El Informe de Competitividad de Orkestra de 2018 ha vuelto a poner de manifiesto que, aunque el porcentaje de población con educación terciaria de Euskadi se sitúa entre los más altos de la UE (alcanza en 2017 el 50% en la población de 25-64 años de edad, frente a un 31% en la media europea), en los niveles intermedios de cualificación (esto es, en la secundaria superior o post-secundaria que no es terciaria) Euskadi se sitúa muy por detrás de la media europea (22% en Euskadi, frente al 46% en la UE28).

Uno de los factores que explica ese menor nivel de desarrollo del nivel intermedio de cualificación es el relativamente elevado porcentaje de población que en Euskadi no ha seguido sus estudios tras finalizar su período de educación obligatoria: 29% en Euskadi frente al 23% en la UE28. Pero verdaderamente quien señala lo que se podría conseguir en este campo es Finlandia, país en el que el porcentaje de los que abandonan sus estudios tras finalizar la secundaria inferior es solo del 12%. Esto es, más que impulsar a que la gente abandone sus estudios tras el bachillerato o la FP de grado medio, lo que habría conseguir es que la gente no los abandone con la ESO (o incluso antes).

"Euskadi está consiguiendo corregir el elevado porcentaje de población que no prosigue sus estudios tras finalizar la educación obligatoria"

En todos los países avanzados es creciente el aumento en el nivel educativo de la población, y ese crecimiento se debe al crecimiento de la población con nivel educativo terciario. No hay más que atender a las diferencias en nivel educativo según la edad: en la UE28, el porcentaje de población de 25-64 años con educación terciaria es del 31%, mientras que en el tramo de edad de 30-34 años es del 40%. Ese crecimiento de la población con educación terciaria es incluso a costa del de la población con nivel educativo intermedio que ve disminuir su peso: en la UE28 del 46% al 43% en los tramos de edad citados. En tal sentido, cabría sostener que Euskadi se encuentra un tanto avanzado en esa tendencia. Es más, Euskadi está consiguiendo corregir el elevado porcentaje de población que no prosigue sus estudios tras finalizar la educación obligatoria: pasa del 29% en el tramo de edad de 25-64 años al 20% en el de 30-34 años. Y lo que debería intentarse es proseguir en esa tendencia, hasta alcanzar las ratios actuales de Finlandia (10% para el tramo de población de 30-34 años; o incluso el 7% en el caso de las mujeres).

Pero quizá más que de niveles educativos deberíamos ocuparnos de la orientación de esa educación y de los ajustes entre la oferta educativa y las necesidades del tejido productivo y de la sociedad: las actuales y las que se prevén para el futuro.

Respecto a la primera, la distinción clave es la existente entre los estudios de educación general y los de formación profesional (FP). Conviene señalar a este respecto que hay una extendida confusión y que generalmente se identifica educación terciaria con educación universitaria, cuando también la FP de grado superior es educación terciaria. Precisamente, una de las razones detrás del alto porcentaje de población en Euskadi con nivel de educación terciaria es la fuerte implantación que en nuestra comunidad presenta la FP superior.

Desgraciadamente, las estadísticas europeas sobre la FP de nivel terciario no son nada homogéneas, pues la educación de tipo profesional que se imparte en institutos politécnicos equivalentes a nuestros ciclos de FP de grado superior se computa en bastantes países como educación universitaria. En general, en los países avanzados se aprecia que, dentro del nivel terciario, la parte correspondiente a los itinerarios de carácter más profesional muestra un dinamismo y crecimiento mucho mayor que el de los itinerarios más académicos y generales. El mayor crecimiento relativo que, en tal sentido, se observa en la FP de grado superior en Euskadi entronca perfectamente en esa tendencia. Quizá la mayor carencia a este respecto en Euskadi es que los centros que imparten esa FP de grado superior están regulados por una normativa propia de centros de educación secundaria, y no terciaria.

"Habría que conseguir que la población que abandona los estudios tras el período de educación obligatoria vea que hay procesos de aprendizaje más basados en la práctica"

Donde más claramente Euskadi se encuentra en desventaja con respecto a la FP de la media europea o de países como Alemania es en la de nivel intermedio (la que equivaldría a nuestra FP de grado medio). Lo que habría que conseguir es que la población que abandona los estudios tras el período de educación obligatoria vea que hay procesos de aprendizaje más basados en la práctica. Tales aprendizajes pedagógicamente van incluso bastante por delante de los que se aplican en la educación tradicional, pueden encajar mejor con su personalidad y abrirles vías diferentes de las seguidas hasta entonces para progresar en su formación y aumentar sus capacidades profesionales para el futuro.

Respecto a la segunda cuestión, el problema va más allá de la distinción entre educación general y profesional y presenta el dilema de demandas personales frente a necesidades sociales. Debido entre otras cosas a la fuerza de los estereotipos y a los equivocados referentes que con frecuencia proyectan los medios sociales y a la debilidad que presentan en nuestra sociedad los servicios de orientación profesional, muchos jóvenes demandan una serie de estudios totalmente desconectados de las necesidades, no solo del tejido empresarial, sino también de las necesidades futuras de la sociedad. Muchos estudios son fuente, no solo de un enorme coste social improductivo, sino también de canteras de personas que verán frustrados sus deseos de poder desenvolver su actividad en esos ámbitos. Es en este ámbito donde radica, en mi opinión, el mayor reto educativo de Euskadi.