El desarrollo del territorio requiere que las y los actores del territorio hagan una apuesta por la innovación social, al igual que por la innovación tecnológica, en sus respectivos modelos de gobernanza (Estensoro, 2015; Karlsen y Larrea, 2014).

El enfoque de innovación social que adoptamos aquí se enmarca en la segunda definición de Moulaert y Nussbaumer (2005) quienes se refieren a la innovación social como la innovación en las relaciones sociales y de poder entre los actores territoriales (el estado, actores del mercado y la sociedad civil). Esta conceptualización de la innovación social es analítica pero también normativa. Se concibe tanto como resultado (nuevos modelos de gobernanza que permiten abordar los retos para el desarrollo territorial) pero también como proceso que empodera a los actores, permite co-crear conocimiento y construir capacidades locales para transformar la realidad.

La perspectiva de proceso tiene implicaciones en la investigación de la innovación social, ya que también persigue hacer innovación social para el desarrollo humano y territorial. Esto plantea una clara diferencia ontológica y epistemológica con respecto a la investigación sobre los sistemas de innovación que centran el foco en buscar la eficiencia entre los diferentes subsistemas de conocimiento que componen el sistema.

Si como investigadores e investigadoras facilitadoras queremos hacer innovación social para el desarrollo territorial, debemos sumar tal cual lo plantea Paulo Freire la idea de praxis como la reflexión sobre la teoría y la práctica que nos permite aprender de nuestros procesos. En esta línea, es interesante el aporte de Jessop et al. (2013) quienes agregan una referencia a la transdisciplinariedad reflexiva. La reflexibilidad se basa en la necesidad de situar los procesos de innovación social en el marco de las dinámicas sociales específicas del territorio y tomar consciencia de cuál es el rol de las investigadoras facilitadoras tanto en el proceso de investigación como en las relaciones sociales construidas en dicho contexto.

Y bajo este marco, ¿cómo medimos el impacto de dicha investigación para la innovación social? Para empezar, es importante definir criterios para la medición de la propia innovación social porque la aproximación metodológica y las respectivas técnicas dependen de dichos criterios (Krelv et al., 2014). El análisis de las estructuras de relaciones y redes entre los actores territoriales requiere aplicar métodos de análisis de redes y casos dado que es imprescindible tener en cuenta la realidad territorial en donde ocurren dichas relaciones sociales.

Bien, desde el Desarrollo Territorial podemos agregar una línea vinculada a las definiciones profundas del enfoque. Y es que, aun sabiendo la enorme dificultad de medir estos resultados y con relación a lo planteado por nuestras compañeras, hay indicadores que se deben construir en los espacios de diálogos (ágoras) con las y los actores y esto, debe ser parte de un proceso donde fortalecer capacidades no es consecuencia sino objetivo del proceso. De todos modos, la medición de ese proceso no se puede limitar a los indicadores. El propio proceso nos permite medir y evidenciar el impacto de nuestra investigación.

Un ejemplo de ello es lo vivido en un proceso de investigación acción facilitado por el Instituto Praxis (UTN FFRA) en San Vicente (Santa Fe, Argentina) junto con el gobierno local. El proyecto trata de fortalecer diálogo y reflexión para la acción abordando problemáticas locales definidas participativamente. Aún en 2020, con la llegada de la pandemia, se sostuvieron los encuentros de la mesa interinstitucional, los grupos de producción y emprendedorismo y el grupo de educación que llevaban adelante diversas acciones. Además, se conformó, bajo coordinación de la Comuna, un equipo multidisciplinario de investigación. Como elemento de reflexión para una posible medición rescatamos un pensamiento escrito de la tesorera y el presidente comunal que a la hora de reflexionar sobre el futuro del proyecto y mostrar su interés en proseguir el proceso investigación acción planeaban “la posibilidad de proyectarse estratégicamente como comuna, sin perder de vista los contextos cambiantes que generan un desafío para los actores en el territorio, el gobierno local y el rol de Praxis y UTN en la facilitación de estos procesos.”

Otro ejemplo lo hemos vivido en el Laboratorio de Desarrollo Territorial (Lab DT) de Gipuzkoa. Concretamente, en el proceso que busca facilitar la transición 4.0 de las pymes industriales del territorio y en el cual se viene desarrollando un proceso de investigación acción junto con la Diputación Foral de Gipuzkoa y las agencias de desarrollo comarcal. Una de las fases principales del proceso tuvo que ver con realizar un diagnóstico en 420 pymes industriales (de las 528 existentes) para medir el potencial de abordar una transición hacia la Industria 4.0. Dicho diagnóstico lo realizaban las agencias de desarrollo mediante una metodología co-construida en el espacio de investigación-acción del Lab DT. Al final de dicha fase, y cuando la propuesta era seguir trabajando en la definición de planes de acción específicos para cada empresa, las agencias realizaron una petición para abordar la nueva fase también mediante una metodología compartida: “me he sentido más cómoda con esta metodología que con otras aplicadas hasta ahora porque la hemos desarrollado juntos”.

Estos ejemplos nos muestran que llevar el concepto de la reflexibidad a los procesos de innovación social que facilitamos permite tomar consciencia sobre el impacto de la investigación. Se trata de un condicionante clave si queremos una medición alternativa y tan necesaria.


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Pablo Costamagna

Pablo Costamagna, investigador sénior asociado en Orkestra, es Doctor en Estudios del Desarrollo por la Universidad del País Vasco. Docente e investigador, dicta clases en Postgrados de distintas Universidades de América Latina y es el Director de la Maestría en Desarrollo Territorial en la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Rafaela, Argentina.

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Miren Estensoro

Miren Estensoro es investigadora de Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad y docente en Deusto Business School. Es Doctora en Economía por la Universidad del País Vasco. Su investigación se centra principalmente en el desarrollo económico local, la gobernanza territorial y la articulación multinivel de las políticas competitividad.

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