Te guste mucho el cine o no, es posible que te suene que el último Oscar a Mejor Actor fue para Gary Oldman por cómo se metió en el papel de un tremendo Winston Churchill que se las veía liderando un Reino Unido a las puertas de la guerra (estatuilla por otro lado muy huidiza para el actor, pero esa es otra historia).

El biopic que protagoniza Oldman demuestra la complejidad de un personaje histórico cuya leyenda está ligada a la V de victoria, pero lo cierto es que este tuvo que afrontar muchos más momentos oscuros de la historia británica mientras ocupó el 10 de Downing Street. Uno de ellos, menos conocidos, fue lidiar con la contaminación: el Gran Smog (niebla mezclada con humo tóxico) de diciembre de 1952. Con 4.000 muertes en pocos días y muchos más posteriores afectados, para la revista médica The Lancet es un claro ejemplo de desastre de contaminación atmosférica.

El Gran Smog de diciembre de 1952, para la prestigiosa revista médica The Lancet, es un claro ejemplo de desastre de contaminación atmosférica.

En este punto es importante señalar que cuando hablamos de los daños de la contaminación, habitualmente no se trata de muertes inmediatas. Más bien es a largo plazo: la contaminación puede hacer que vivamos menos y peor. Esto, más allá del impacto en nuestra calidad de vida, se traduce además en un deterioro de la competitividad, pues hay un mayor gasto sanitario y menor productividad laboral.

Aun así fueron días traumáticos, que reproduce muy bien uno de los capítulos de la serie The Crown, en la que esta vez Churchill es interpretado por John Lithgow que, todo sea dicho, es mi versión favorita del Primer Ministro. Mencionar además como curiosidad, que para mayor realismo el episodio está rodado sin efectos digitales (CGI). Caminar a ciegas, tos constante y desenlaces fatales incluidos forman un cóctel explosivo que puso contra las cuerdas al gobierno de todo un imperio. Hasta ahí puede llegar un aire contaminado.

churchill

Lithgow en la piel de un Churchill que visita un hospital londinense en plena crisis del Gran Smog. Fuente: Vulture.com

Lo que este momento de la historia británica demuestra es que el problema de la calidad del aire lleva décadas complicando la agenda de los gobiernos. A raíz de ello, en 1956 se dio un paso de gigante con la Clean Air Act británica para limitar el uso de combustibles, considerado por muchos un ejemplo a seguir. Desde entonces mucho se ha avanzado tanto a escala nacional como internacional.

No obstante este ha sido siempre un reto complejo que ha ido variando en el tiempo. Esto es debido a que existen muchas formas de contaminación, con diferentes orígenes y causas, y además las reacciones químicas y el viento no ayudan en su control. De hecho, el Gran Smog no podría haber tenido lugar sin la coincidencia en el tiempo del uso de la calefacción en un invierno especialmente frío y un anticiclón.

esquema01

Esquema comparativo entre distintas formas de contaminación. Fuente: Orkestra-IVC.

El Gran Smog se debió al contenido de azufre del carbón que quemaban las calderas británicas. En aquella, este combustible era importante en los mixes energéticos de los países europeos, lo que daba lugar a elevadas emisiones de óxidos de azufre (SOx).

El tráfico es, hoy en día, uno de los mayores problemas para el aire.

Actualmente este no es el mayor problema para el aire, gracias al cambio gradual a otras formas de energía, junto con las medidas en desulfuración en la industria.

Hoy en día los mayores problemas nos llegan por otros motivos diversos; por ejemplo, el tráfico es uno de los principales causantes. Entre la larga lista de contaminantes con afecciones en la salud humana, hay tres que por su presencia en las ciudades tienen especial importancia para la Agencia Europea de Medioambiente: las partículas finas (PM2,5), el dióxido de nitrógeno (NO2) y, en menor medida, el ozono (O3).

concentracionesanuales02

Concentraciones medias anuales en Europa para PM2,5 (izquierda) y NO2 (derecha). Fuente: EEA.

En España, las ciudades con más problemas son Barcelona y sobre todo Madrid, pues todos hemos visto alguna vez fotografías de la “boina” de la capital española en episodios de picos de contaminación. Para afrontar el problema, entre otras iniciativas se ha impulsado la Plataforma X Aire Limpio, que pretende impulsar mejoras ambientales.

Recientemente Bilbao ha sido el primer Ayuntamiento en adherirse a la misma, con lo que la capital vizcaína busca consolidarse como referencia en este campo.

boinamadrid04

La “boina” de Madrid. Fuente: El Economista.

Como podemos ver, a pesar de los avances queda un gran camino: la contaminación es un problema global que todavía nos afecta a todos. Por tanto, para afrontar este reto necesitaremos la mentalidad de un estadista como Churchill, pues además será necesario darle encaje en la planificación de la economía y de la transición energética, sin lo cual poco podremos hacer.

 


Jaime Web

Jaime Menéndez

Jaime se unió en 2015 al Instituto como facilitador de investigación del área de Energía, donde ha participado en los proyectos "Transiciones Energéticas e Industriales" y “Tecnología, Transporte y Eficiencia”.

Ver perfil completo


Etiquetas: Lab de energía

GLOBAL
PARTNERS

PARTNERS