Reflexionando sobre cómo prepararse para un entorno post-COVID-19, durante la Conferencia Global del TCI Network, Sandy Baruah (presidente y director general de la cámara regional de Detroit) citó una regla innegable: “las recesiones económicas aceleran la tecnología y colocan a las personas trabajadoras no cualificadas en una posición de desventaja aún más acentuada”. Se trata de una observación importante en un momento en que los debates políticos se centran en cómo recuperarse de la crisis socioeconómica provocada por la pandemia de manera que se garantice la cohesión y la resiliencia de las economías del futuro.

Antes de la pandemia, la preocupación por los desequilibrios en las competencias ya estaba muy extendida. El Foro Económico Mundial puso en marcha en enero su Reskilling Revolution, una iniciativa destinada a proporcionar a 1 000 millones de personas mejores competencias educativas y empleos para el año 2030. La Nueva Estrategia Industrial para Europa de la Comisión Europea, lanzada en marzo, estimaba que 120 millones de europeos necesitarían mejorar sus competencias en los próximos cinco años. De hecho, la estrategia puso de relieve la necesidad de un nuevo Pacto para las Competencias que se pondrá en marcha en noviembre, para impulsar la acción colectiva de la industria, los gobiernos y los agentes sociales.

Los desequilibrios en las competencias a los que se enfrenta la industria encuentran su origen principalmente en las transformaciones estructurales necesarias para pasar a formas de hacer más ecológicas y digitales. El uso de tecnologías verdes y digitales, junto con los nuevos modelos comerciales que las acompañan en muchos casos, exigen diferentes tipos y combinaciones de aptitudes. Además, se observa una clara aceleración de la transición digital como respuesta a la pandemia, y las respuestas políticas en el marco del Next Generation EU Recovery and Resilience Facility pretenden también aprovechar este escenario para acelerar la transición ecológica.

De este modo, si bien la preocupación por el sistema de competencias ha estado relegado a un segundo plano en los últimos meses, a medida que cuestiones más urgentes han tomado prioridad, este seguirá siendo una pieza clave del rompecabezas para garantizar la capacidad de recuperación de nuestras economías en los próximos años.

La resiliencia es el foco del Informe de Competitividad del País Vasco 2020, documento que verá la luz el próximo 17 de noviembre. Una de sus conclusiones se basa en el análisis del sistema de competencias de la CAPV realizado para el Informe de 2019, para argumentar que el fortalecimiento de la capacidad de adaptación del sistema de competencias debe ser una palanca clave para crear resiliencia más allá de la pandemia.

Tener un sistema de competencias más ágil y adaptable, requiere otorgar a los agentes intermediarios un papel clave para que sean capaces de establecer vínculos eficientes entre las necesidades cambiantes de la industria y las organizaciones. De hecho, habría que ampliar el espectro de agentes que componen el sistema de competencias. Este vínculo debería producirse teniendo en cuenta las características específicas del lugar y sus las actividades, ya que existen importantes diferencias en las especificidades de los desequilibrios de competencias entre regiones y sectores.

A este respecto, un paper reciente elaborado por Orkestra para la European Cluster Collaboration Platform, explora el papel que los clústeres y las organizaciones de clústeres pueden desempeñar en el apoyo de las competencias para la industria. Destaca su potencial para reunir la inteligencia estratégica, las demandas y las capacidades de una amplia gama de agentes para adaptar las respuestas a los desequilibrios de las competencias. El paper cita una serie de ejemplos inspiradores, entre los que se incluye la alianza AS-Fabrik de Bilbao, donde las organizaciones clústeres están muy comprometidas con la resolución de los retos de las competencias, y argumenta que la política puede aprovechar mejor este potencial en varias áreas.

Las transiciones digital y verde ya venían ejerciendo presión sobre los sistemas de competencias regionales. La pandemia ha acelerado dichas transiciones y ha acentuado la necesidad de explorar nuevas soluciones que lleven la adaptabilidad y la agilidad de esos sistemas a nuevos niveles. Estas soluciones serán fundamentales para la capacidad de recuperación que las regiones tratan de crear post-COVID, donde los clústeres deberían ser una parte importante de ellas.


james wilson

James Wilson

James Wilson Orkestra-Lehiakortasunerako Euskal Institutuko ikerketa zuzendaria da eta Deusto Business Schooleko irakaslea.

Bere ikerrildo nagusiak eskualdeko lehiakortasunaren analisia, gizarte eta ekonomiako garapen prozesuak eta politika publikoak dira.

Perfil osoa ikusi