En los últimos meses hemos visto, discutido y reflexionado sobre las diversas estrategias que los gobiernos han implementado en diferentes momentos para hacer frente a la pandemia: confinamientos, obligatoriedad en el uso de mascarillas, cierre de actividades no esenciales, restricciones de movilidad, cierre de escuelas, etc. El grado de efectividad de cada una de estas estrategias depende de diferentes parámetros como la propagación del virus, la capacidad asistencial en los hospitales, la capacidad y estrategia de testeo y rastreo de casos, el comportamiento de grupos de individuos, etc. Por eso, a pesar de ser una pandemia global, su impacto es asimétrico de un territorio a otro.

El concepto de resiliencia, que es el concepto central de nuestro último Informe de Competitividad, ha sido ampliamente adoptado por la literatura de geografía económica para comprender por qué algunas regiones son más capaces de afrontar mejor las crisis económicas. La respuesta está en el concepto evolucionista de resiliencia, que se entiende por la capacidad de los territorios para resistir, adaptarse, responder y/o recuperarse ante un shock externo. Esta capacidad es diferente de un territorio a otro y depende de varios factores, como la historia o trayectorias regionales pasadas, la especialización industrial o las políticas públicas implementadas antes, durante y después del shock. Así, las políticas previas condicionan la vulnerabilidad actual, las políticas implementadas durante la emergencia impactan sobre la resiliencia a corto plazo y las políticas orientadas a medio y largo plazo contribuyen a la resiliencia futura.

En un informe que ha sido publicado recientemente, analizamos las medidas de política implementadas durante la primera fase de emergencia de la pandemia por el gobierno regional en tres regiones con características estructurales similares, incluida la especialización industrial: País Vasco, Baden-Wurtemberg y Alta Austria. Durante ese periodo, las restricciones fueron diferentes en las tres regiones, siendo más severas en el País Vasco que en las otras dos regiones, lo que afectó al impacto económico inmediato de la crisis reflejado en una mayor caída del PIB y del Índice de Producción Industrial en el caso vasco. Sin embargo, las medidas de política a corto plazo fueron similares en las tres regiones, cuyos objetivos se centraron en inyectar liquidez a las pymes y apoyar la transformación digital para que las empresas continuaran con su actividad. ¿Es esto una evidencia de que el contexto regional no es relevante para hacer frente a la pandemia? Para responder a esta pregunta, debemos incorporar a la ecuación la perspectiva de la resiliencia a medio-largo plazo.

Las medidas de política implementadas durante estos últimos meses han estado encaminadas a hacer frente a la recesión económica inmediata provocada por la limitación de la movilidad, por lo que son similares de una región a otra. Sin embargo, las medidas de política para la recuperación requerirán estrategias regionales ad hoc que consideren las especificidades y los activos regionales. La Comisión Europea ha lanzado una estrategia de recuperación (Next Generation EU) basada en una transición verde, digital y justa y condiciona los fondos europeos de recuperación a la alineación de proyectos hacia estas áreas. Considerando que los Estados miembros son el canal oficial para solicitar estos fondos, las iniciativas regionales deben ser incluidas en el núcleo de estas estrategias, ya que es en el contexto regional y local donde se implementarán los proyectos. Es aquí donde los mecanismos de cogobernanza marcan la diferencia, ya que se necesita una respuesta nacional-regional coordinada y fluida para no solo obtener fondos, sino también para contribuir a las misiones europeas verdes y digitales. Por tanto, los proyectos, las iniciativas y la innovación para la recuperación vendrán de las regiones.

Las regiones más resilientes (aquellas que se recuperarán más rápido y mejor) serán aquellas que tomen las transiciones digitales y ecológicas como una ventana de oportunidad para reorientar y transformar su economía. Por tanto, las medidas de política a medio largo plazo deberían orientarse hacia este objetivo atendiendo a los activos regionales. En este ámbito, la política industrial y de innovación puede jugar un papel clave para el desarrollo de nuevas actividades innovadoras y negocios orientados a las transiciones. Así, las regiones podrían aprovechar sus estrategias de especialización inteligente (S3) anteriores, ya que son políticas que incorporan algunos de los elementos clave necesarios para una recuperación basada en las transiciones

1. Direccionalidad
2. Experimentación como elemento central del proceso de descubrimiento emprendedor, en donde actores de la cuádruple hélice definen y priorizan las inversiones de innovación con potencial de transformación.
3. Modelo de gobernanza que incorpora múltiples niveles y actores

Sin embargo, las S3 necesitan evolucionar para hacer frente a la complejidad de los desafíos de estas transiciones (1) incorporando la digitalización y la sostenibilidad como líneas principales de direccionalidad; (2) yendo más allá de la experimentación tradicional a través de proyectos de innovación e incluyendo una mayor presencia de la voz de los usuarios en el proceso de descubrimiento emprendedor; (3) actuando dentro y fuera de la región, de forma que se definan e implementen proyectos de cooperación interregional para escalar los experimentos y contribuir a la misión europea.

¿Están todas las regiones en el mismo punto de partida?. Mi respuesta es no. Hay regiones en las que la digitalización y la sostenibilidad ya formaban parte de las S3 antes de la crisis, como por ejemplo el País Vasco, donde en los últimos años se han desarrollado activos industriales y tecnológicos específicos en el área de la energía, o la industria 4.0 por ejemplo, partiendo de una larga trayectoria de políticas industriales y energéticas. Por tanto, el País Vasco parte de unos mimbres sólidos para las transiciones. Además, uno de los principales activos del País Vasco es la fuerte cultura de cooperación y colaboración entre diferentes actores. Como reflejo de esto, podemos mencionar la larga trayectoria de la política clúster vasca, que también puede ser un motor para las transiciones.

En definitiva, a pesar de ser una pandemia global, las regiones y el contexto regional son importantes para la recuperación a medio y largo plazo.


edurne magro

Edurne Magro

Edurne Magro Orkestra-Lehiakortasunerako Euskal Institutuko ikertzailea senior da. Enpresen Lehiakortasunean eta Garapen Ekonomikoan doktorea da, Deustuko Unibertsitatean, europar aipamenarekin. Horretarako, egonaldia egin zuen Manchesterreko Unibertsitateko Manchester Institute of Innovation Research institutuan, Erresuma Batuan. Enpresen Administrazio eta Zuzendaritzan lizentziaduna da eta Berrikuntzaren eta Teknologiaren Kudeaketako Masterra egin du, Deustuko Unibertsitatean.

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