La creación de nuevos instrumentos financieros para apoyar la transformación productiva de Euskadi abre una conversación que va más allá de la financiación empresarial. La cuestión no es únicamente cuánta financiación se moviliza, sino de qué tipo, con qué horizonte temporal y con qué efectos sobre el crecimiento, la capacidad de decisión y el arraigo en el territorio.
La reciente activación del Fondo de Deuda para la Transformación Productiva de Euskadi, en el marco de Euskadi Eraldatuz 2030, apunta en esa dirección (ver por ejemplo Cinco Días o el Diario Vasco). El fondo nace con una dotación inicial de 100 millones de euros y busca complementar la financiación de compañías locales con proyectos de crecimiento, innovación y transformación. Al tratarse de deuda, y no de entrada en capital, resulta especialmente interesante para empresas que necesitan recursos para crecer sin alterar necesariamente su estructura de propiedad.
La noticia introduce además otro elemento relevante al plantear la posible implicación de EPSV y planes de pensiones vascos para canalizar ahorro hacia empresas y proyectos vinculados a Euskadi. Es una línea que conecta con debates que también se dan en Europa sobre cómo acercar el ahorro local a la financiación de empresas del propio territorio (ver el ejemplo de Alemania).
Este movimiento se suma a otras iniciativas locales que, desde fórmulas distintas, apuntan a una misma preocupación de fondo. La pregunta es cómo reforzar la financiación y la inversión en empresas vascas con proyectos de futuro, manteniendo al mismo tiempo una conexión accionarial y competitiva con el territorio. Ahí se sitúan iniciativas de capital e inversión comprometidas como Indar Kartera de Kutxabank, los instrumentos vinculados a la Fundación Artizarra, la activación de fundaciones bancarias como inversores comprometidos o el refuerzo de Finkatuz por parte del Gobierno Vasco.
Pero quizá lo más interesante no está solo en el instrumento. Está en la pregunta que abre sobre cómo puede Euskadi movilizar recursos financieros para transformar su tejido productivo sin debilitar el arraigo, la continuidad y la capacidad de decisión local.
Esa pregunta adquiere una dimensión especial cuando miramos a la empresa familiar. Ser familiar introduce decisiones y procesos que no siempre se dan de la misma manera en otras empresas. La continuidad generacional, la reinversión, la sucesión, la reputación familiar, el vínculo con el lugar y la relación entre patrimonio, empresa y legado influyen en cómo se piensa el crecimiento y en qué condiciones se acepta la entrada de nuevo capital.
El informe Empresa familiar en Euskadi: ecosistema de apoyo, retos y prioridades, elaborado por Orkestra con la colaboración de la Cátedra de Empresa Familiar Fundación Antonio Aranzábal de Deusto Business School, ayuda a dimensionar esta realidad. En 2024, la empresa familiar representa el 86,1% del tejido empresarial vasco, aportando el 53,1% del empleo y el 45% del valor añadido en el sector privado.
Este informe se suma, además, a una línea de trabajo más amplia sobre arraigo empresarial e inversión, impulsada por Orkestra y la Fundación Bancaria BBK. Desde esa perspectiva, el análisis de la empresa familiar ayuda a concretar cómo pueden conectarse inversión, impacto social, sostenibilidad y desarrollo territorial.
Esa conexión resulta especialmente relevante cuando una empresa familiar quiere crecer sin perder arraigo. Estas empresas afrontan muchos de los mismos retos de transformación que el resto del tejido empresarial, pero no los viven del mismo modo. Crecer, abrir el capital, profesionalizar la gestión o preparar el relevo implica también ordenar la relación entre familia, propiedad y empresa.
Precisamente por eso, el informe analiza también el ecosistema que acompaña esas decisiones. El mapeo identifica una base amplia de agentes, iniciativas y capacidades en torno a la empresa familiar en Euskadi: recoge 47 agentes vinculados al contexto vasco y 56 acciones desarrolladas en los últimos cinco años. Sin embargo, muestra que el apoyo no llega con la misma intensidad a todos los desafíos. Una de las brechas más claras aparece en el acompañamiento continuado de decisiones que afectan a la relación entre familia, empresa, propiedad y patrimonio.
El instrumento presentado puede contribuir a cubrir esta debilidad identificada en la investigación. De hecho, el informe señala que existen apoyos vinculados a fiscalidad, sucesión y financiación, pero identifica menos instrumentos diseñados específicamente para acompañar procesos de crecimiento en empresas familiares maduras. Crecer sin perder control familiar ni arraigo territorial requiere fórmulas más adaptadas, como capital paciente, fiscalidad adaptada o acompañamiento estratégico ante sucesiones. Cuando una empresa familiar incorpora nuevos recursos para crecer, también puede modificar sus equilibrios de propiedad, sus reglas de decisión y la relación entre familia, empresa y patrimonio.
El informe señala así que el reto del ecosistema no pasa necesariamente por crear más estructuras. Pasa por reforzar lo que ya existe, conectar capacidades e identificar los ámbitos donde el acompañamiento sigue siendo limitado. Esta idea es útil para pensar el papel de instituciones, entidades financieras, asociaciones, asesores, centros de conocimiento y espacios de colaboración. La financiación puede ser parte de la respuesta, pero el crecimiento de una empresa familiar suele requerir también acompañamiento en decisiones de alto impacto sobre propiedad, sucesión, gobernanza, entrada de capital, profesionalización, talento y articulación patrimonial.
Por eso, el Fondo de Deuda para la Transformación Productiva de Euskadi no debería leerse solo como un instrumento que aumenta la capacidad de movilizar recursos. También puede servir para preguntarse qué condiciones hacen que esa financiación refuerce proyectos empresariales con continuidad, arraigo y capacidad de decisión local.
Para crecer con arraigo conviene cuidar dos dimensiones que muchas veces se mezclan, aunque no sean exactamente lo mismo, tanto en la financiación vía capital como vía deuda. La primera tiene que ver con la sede, la composición del capital y el lugar desde el que se toman las decisiones. La segunda se refiere a la inversión necesaria para que los activos estratégicos de la empresa sigan conectados con el territorio, desde el talento y los proveedores hasta el conocimiento, la tecnología y las relaciones con el ecosistema local.
Aquí el nuevo contexto financiero vasco puede abrir una conversación especialmente interesante. Si se busca conectar ahorro local con proyectos productivos vinculados a Euskadi, el desafío es que los instrumentos lleguen a empresas familiares con proyectos de futuro y se adapten a sus necesidades. No todas crecerán del mismo modo ni necesitarán la misma combinación de deuda, capital y acompañamiento. Lo relevante es que la financiación no se diseñe de espaldas a las decisiones de propiedad, gobernanza y sucesión que condicionan su continuidad y su arraigo.
En la empresa familiar vasca, crecer no es solo ganar tamaño. Es decidir cómo se transforma la empresa, quién participa en esa transformación, qué papel mantiene la familia, cómo se incorporan nuevas capacidades y qué vínculo conserva el proyecto con Euskadi. La cuestión es cómo acompañar ese crecimiento para que la transformación productiva refuerce también la continuidad, el centro de decisión y el compromiso territorial de las empresas vascas.

Ibon Gil de San Vicente
Ibon Gil de San Vicente, subdirector general de Orkestra, es Licenciado en Económicas por la Universidad del País Vasco. Posteriormente ha ampliado sus estudios con un Master in Business Administration en la University of Kent (Reino Unido) y un Master in Business Innovation en la Universidad de Deusto.

Edoardo Montagner
Edoardo Montagner es investigador predoctoral en Orkestra. Su trayectoria combina un marcado interés en la investigación aplicada con una sólida formación en métodos cuantitativos. Es graduado en Economía y cuenta con dos másteres oficiales: el Máster en Economic Development and Growth en la Universidad Carlos III de Madrid y el Máster en Economics of Public Policy en la Barcelona School of Economics.