La investigación transformadora que desarrolla Orkestra es una investigación basada en las ciencias sociales, orientada a abordar problemas reales de la mano de los actores territoriales directamente implicados en retos identificados conjuntamente. Es una forma de hacer investigación que se desarrolla mediante diferentes aproximaciones metodológicas que se diferencian, entre otras cosas, por su nivel de interacción con los actores y por el posicionamiento del personal investigador en el proceso de investigación.

La investigación transformadora es congruente con una tendencia global que apunta a la ampliación de las fuentes de conocimiento en los procesos de investigación para que los resultados de dichos procesos sean accionables y sostenibles en la práctica. La investigación e innovación responsables o la ciencia ciudadana son ejemplos de aproximaciones a la investigación en las que el conocimiento académico interactúa con el conocimiento práctico de otros actores (empresas, administraciones públicas) o de la propia ciudadanía, para cogenerar resultados o innovaciones que aborden retos identificados conjuntamente.

De forma paralela a la expansión de estas aproximaciones a la investigación, las universidades y su personal investigador han venido experimentando una presión creciente por evidenciar el impacto social de sus actividades de investigación. Pero medir el impacto social de la investigación no es una tarea fácil. Mientras que el impacto académico se puede medir cuantitativamente bajo la forma de productos terminados (número de libros publicados, número de artículos científicos, número de conferencias académicas…), el impacto social es más difícil de evaluar porque se trata de procesos de cambio no lineales que suceden en tiempo real y cuyos resultados normalmente se dan en el mediano y largo plazos.

Ciertamente los indicadores son importantes porque proporcionan información simple y sintética que permite comparar y evaluar el desempeño, ayudando a orientar las políticas o el uso de los recursos. No obstante, los indicadores también tienen el poder de modelar el comportamiento. De hecho, un indicador es, en última instancia, una definición de lo que se entiende por algo y cuando se normaliza y extiende su uso esa definición se cierra. Un ejemplo es el caso del Journal Citation Report, un instrumento que permite comparar revistas científicas y evaluar su importancia relativa dentro de un mismo campo, que también se utiliza para evaluar la calidad de la producción académica del personal investigador y de las propias universidades.

Pero si tenemos en cuenta que el impacto social de la investigación no puede entenderse sin el contexto en el que ocurre, sabemos de antemano que no es posible medirlo con una fórmula general aplicable a todos los casos. De hecho cada proyecto de investigación tendrá que definir lo que entiende por impacto social y esa definición deberá ser el resultado de un diálogo con todos los actores implicados. A pesar de esto, en una revisión de la literatura sobre la evaluación del impacto científico, social y político de las ciencias sociales, se concluye que los sistemas de evaluación del impacto social se basan en aproximaciones que miden sobre todo el impacto académico.

Medir el impacto social de la investigación es entonces un reto en sí mismo, un reto fundamental porque los indicadores que sirvan para medir dicho impacto terminarán determinando la capacidad de las universidades y sus centros de investigación de ser actores proactivos en el desarrollo socioeconómico de sus territorios. La investigación transformadora de Orkestra no es ajena a este reto. Al tratar de abordarlo hemos aprendido algunas cosas y nos quedan por resolver muchas otras. A lo largo del año se irán publicando una serie de posts en el Blog de Orkestra que irán aportando a este debate. Aspiramos a que el ejercicio nos ayude a profundizar en nuestro propio proceso de reflexión y también contribuir a reflexiones similares que se estén desarrollando en otros contextos.