Los resultados del Regional innovation scoreboard 2025 (RIS), de la Comisión Europea, confirman mediante su índice compuesto que Euskadi mantiene su posición como innovador fuerte o Strong Innovator, el segundo grupo más alto de la clasificación europea, en el puesto #81 de la UE, compartido en España solo con Cataluña (#72), Madrid (#90), Navarra (#104) y C. Valenciana (#107).
El resultado se ha celebrado como una buena noticia. El valor del Índice y los titulares que de él se extraen así lo indican. Pero los datos también revelan algo que merece mayor atención: no todas las dimensiones del sistema de innovación vasco rinden al mismo nivel. Si bien, el índice compuesto que elabora la Comisión Europea cumple bien su función de sintetizar un conjunto amplio de información en una única cifra, fácil de comunicar y con alto impacto mediático, esa síntesis tiene un coste importante. Se pierde el matiz de cada uno de los conjuntos de información empleados ocultando las “luces y sombras” de los sistemas de innovación regionales.
En este post propongo una lectura por dimensiones e indicadores individuales que va más allá del índice agregado. En particular, desgloso el resultado global de la RIS en sus cuatro grandes dimensiones y 23 indicadores individuales.

Fuente: Regional innovation scoreboard
Euskadi presenta unas condiciones de base para la innovación envidiables por el resto de regiones de la UE
Donde Euskadi realmente destaca es en las condiciones que sostienen un sistema de innovación: el capital humano, la base científica y la conectividad digital. En población con educación terciaria, con el 2º puesto, el País Vasco se sitúa en la cima de la UE. La penetración de banda ancha y el nivel de aprendizaje permanente también entran en el 25% de las regiones de la UE (4º cuartil) con mejores resultados. Son los cimientos sobre los que se construye cualquier ecosistema innovador, y en ese terreno Euskadi compite con las mejores regiones europeas.
Las inversiones. Donde el territorio vasco comienza a mostrar síntomas que pueden limitar la conversión
La adopción del cloud computing en las empresas y el gasto en innovación pasan de forma brusca a situarse en la parte inferior de las regiones europeas. Estos dos indicadores representan claros cuellos de botella ya que apelan a adopción de nuevas tecnologías, y la inversión en el área encargada de trasformar el conocimiento a aplicaciones orientadas a el mercado.
Estos resultados resultan aún más llamativos si se pone en contraste con los buenos resultados del gasto empresarial en I+D, donde Euskadi se sitúa en el 25% superior europeo. La lectura conjunta sugiere un sistema de innovación con una apuesta clara por la investigación y el desarrollo tecnológico avanzado, pero con margen de mejora en el esfuerzo de trasladar ese conocimiento a innovaciones prácticas en el conjunto del tejido productivo.
Los indicadores de trasferencia tecnológica sobresalen dentro de la dimensión de actividades innovadoras
Atendiendo a los indicadores que utiliza la Comisión Europea para medir la dimensión de actividades innovadoras, Euskadi presenta una buena posición en copublicaciones público-privadas y, en particular, en empresas innovadoras que colaboran con agentes del ecosistema de ciencia, tecnología e innovación. Ambos indicadores reflejan la fortaleza de los canales de transferencia tecnológica vascos, como son la red de centros tecnológicos, CICs y agentes intermedios que conectan la generación de conocimiento con su aplicación empresarial. Por el lado opuesto, y en parte limitando los beneficios potenciales que esta transferencia podría generar para la región, el número de empresas vascas que innovan en producto o en proceso se encuentra en la parte baja de la UE.
Una transferencia tecnológica de calidad que llega a un número reducido de empresas limita el impacto agregado. En este sentido, como se recoge en el Cuaderno Orkestra, la estructura del tejido empresarial vasco juega un papel determinante. El 71% de las empresas industriales de Euskadi tienen menos de 10 empleados, y solo un 6% supera los 50 trabajadores. Y es que participar en procesos de transferencia tecnológica requiere de recursos económicos y de personal. El reto es, por tanto, tener un modelo optimizado a la demografía empresarial vasca que permita difundir el conocimiento y promover la conversión en aplicaciones orientadas a mercado en las empresas más pequeñas.
Pese a los cuellos de botella identificados, el mercado valida lo que el sistema de innovación vasco produce
Euskadi no destaca en el indicador de exportaciones de media-alta tecnología y se encuentra cercana a la media de la UE en productividad laboral, empleo en empresas innovadoras y en emisiones. Sin embargo, las ventas de productos que incorporan innovaciones muestran que la región obtiene muy buenos resultados de aquellos productos donde las empresas han introducido mejoras. Esto indica que la innovación de las empresas vascas es bienvenida por el mercado, lo cual se explica en parte por dos de los indicadores vistos anteriormente; i) un gasto alto en I+D por parte de las empresas y ii) unas tasas elevadas de colaboración en los procesos de innovación.
Implicaciones para la política de innovación
El conjunto de los resultados del RIS dibuja un sistema de innovación con una base habilitadora de primer nivel que no se traduce plenamente en actividad innovadora generalizada. A mi juicio, no es una señal de declive, sino la expresión de un sistema maduro que ha construido una infraestructura sólida pero que todavía no ha conseguido que sus beneficios lleguen al conjunto del tejido productivo.
Contar con una base científica, tecnológica y de capital humano bien desarrollada es precisamente la condición de partida más favorable para dar ese paso. Hacerlo requerirá políticas públicas orientadas a reducir las barreras que impiden a las empresas más pequeñas incorporarse al circuito de la innovación, desde instrumentos de acompañamiento y capacitación hasta mecanismos que faciliten el acceso de las pymes a los recursos del ecosistema vasco de ciencia, tecnología e innovación. La productividad, la digitalización y la innovación en procesos son las dimensiones donde el margen de mejora es mayor y donde las políticas públicas tienen más recorrido.
Más allá del RIS: hacia un análisis más completo del sistema vasco
Los resultados del RIS ofrecen una fotografía útil pero incompleta del sistema de innovación vasco. El índice está diseñado para capturar patrones comunes a regiones europeas muy diversas, y la disponibilidad de datos condiciona qué se mide y cómo. Algunas variables no reflejan bien las particularidades del modelo vasco. En mi opinión, uno de los casos más claros es el de la transferencia tecnológica, donde el RIS no captura el papel central que juegan los centros tecnológicos o los CICs como intermediarios entre la ciencia y la empresa.
Con este telón de fondo, el Informe de Competitividad del País Vasco 2026 se sumergirán de lleno en el análisis de la transferencia tecnológica y de los flujos de conocimiento, así como en su impacto sobre la innovación y los resultados empresariales. Profundizamos así en un pilar fundamental de la competitividad orientada al bienestar, especialmente relevante en un tejido industrial donde predominan las PYMEs, y que conecta directamente con muchas de las prioridades estratégicas y ejes de acción del Plan de Industria Euskadi 2030.

Aitor Sedano
Aitor desempeña actualmente el cargo de técnico de investigación en Orkestra. Es Máster en Economía, Aplicaciones Empíricas y Políticas Públicas, y Graduado en Economía, ambos por la Universidad del País Vasco.