Desde mi ventana, a lo lejos, acierto atisbar el mar, más bien el Abra, sin poder disfrutar realmente de su grandeza, porque, como en este momento de la vida toca ser responsables #yo (también) me quedo en casa.

Pues bien, este trocito de mar en la distancia trae a mi memoria una actividad que junto con mi hermana menor organizamos para mis sobrinos las últimas vacaciones. Esta actividad consistía en ir a la playa con un par de bolsas y recoger residuos durante 30 minutos. Finalmente estuvimos unos 45 y llenamos alrededor de cinco bolsas. ¿Qué había dentro? Plásticos varios (envases, botellas, cubiertos de un solo uso), botellas de vidrio, latas, papeles, etc. Una muestra de algunos de los residuos de nuestro estilo de vida.

Otro de los residuos que generamos en grandes cantidades y con gran impacto, pero que no vemos, es en forma de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y de contaminantes. Sobre esta materia, el año pasado, realizamos un trabajo  en el que analizamos la huella de carbono de la economía vasca. El punto de vista era diferente al habitual, que recoge las emisiones resultado de los procesos productivos de nuestro territorio. Así, en dicho estudio se analizaban las emisiones fruto de nuestro consumo.

Para ello, estimamos para el año 2016, las emisiones de GEI asociadas a las importaciones y exportaciones de materiales y productos del País Vasco desde el resto del mundo y desde el resto de España.

Las emisiones relacionadas con las importaciones netas (importaciones-exportaciones) junto con las de los tradicionales inventarios de emisiones realizados por los países, como consecuencia de la aprobación del Protocolo de Kyoto en 2005, obtuvimos el inventario de emisiones con enfoque de consumo. Estas emisiones se asocian a los productos que consumimos en el territorio del País Vasco.

Así, como resultado, en el País Vasco generamos unas emisiones por nuestro consumo de alrededor de 8,4 toneladas/habitante. Estas cifras se encuentran por encima de las presentadas por Escocia, para el año 2012, donde se estimaban unas emisiones per capita de 6,7 toneladas. Sin embargo, estaban muy por debajo de las 14,7 para Austria en 2011 y de las 20 toneladas de Flandes para 2017

Así, hasta ahora, conocíamos qué sectores de la economía emiten en mayor o menor medida. Con esta herramienta, podemos completar el conocimiento que ya teníamos y saber qué materiales/productos que importamos, exportamos y consumimos van acompañados de mayores volúmenes de emisiones. Ello puede llevar a la adopción de políticas sectoriales concretas y focalizadas para lograr una reducción global de las emisiones de GEI de la economía del nuestro territorio.

A modo de ejemplo, alrededor de un 8 % de las importaciones del País Vasco eran residuos que reprocesamos y exportamos un 2,4 % para ser a su vez gestionados por terceros países. Estos productos permiten reducir de manera considerable el volumen de emisiones que generamos.

Además de calcular este tipo de valores, con este trabajo podemos tener una imagen más detallada de la economía. En este sentido, permite avanzar en comprender el impacto en términos medioambientales de implementar medidas de economía circular (por ejemplo el impacto de un aumento de la tasa de reciclaje).

Así, esta herramienta puede constituir un instrumento en la comprensión de cómo avanzar hacia una economía más circular que permite reducir las emisiones, el consumo de materiales, con el correspondiente ahorro y desarrollo de la industria del reproceso y del reciclaje, generando nuevos empleos sin perjudicar el crecimiento económico. Además, puede ayudar a promover actividades de I+D en materia de diseño y reciclaje de productos, lo que también reduciría las emisiones de GEI.

Podría situarse en paralelo con otras medidas más conocidas como el desarrollo de las fuentes renovables en electricidad (fotovoltaica, recursos distribuidos), en calefacción y refrigeración y en transporte. Otra manera interesante de reducir las emisiones es el ahorro y la eficiencia energética.

Recientemente hemos sido testigos de unas de las reducciones más destacables de los últimos años. El pasado lunes 23 de marzo salió publicada la noticia de que el cierre en China se había traducido en una reducción temporal de las emisiones en un 25 % de CO2 y un 37 % de los niveles de NO2. También se vieron reducciones significativas en el norte de Italia como consecuencia de la paralización económica.

Supongo que, como todos, y como ya hiciera en el pasado en el ámbito de la pobreza energética, utilizo este espacio para mostrar mi deseo de que las futuras reducciones de emisiones, se deban a inversiones y esfuerzos de otra naturaleza, a una mejora de los procesos productivos, a un mayor y mejor aprovechamiento de los productos, etc.

Quiero también animar a todos a que, una vez que podamos salir, seamos más conscientes de nuestro entorno, desarrollar actividades similares en la playa o la montaña, incluso en la ciudad y como ahora todos sabemos comportamos responsablemente, así lo sigamos haciendo en cuanto tengamos ocasión de volver a salir, volver a vernos, abrazarnos, porque #yo me quedo en casa y #yo también protejo el entorno que me rodea. Desde mi ventana aprovecho para unirme a los aplausos y apoyos de todos aquellos que en estos momentos se encuentran luchando contra el virus y a los demás... ¡Ánimo, ya queda menos!


macarena larrea

Macarena Larrea

Macarena es Doctora en Promoción y Desarrollo de Empresas por la Universidad del País Vasco. Realizó una tesis sobre la “Internacionalización de los costes externos de la producción eléctrica”.

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Etiquetas: Lab de energía