El desarrollo económico es un pilar importante para el bienestar de las personas que viven en un territorio. Sin embargo, impulsar la competitividad de un territorio no es suficiente para promover el bienestar. Para garantizar el bienestar, el desarrollo económico y la innovación deben trabajarse con una direccionalidad, deben buscar el bienestar de las personas y la sociedad. En esta línea, a nivel internacional hay diferentes iniciativas que proponen ir más allá del Producto Interior Bruto para promover el desarrollo de un territorio: los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el sistema propuesto por las Naciones Unidas para medirlos, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Amartya Sen que se publica anualmente, o el Índice de Progreso Social son ejemplos de ello.

Por otro lado, en estos momentos nos enfrentamos a importantes desafíos globales generados por las tres grandes transiciones, que requieren un modelo renovado de competitividad que promueva el bienestar de las personas en un territorio. El desafío de la energía y el cambio climático; los retos que plantean la transformación digital y los avances tecnológicos en las actividades económicas, las capacidades de las personas y el trabajo del futuro; y los retos que plantea la transición demográfica en la salud y los cuidados, requieren de nuevas dimensiones en los análisis de la competitividad y el bienestar. Por ello, en Orkestra hemos estado reflexionando durante el último año para trabajar en este modelo renovado.

La competitividad al servicio del bienestar combina las dimensiones de los resultados económicos y empresariales con las dimensiones del bienestar humano (aquellas que se muestran en azul en el centro de la figura). Estas dimensiones y su interacción están condicionadas por dos conjuntos de elementos: por un lado, los elementos del entorno estructural territorial, que son difíciles de cambiar en el corto y medio plazo (recuadro de la parte izquierda). Por otro lado, las palancas dinámicas, (en la zona de la derecha), que pueden generar cambios en la competitividad que favorezcan el bienestar. Además, se agregan otros elementos transversales fundamentales: la inclusividad y conexión internacional. 

                                

El objetivo final sería promover el bienestar de la ciudadanía y para ello debemos buscar el bienestar de las personas que viven en un territorio en las siguientes seis dimensiones: (1) Condiciones de vida materiales: las dimensiones materiales de la vida (ingresos, vivienda ...). (2) Empleo: la cantidad y calidad del empleo. (3) Aprendizaje: el nivel de educación y formación y capacidad de aprendizaje. (4) Salud: la salud de las personas. (5) Vida social: las dimensiones sociales de la vida. (6) Medio ambiente: las condiciones ambientales.

Existe una interacción entre el bienestar de las personas y los resultados de la economía y las empresas, debiendo impulsar estrategias e iniciativas que hagan esta interacción lo más positiva posible en el territorio. Entre los resultados económicos y empresariales el modelo desarrollado en Orkestra distingue los siguientes: (1) Productividad y PIB per cápita: estos son los indicadores últimos de la competitividad económica de un territorio, ya que miden la capacidad de la economía territorial y el sistema empresarial para agregar valor. (2) Rentabilidad empresarial: Es el indicador último de competitividad empresarial y mide la capacidad de la economía territorial y del sistema empresarial para generar rentabilidad en sus actividades. (3) Innovación: Es un determinante clave de la competitividad de las empresas y el territorio, donde se mide la capacidad del sistema económico y empresarial para generar resultados de innovación. (4) La internacionalización de la producción y el comercio, se entiende como la capacidad del sistema económico y empresarial para expandirse al exterior. 

Como ya se ha mencionado anteriormente, el objetivo final del modelo de desarrollo de un territorio debe ser incrementar el nivel de bienestar de la ciudadanía. La competitividad y los resultados económicos son objetivos intermedios, no objetivos finales. Como metas intermedias, estas deben alcanzarse para aumentar el nivel de bienestar de las personas. No obstante, en la práctica, el bienestar de las personas y la competitividad y el desempeño de la economía y las empresas interactúan. Por ejemplo, un buen desempeño económico y empresarial puede conducir a un aumento del PIB, lo que conducirá a la creación de nuevos puestos de trabajo, un aumento de la renta per cápita, más inversión en educación y salud e incluso una mayor cualificación de las personas. Y todo lo mencionado anteriormente, aumentará la productividad y, a su vez, ofrecerá una mejora del rendimiento económico y empresarial.

Finalmente, hemos incluido dos dimensiones transversales en el marco. La primera de ellas es la inclusividad. Todas y cada una de las personas de la sociedad son diferentes en función de su edad, sexo, procedencia, etc. y estas características condicionan su nivel de bienestar. En este nuevo marco que acabamos de definir, buscamos que el bienestar sea inclusivo en dos sentidos: inclusivo para todas las personas, pero a su vez también haciendo partícipes y responsables a todas las personas de construir este modelo, desde sus respectivos lugares y responsabilidades. Por otro lado, está la conexión internacional. Esto se debe a que el bienestar requiere una corresponsabilidad entre las distintas generaciones de una sociedad (dentro de un territorio determinado y con otras sociedades) y una corresponsabilidad con las generaciones futuras.

En conclusión, este modelo debe ayudarnos a conocer las fortalezas de cada territorio en términos de competitividad y bienestar, ayudándonos paralelamente a identificar debilidades, desafíos y oportunidades. Eso es lo que hemos hecho en el Informe de Competitividad del País Vasco 2021: Construir la competitividad al servicio del bienestar que acabamos de presentar. Adicionalmente, este  nuevo marco debe ayudarnos a poner en marcha estrategias e iniciativas para el fomento de la competitividad al servicio del bienestar de las personas.

Todo esto requiere definir quién y cómo impulsar el modelo en cada contexto específico, y ese es precisamente uno de los principales retos que tenemos para construir una competitividad que esté al servicio del bienestar futuro.