Recientemente hemos visto nuevos ejemplos de empresas que no pertenecen al sector financiero y se diversifican ofreciendo soluciones financieras; este fenómeno, conocido como financierización de la economía, no es nuevo, pero sí se constata una aceleración del mismo en las últimas décadas. Es el caso de Apple que ha empezado a captar captar depósitos en Estados Unidos y que ya ofrecía servicios de financiación como Apple pay later.
Si lo analizamos desde la perspectiva industrial podemos encontrar ejemplos de empresas que también lo han aplicado. Uno de los primeros fue Rolls-Royce que ya en 1962 introdujo el programa Power by the Hour ofreciendo la posibilidad de cobrar a los fabricantes y operadores de aviones en base a una cuota fija por hora de vuelo. También tenemos grandes conglomerados industriales (como ejemplo Siemens, ABB, o GE) que han creado divisiones financieras con un doble objetivo: por una parte, optimizar la estrategia financiera (captar fondos y fuentes de financiación para financiar al grupo empresarial) y por otra, mejorar sus márgenes/rentabilidad (incorporar soluciones financiarizadas como renting, leasing o soluciones de pago por uso de cara al mercado de clientes).
Las soluciones financierizadas son muchas veces una innovación tanto para el cliente como para la empresa que las implementa. Desde el punto de vista de la demanda (cliente), son adecuadas para aquellos que quieren pagar por la solución o por el uso ya que les resulta compleja su gestión o no tienen los medios para adquirirla. Desde el punto de vista de la oferta (la empresa), permiten generar una relación con el cliente más continua, diferenciarse en sus mercados tradicionales, o acceder a nuevos mercados. Otra razón de peso para su lanzamiento es aumento de la rentabilidad a través de la aplicación de nuevas formas de captar ingresos o de cobrar, más allá de la venta de los productos tradicionales (ver La servitización del negocio entre empresas industriales de Cataluña).
Pero la puesta en marcha de servicios financierizados es un proceso complejo que requiere una transformación de la gestión financiera y de riesgos de la empresa, así como cambios comerciales, organizativos y culturales. Una reciente investigación de Orkestra (ver So you want to servitise, but are you ready to financialise?) apoyada por el Instituto Vasco de Finanzas ofrece un marco para ayudar a las personas que tienen que liderar estos procesos. El estudio identifica cuatro dimensiones que la empresa debe considerar antes de lanzar este tipo de soluciones para aumentar su probabilidad de tener éxito: ser consciente de su capacidad de captar financiación, conocer su aptitud financiera (capacidades financieras internas), medir el potencial del nuevo mercado y diseñar un modelo de negocio financieramente escalable. Es decir: la empresa debe tener un mejor acceso o un acceso diversificado a las fuentes de financiación y además debe ofrecer una solución industrial con características de un "producto financiero", para que resulte escalable y atractivo cara a las entidades inversoras.

Es precisamente este punto, ofrecer una solución industrial con características de un "producto financiero", donde las empresas tienen mayores dificultades. El motivo es la dificultad que tienen las empresas, habituadas a usar un lenguaje industrial, en demostrar a los potenciales financiadores los riesgos y los retornos (cash flow) de la operación. Sin este claro entendimiento no se logra atraer la suficiente financiación a un coste razonable.
Si la empresa industrial consigue convencer a un aliado financiero, acaba típicamente trabajando con un financiador de activos o con un fondo especializado en inversión. Y si no lo consigue, quizás debe renunciar a su lanzamiento por falta de fondos. En ocasiones, en todo este proceso, la banca (financiador tradicional) acaba haciendo un papel de consultoría, dada su cercanía con la empresa industrial y su profundo conocimiento del lenguaje financiero, y su rol se limita a facilitar crédito puente mientras se configura una estructura que atraiga a las entidades financiadoras/inversoras.
Las soluciones industriales financierizadas son procesos de servitización innovadores. Hay muy pocas empresas vascas con el nivel de acceso a los mercados financieros que tienen las grandes empresas como Apple, Siemens, ABB, o GE, por lo que dependen del ecosistema financiero de su territorio. Estas dificultades de acceso a financiación coinciden con una de las ineficiencias identificadas en el informe sobre el Ecosistema financiero de Euskadi. Diagnóstico y oportunidades, que señala que las empresas con un alto grado de innovación pueden tener limitaciones a la hora de obtener financiación.
La aplicación de modelos de negocio innovadores juega un papel decisivo en la competitividad y capacidad de transformación de nuestro tejido industrial. Ello requiere continuar desarrollando un ecosistema financiero avanzado que atienda a las diversas necesidades de las empresas del territorio, incluidas a aquellas que se atrevan a incluir servicios financieros dentro de su cartera de productos.

Ibon Gil de San Vicente
Ibon Gil de San Vicente, subdirector general de Orkestra, es Licenciado en Económicas por la Universidad del País Vasco. Posteriormente ha ampliado sus estudios con un Master in Business Administration en la University of Kent (Reino Unido) y un Master in Business Innovation en la Universidad de Deusto.

Bart Kamp
Bart Kamp es el investigador principal del área de Internacionalización y Servitización de Negocios en Orkestra-IVC. Su investigación se centra en las estrategias competitivas que permiten a empresas liderar en sus respectivos nichos de mercado a nivel internacional, y en procesos de servitización entre empresas manufactureras.