29 de mayo de 2018

 

Todo apunta a que la robotización afectará al futuro del empleo. Según los estudios, se prevé que desaparezcan entre el 36% y el 50% de los puestos de trabajo actuales.

GraficoRobotizacionSi bien es cierto que la tasa de sustitución de empleos debido a la automatización es muy alta, también es importante subrayar que este mismo efecto impulsa un nuevo modelo de trabajo y generación de empleo. Pensando en positivo, la robotización permitiría la reducción de las jornadas laborales, lo que a su vez aporta tiempo libre a las personas para poder dedicarse al ocio, la investigación o desarrollo de nuevas ideas o productos.

Esta tendencia también ha hecho que algunas voces aboguen por la Renta Básica Universal, ya que, al robotizarse el trabajo, se puede generar la suficiente riqueza como para que todas las personas perciban una renta para cubrir sus necesidades. La cuestión es, ¿cómo se financiaría esta ayuda?

Susana Franco, investigadora de Orkestra y experta en aspectos relacionados con el empleo y el bienestar, reflexionó sobre este tema en los debates de Eztabai, junto a Antton Tomasena, Director General de Innovación, Tecnología e Internacionalización de la Diputación Foral de Gipuzkoa, y con el doctor Vincent Lefebvre, Director del área de Dirección y Emprendimiento de Audiencia de la Escuela Superior de Comercio de Nantes.

En dicha sesión hablaron de alternativas como los impuestos a los robots (propuesta que apoyan Bill Gates y el candidato socialista de las últimas elecciones presidenciales en Francia). No obstante, no queda muy claro qué clase de regulación podría ponerse a las empresas en este sentido. En este punto surge otra duda a resolver, ¿afectaría esta nueva regulación a la competitividad?

"La pregunta que nos tenemos que plantear como sociedad es el nivel de gasto público que queremos mantener y cómo lo vamos a financiar"

La respuesta a esta pregunta no está clara, sobre todo si se lleva a cabo de manera unilateral en algunos territorios. Este impuesto sobre los robots se traduciría en un impuesto sobre el capital, ya que no son los robots quienes lo van a pagar, sino los dueños de las empresas que los utilicen para producir. En este sentido, Susana Franco señala que "la pregunta que nos tenemos que plantear como sociedad es el nivel de gasto público que queremos mantener y cómo lo vamos a financiar". Si aumenta la productividad porque los robots son capaces de producir de manera más eficiente y la riqueza que se genera depende menos de la mano de obra, quizá tenga sentido que los impuestos a las empresas sean cada vez superiores para evitar que aumente la desigualdad. Una mejora de la competitividad que solo se traduzca en beneficio para una pequeña parte de la sociedad no parece ser lo más deseable.

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