dado que el arraigo es complejo, ese modelo ha de integrar distintas dimensiones para leer bien el fenómeno especialmente en las pymes y orientar las capacidades de empresas e instituciones hacia condiciones que fomenten y sostengan el arraigo en el tiempo.
Por ello, en este marco, se proponen dos dimensiones clave; por un lado, la implicación territorial que observa la conexión efectiva de la empresa con su entorno: procedencia y control del accionariado, anclaje de activos críticos (no solo plantas: también ingeniería, I+D o diseño), vínculos de las personas que deciden y calidad de la interlocución institucional y social. Y, por otro lado, el atractivo empresarial que recoge lo que la empresa aporta al desarrollo: empleo, inversión, innovación, encaje sectorial y alineación con prioridades del territorio. Miradas juntas, permiten pasar de “estar” a “ser” relevante.
Esta aportación teórica da un paso adicional a la discusión sobre el arraigo y propone una medición operativa. En este punto, si queremos articular políticas que favorezcan la continuidad de las empresas en el territorio, necesitamos un modelo común que permita mapear el nivel de arraigo y los riesgos de cada actor empresarial. En este sentido, el proyecto ha desarrollado un indicador novedoso que resume la posición de arraigo de cada actor monitorizado y, a la vez, detecta señales tempranas que permiten identificar cambios de situación en dicho arraigo territorial. La herramienta traduce información cuantitativa y cualitativa en puntuaciones comparables a partir de un conjunto amplio de variables y, en coherencia con el marco presentado que valora la implicación decisoria y el atractivo frente a la mera presencia o tamaño. Su interés no está en cada punto individual, sino en identificar zonas de atención: empresas con bajo arraigo, empresas con muchos factores de riesgo y, especialmente, aquellas que combinan ambos elementos. No pretende un veredicto, sino una brújula que ayude a alinear expectativas entre empresas e instituciones públicas.

Aquí el papel público importa. A lo largo del post se han señalado ejemplos en los que las administraciones públicas se alían con inversores privados para reforzar la implicación accionarial en empresas vascas. Al mismo tiempo, se impulsan actuaciones para que aquellas empresas cuyo control accionarial está fuera de Euskadi mantengan activos estratégicos en el territorio. Un ejemplo reciente es Mercedes-Benz, que está acometiendo una inversión en torno a 1.000 millones de euros para transformar su planta y reforzar proyecto industrial. Este tipo de decisiones vinculan la competitividad futura de la empresa al territorio y refuerzan su arraigo pese a ser de capital extranjero.
En contraste, existen empresas que, aun operando en Euskadi, no invierten, no amplían capacidades ni mantienen vínculos significativos con su entorno empresarial, social o institucional. Estas dinámicas no implican necesariamente un desarraigo inmediato, pero sí pueden constituir señales tempranas de una trayectoria de desarraigo, que conviene identificar a tiempo si se quiere anticipar riesgos y orientar políticas de acompañamiento.
Junto a estas actuaciones más visibles, existen también políticas de “lluvia fina”, dirigidas a empresas de menor tamaño. El proyecto ERROGI ha inventariado 48 intervenciones de la Diputación Foral de Gipuzkoa con impacto potencial en el arraigo, agrupadas en cinco familias: subvenciones activadoras y estructurales, incentivos fiscales, financiación o capital público y servicios de acompañamiento estratégico. Predominan las actuaciones orientadas al Atractivo (I+D, digitalización, internacionalización, apoyo sectorial y territorial), mientras que la Implicación se trabaja de forma más acotada (por ejemplo, control accionario o fórmulas de participación).
El esfuerzo público es, por tanto, notable; el reto es reforzar la coordinación y una narrativa común, de modo que el conjunto se perciba como una cartera coherente, visible y accesible para las empresas. La pregunta clave para un territorio industrial e interdependiente como Euskadi no es si abrirse o no, sino cómo combinar apertura activa con arraigo fuerte. El arraigo territorial significa que las empresas estén conectadas y sean relevantes para su entorno, no solo por su localización, sino por cómo deciden, invierten y se vinculan al territorio.
Ahí quiere contribuir este trabajo: poner una herramienta sobre la mesa que facilite una cuantificación de los factores del arraigo territorial, una discriminación entre situaciones de empresa, y el seguimiento de la evolución de una empresa o grupo de empresas. Contar con herramientas que permitan medir esa relación, priorizar intervenciones y orientar decisiones resulta clave para gestionar la tensión entre crecimiento y arraigo. Y es que cuando la implicación y el atractivo evolucionan de forma coherente, la competitividad del territorio se refuerza.
Cristina Aragón Amonarriz
Cristina Aragón Amonarriz es Profesora Catedrática del Departamento de Management de la Deusto Business School-Universidad de Deusto e Investigadora Asociada Senior de Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad, con quien colabora en proyectos de investigación centrados en la empresa familiar, el arraigo territorial y la evaluación de políticas públicas.

Ibon Gil de San Vicente
Ibon Gil de San Vicente, subdirector general de Orkestra, es Licenciado en Económicas por la Universidad del País Vasco. Posteriormente ha ampliado sus estudios con un Master in Business Administration en la University of Kent (Reino Unido) y un Master in Business Innovation en la Universidad de Deusto.

Cristina Iturrioz-Landart
Cristina Iturrioz-Landart es Profesora Catedrática del Departamento de Management de la Deusto Business School- Universidad de Deusto y colabora con Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad en calidad de Investigadora Asociada Senior en diferentes proyectos relacionados con su actividad investigadora, especialmente ligada al estudio de la competitividad de las pequeñas y medianas empresas; la empresa familiar; el arraigo territorial y la evaluación de políticas públicas.

Ander Sánchez
Ander Sánchez trabaja como técnico de investigación en Orkestra. Es graduado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco, donde se especializó en el ámbito financiero. Posteriormente completó sus estudios con un Master in Economics: Empirical Applications and Policies por la misma universidad, donde ha podido desarrollar una capacidad analítica, tanto cualitativa como, sobre todo, cuantitativa.