En 2018 se puso en marcha el movimiento Fridays for the Future, fruto de la reivindicación de una joven sueca, Greta Thunberg, que cada viernes se manifestaba frente al parlamento para que Suecia se alinease con el Acuerdo de París. Este movimiento ha ido creciendo a nivel mundial y sus principales reivindicaciones giran alrededor de la necesidad de que los Estados se comprometan seriamente en la lucha contra el cambio climático y la protección del medio ambiente.

Ante esto, resulta sorprendente descubrir que, ya en noviembre de 1989, Margaret Thatcher había declarado ante la Asamblea General de Naciones Unidas: “Lo que estamos haciendo al planeta, degradando las superficies terrestres, contaminando las aguas y añadiendo gases de efecto invernadero al aire a un ritmo sin precedentes, es algo nuevo en la experiencia de la Tierra. Son la humanidad y sus actividades las que están cambiando el medio ambiente de nuestro planeta de forma perjudicial y peligrosa”. Es decir, tres décadas antes, ya se atisbaba en el Reino Unido el problema al que tenemos que enfrentarnos. De hecho, este país ha sido pionero en cuestiones energéticas y medioambientales.

Así, en el último estudio que hemos publicado sobre la transición energética en el Reino Unido, se presentaba al Reino Unido como un país con una larga trayectoria de políticas energéticas coherentes y estables en el tiempo, que podría decirse ha vivido varias transiciones energéticas. De hecho, y a modo de ejemplo, su sistema energético ha evolucionado a lo largo de los últimos cuarenta años, con el abandono del carbón doméstico, la puesta en valor de los recursos propios de gas y de crudo del Mar del Norte, la transformación de su sistema eléctrico hacia uno con mayor presencia de tecnologías renovables y con bajas emisiones, la reconstrucción de una opción nuclear creíble y la evolución hacia una economía progresivamente más baja en carbono.

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La estrategia de transición energética en el Reino Unido podría decirse, que se ha organizado alrededor de la lucha contra el cambio climático y, por ello, de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Así, hace más de una década, en 2008, el Gobierno del país aprobó la Ley de Cambio Climático (Climate Change Act), que contó con un fuerte apoyo de todos los partidos políticos y que vinculó al Reino Unido a unos ambiciosos objetivos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en 80% respecto a 1990 para 2050, que con posterioridad se actualizaron a un 100%. Con este fin estableció unos presupuestos de carbono quinquenales, que en la actualidad se extienden hasta 2032. Estos presupuestos restringen el volumen de emisiones que legalmente se pueden emitir en un periodo de cinco años.

En abril de 2013, el Gobierno implementó además un precio mínimo para el carbono (Carbon Price Floor, CPF), con el fin de lograr la inversión necesaria en reducción de emisiones que el régimen de comercio de derechos de emisión de la UE no había logrado. Así mismo, dicho año emprendió la reforma del mercado eléctrico.

La Estrategia de Crecimiento Limpio del Reino Unido (The UK Clean Growth Strategy), aprobada en 2017, estableció una inversión de más de 2.500 millones de libras en innovación baja en carbono como parte del mayor aumento del gasto público en ciencia, investigación e innovación en más de tres décadas. Esta inversión busca convertir al Reino Unido en líder mundial en nuevas tecnologías como la captura de carbono, las redes inteligentes y las celdas de combustible de hidrógeno. Esta estrategia ha desarrollado una lista con acciones y programas de financiación.

Como resultado, desde 1990, el Reino Unido ha reducido sus emisiones más de un 40%, y en la actualidad, alrededor de 400.000 personas en todo el país trabajan en negocios relacionados con la descarbonización y en sus cadenas de valor (desde los innovadores que desarrollan baterías eléctricas hasta los fabricantes de automoción que las instalan en sus vehículos). De hecho, se considera que es el país más exitoso del G-7 en la consecución de una economía en crecimiento, pero reduciendo emisiones. En la actualidad, el Reino Unido emplea tres veces menos carbono para producir una libra de PIB, en comparación con 1990.

El Reino Unido considera que está desarrollando de manera ágil una economía con cero emisiones. Así, en verano de 2018 alcanzó niveles máximos de producción solar. Este éxito va acompañado de un compromiso a 2025 de proceder al cierre de la generación con carbón, de manera que se posiciona como un país que, además, puede ayudar a otros en su proceso de transición post-carbón.

Conforme el país se preparaba para abandonar definitivamente la Unión Europea, uno de los objetivos de su industria era lograr un acuerdo con la UE que abarcara de manera específica la energía y el clima, dado que ello permitiría además de proteger el entorno, aprovechar nuevas oportunidades de crecimiento. Antes de su salida anunció la creación de un mercado británico de derechos de emisión que le acompañe en el reto y estableció regulación incluyendo un límite superior de emisiones para cada año hasta 2030.

La acción climática sigue siendo una estrategia económica pragmática y una de las oportunidades industriales de la actualidad. Así, habiendo conseguido considerables logros en la descarbonización de la electricidad y de los residuos, todavía queda mucho por hacer en el transporte, la edificación, la agricultura y los consumos térmicos industriales durante la próxima década. El objetivo sigue siendo basar su propio crecimiento limpio en la creación de negocios y tecnologías que descarbonicen estos sectores.

A pesar de todo, el Reino Unido está comprometido con la descarbonización, quizás respondiendo a lo que de acuerdo con el profesor Megginson estableciera otro británico, anterior a Margaret Thatcher; Charles Darwin “los que sobreviven son los que perciben con mayor precisión su entorno y se adaptan a él con éxito”.

 


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Macarena Larrea

Macarena Larrea, investigadora de Orkestra, es Doctora en Promoción y Desarrollo de Empresas por la Universidad del País Vasco. Realizó una tesis sobre la “Internacionalización de los costes externos de la producción eléctrica”.

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Etiquetas: Lab de energía