En un entorno incierto y cuando parece que las medidas tomadas para frenar el avance del virus van consiguiendo el efecto deseado desde un punto de vista epidemiológico, se da por seguro que el COVID-19 ha llegado para quedarse y condicionará nuestra forma de vida hasta que al menos se desarrolle y ponga a disposición generalizada la vacuna adecuada.

Llegará el momento en que el aplanamiento de la curva de contagios no comprometa la capacidad del sistema sanitario para tratar adecuadamente a las personas enfermas y sea necesario pensar en la forma de recuperar progresivamente la actividad económica. Irremediablemente, vamos a tener que idear unas formas de funcionamiento compatibles con la existencia de la enfermedad y la presencia continua del “inesperado invitado”.

La primera condición para la recuperación de la actividad de las empresas es que estas tengan la capacidad de seguir operando, es decir, que el período en el que su actividad se vea restringida sea el menor posible y no se vean abocadas al procedimiento concursal como consecuencia de la parada de la actividad y la necesidad de responder a los compromisos financieros. Para ello son necesarias las ayudas por parte de las administraciones públicas en cantidad y momento adecuados para cumplir con su cometido que se están articulando ya. Siendo esto así, inmediatamente surge la pregunta: ¿Y cómo va a ser la recuperación? ¿Cómo vamos a volver a arrancar la actividad industrial, económica, educativa, social?

Hay pocas cosas claras pero trataremos de apuntar algunas de ellas:

  • El proceso de recuperación no será exclusivamente regulado por las dinámicas económicas y va a requerir de planificación y control previsiblemente, por los poderes públicos, que regule las formas en las que las restricciones actuales se verán eliminadas. La variable sanitaria va a condicionar la actividad económica y modularla de forma importante.
  • A pesar de que hay autores que prevén una recuperación rápida en “V” de la actividad económica, existen diversos factores como los relacionados con la gestión epidemiológica, el impacto del COVID-19 en países con los que Euskadi tiene relaciones comerciales, la disponibilidad de mano de obra en cantidad y competencias adecuadas, la disponibilidad del fondo de maniobra necesario entre otros que parecen indicar un arranque progresivo y relativamente largo hasta alcanzar la situación previa a la crisis y que pueden condicionar de forma importante dicha recuperación.
  • El impacto y por tanto el proceso de recuperación de la actividad será variable en función del sector analizado. El porcentaje de gastos fijos y su capacidad de variabilización así como el apalancamiento son también aspectos que afectarán a la forma en la que las empresas se verán afectadas por esta crisis tal y como lo establece CERVED en un estudio sobre el impacto de la crisis en Italia. Parece razonable pensar que de manera global el proceso se pueda desarrollar de forma distinta en función del sector:
     
    • Sectores básicos esenciales como sanidad, cadena alimentaria, agua, energía, logística, industria farmacéutica, equipamientos médicos y otros conexos, servicios conexos como el mantenimiento o algunas tecnologías de información y comunicación y contenidos vehiculados por las mismas, etc... Estos sectores serán los menos afectados por las paradas.
    • Otros servicios básicos. Otros servicios del ámbito sanitario, educación, servicios sociales. El sector de educación fuertemente influenciado por su capacidad de hacer uso de la formación no presencial mediante el uso de las tecnologías de información y comunicación.
    • Sector manufacturero. A excepción de los mencionados anteriormente, tendrá una recuperación progresiva dependiendo del sector y de sus características de apalancamiento, demanda, disponibilidad de personal o dependencia de las exportaciones. Teniendo en cuenta el carácter fundamentalmente B2B de la industria vasca, estará condicionado por la situación y las estrategias adoptadas a nivel internacional.
    • Sector servicios distintos al primer grupo. Sector muy variado con evoluciones distintas. El sector de servicios a la empresa evolucionará de forma paralela pero con un retardo con respecto al sector industrial. Otros sectores, como el cultural en especial aquellos basados en la celebración de espectáculos, tendrán un arranque largo.

En cuanto a la forma de gestionar dicho arranque de actividades por parte de las Administraciones Públicas existen diferentes visiones: hay estudios como el realizado por el Imperial College que analizan la posibilidad de alternar periodos de relajación del confinamiento social con otros períodos de mayor rigor en función de la evolución de los contagios y de la carga generada por los mismos en las Unidades de Cuidados Intensivos de los hospitales. Sin embargo, este escenario sujeto a sobresaltos no parece el más adecuado para asegurar la estabilidad, la continuidad y la certidumbre de la actividad, tan necesarias para el mundo empresarial. Habrá que establecer una reanudación de la actividad progresiva y sin paradas y arranques continuos.

La maximización de la actividad económica sin poner en cuestión la capacidad del sistema sanitario, además del impulso de la prevención, requerirán de un impulso decidido y obligatorio de medidas en los siguientes ámbitos al menos hasta el desarrollo de una vacuna:

  • Definición y puesta en marcha de un cuadro de mando de las principales variables epidemiológicas y de los procesos de toma de decisión de reactivación o ralentización de la actividad en función de los sectores y la evolución de la coyuntura de cada uno de ellos. Será necesaria una concertación en este ámbito.
  • Mantenimiento de la actividad industrial minimizando riesgos en la empresa. Nueva organización de trabajo, turnos, puestos de trabajo, horarios, formación en rutinas de prevención COVID-19, etc. orientado a la prevención y a la detección.
  • Disponibilidad y uso de equipos de protección individual, paliando de forma progresiva las dificultades observadas durante la fase más dura de la pandemia.
  • Pruebas test de presencia de la enfermedad normalizados y realizados de forma sistemática tanto por la Administración Pública como por las empresas.
  • Fomento máximo del teletrabajo y distanciación física y modificación de los procesos asociados o generación de nuevos. Se convierte en una prioridad de la que dependen las operaciones de las empresas.

La preparación adecuada de estas medidas puede ayudar a una recuperación sostenible de la actividad económica y su planificación puede ser una buena tarea para los próximos 9 días tanto para las empresas como para la administración, trabajo que no requiere de una presencia física en el lugar de trabajo.


jabier retegi

Jabier Retegi

Doctor Ingeniero por la UPC, Ingeniero en Organización Industrial y Master en Ciencias Aplicadas (M.Sc.A.) por la Escuela Politécnica de Montréal e Ingeniero Mecánico por MU.

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Etiquetas: Lab de empresa