Las ciudades y las áreas urbanas y metropolitanas serán posiblemente los escenarios más relevantes donde se desarrollará la batalla de la transición energética en los próximos años y décadas. Esto es así por tres motivos principales:

  • En la actualidad, más del 50% de la población mundial vive en ciudades y se prevé que este porcentaje aumente hasta cerca del 70% en 2050.
  • Las ciudades representan alrededor del 75% del uso final de energía y el 70% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero.
  • Los centros urbanos generan alrededor del 80% del PIB mundial.

La principal implicación de todas estas estadísticas es que los avances en la sostenibilidad medioambiental de las ciudades tendrán un enorme impacto en todas las dimensiones de la sostenibilidad de las sociedades y del planeta en general. Concretamente, abordar de manera eficiente y eficaz la calefacción de los hogares y el transporte urbano será esencial para el éxito de la transición energética en las ciudades, ya que representan más del 80% del consumo total de energía urbana.

La transición energética a nivel urbano implica la descarbonización total de todas las actividades humanas. Alcanzar las emisiones netas cero implica esencialmente (1) aumentar la cantidad de energía renovable en el suministro de energía (lo que puede lograrse aumentando la generación distribuida, como la energía solar en los tejados, por ejemplo, y otras fuentes de energía limpias), (2) aumentar la eficiencia energética (a través de un mejor aislamiento de los edificios y de tecnologías y equipos para gestionar activamente la demanda de energía, pero también optimizando el uso de materiales y energía desde una perspectiva de ciclo de vida (por ejemplo, a través de procesos circulares), y (3) descarbonizar la movilidad (lo que probablemente implicará una combinación de electricidad y otros combustibles limpios, un aumento de los servicios de transporte público, métodos alternativos de movilidad para los desplazamientos de primera y última milla, incluidos los desplazamientos a pie, en bicicleta y otras formas de micromovilidad, y una gestión optimizada e integrada del tráfico, la logística urbana y la movilidad de las personas).

¿Cuáles son los principales retos para las ciudades en relación con la transición energética?

Aunque los gases de efecto invernadero representan un reto para el planeta en su conjunto y su efecto es independiente de la ubicación de las emisiones, las ciudades sufren directamente el impacto de la contaminación debido a las emisiones de partículas (procedentes de los vehículos, la calefacción de los edificios y otras fuentes), las crecientes cantidades de residuos sólidos urbanos y otras formas de daño ambiental.

Todos estos efectos secundarios de las actividades humanas reducen la calidad de vida en las ciudades, creando una costosa carga, tanto económica como social y sanitaria. Responder al reto medioambiental debería ser, por tanto, un objetivo urgente y prioritario para las zonas urbanas de todo el mundo. Las ciudades que sean capaces de adaptarse y realizar las transformaciones necesarias de forma eficiente acabarán siendo más competitivas (es decir, más capaces de generar actividad económica sostenible y bienestar social) que las que se queden atrás en el proceso.

Además, muchos de los cambios necesarios para hacer realidad la transición energética deben producirse a nivel local, incluyendo la aplicación de las estrategias energéticas y climáticas elaboradas en los niveles superiores de la administración. Si adoptamos una visión amplia sobre la transición energética (en definitiva, la transformación de la economía en una economía de cero emisiones netas), esta implicaría cambios en la producción y el suministro de energía (especialmente con el desarrollo de recursos energéticos distribuidos), el desarrollo de infraestructuras clave de transporte, vivienda, energía y digitales, así como cambios en el comportamiento del usuario final en cuanto al consumo de energía y otros bienes y servicios. La escala de la transformación tecnológica es enorme a todos los niveles.

La creación de estructuras de gobernanza y procesos de toma de decisiones sólidas también representa un gran reto para las ciudades de todo el mundo. Aunque las autoridades locales son las mejores situadas para actuar a nivel local, a menudo se ven incapaces de actuar y aplicar cambios disruptivos, ya sea por motivos políticos, normativos y legales o financieros. Será necesaria una coordinación tanto vertical (es decir, entre los distintos niveles de gobierno) como horizontal (es decir, entre sectores, agentes y partes interesadas) para utilizar los recursos disponibles de forma eficiente.

Reducir sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero y la contaminación y los residuos en las ciudades implicará realizar profundos cambios en la forma de calentar los hogares, en la forma de viajar y moverse por la ciudad y en la forma de consumir bienes y servicios. Todos estos cambios requerirán grandes cantidades de inversión e innovación tanto tecnológica como no tecnológica.

¿Cómo se puede facilitar la transición hacia ciudades sostenibles de emisiones netas cero?

A la luz de estos obstáculos y desafíos, se plantea la cuestión de qué se puede hacer para inducir cambios que marquen la diferencia en términos de sostenibilidad.

En primer lugar, hay que adoptar un enfoque holístico de la planificación urbana, las políticas de transporte sostenible, la estrategia energética, etc. Resolver los problemas de sostenibilidad de forma integrada ayudará a utilizar los recursos disponibles de forma eficiente y evitará quedarse con soluciones parciales y de segunda categoría. En este sentido, debe garantizarse un nivel adecuado de coordinación entre los distintos niveles de la administración (local, regional, nacional...).

En particular, es necesaria una estrategia energética bien orientada para inducir un despliegue eficiente de las tecnologías de energías renovables y las inversiones en eficiencia energética, especialmente en el sector de los edificios. Es necesario encontrar una combinación adecuada de políticas de sustitución de combustibles (para el consumo de calor) y de políticas que induzcan a invertir en la renovación de las fachadas de los edificios, los tejados, etc., para alcanzar los objetivos de descarbonización de forma rentable, dadas las dificultades y los costes asociados al despliegue de las tecnologías más eficientes (por ejemplo, las bombas de calor) en determinados contextos.

En cuanto a la movilidad, es necesario encontrar un equilibrio entre las políticas que favorecen formas más sostenibles de transporte urbano (es decir, energías alternativas en la movilidad, como la electricidad y otras, modos de transporte alternativos y aumento del transporte público) y las necesidades y preferencias de los ciudadanos. Aunque las políticas de “mando y control” (por ejemplo, la restricción del uso del coche privado en el centro de las ciudades) pueden ser eficaces, también pueden debilitar el apoyo social a las transformaciones profundas. Un enfoque gradual y consensuado de la transformación de la movilidad urbana con una hoja de ruta clara y una visión a largo plazo puede tener más impacto a medio y largo plazo.

El desarrollo de infraestructuras digitales, de transporte y energéticas avanzadas será esencial para facilitar la adopción de conceptos y soluciones de "ciudad inteligente". Esto implica avanzar en la digitalización de las infraestructuras existentes y en la digitalización de los procesos operativos y de gestión para crear efectivamente redes inteligentes de transporte y energía. El desarrollo de redes energéticas inteligentes será especialmente relevante, ya que pueden facilitar la integración del sistema energético, abarcando una amplia gama de tecnologías energéticas y de uso final (en edificios, transporte, etc.). En particular, las redes eléctricas inteligentes tendrán que acompañar el crecimiento de los recursos energéticos distribuidos, incluidos el vehículo eléctrico y las tecnologías de almacenamiento de energía.

Un impulso a los procesos y modelos de negocio de la economía circular ayudará a reducir los residuos urbanos (e, indirectamente, las emisiones) y a crear valor económico vinculado a la monetización de los materiales y productos reciclados. No obstante, la aplicación de programas de economía circular requiere trabajar tanto en el lado de la oferta como en el de la demanda del mercado, creando los incentivos adecuados para que las empresas pongan en marcha nuevos modelos de negocio y para que la ciudadanía y las empresas se comprometan activamente con el reciclaje y otras actividades de economía circular.

El fomento de la innovación a nivel de las ciudadades también será necesario para descarbonizar con éxito las economías urbanas. Las ciudades también pueden actuar como un laboratorio de innovación. Las nuevas soluciones, que pueden ir desde innovadores "distritos energéticos inteligentes" (o edificios) hasta nuevas formas de servicios de movilidad, pilotos de movilidad automatizada o nuevas tecnologías para el control y la gestión del tráfico, pueden desplegarse y probarse a pequeña escala con un coste relativamente bajo, lo que permite ampliar las que tengan éxito. La creación de un entorno adecuado para el desarrollo de nuevos modelos de negocio que impliquen la gestión de la energía y los nuevos servicios de movilidad (por ejemplo, la movilidad como servicio, MaaS) será crucial.

Por último, un marco normativo local sólido, con señales e incentivos económicos adecuados, proporcionará el trasfondo necesario para las inversiones y para los cambios en las preferencias y elecciones de los ciudadanos respecto al uso de la energía y la movilidad. Hay muchos diseños normativos que pueden inducir la sostenibilidad pero, probablemente, los más factibles incluyen combinaciones de mandatos (por ejemplo, requisitos para los nuevos edificios, renovación de los antiguos, etc.) y políticas restrictivas (en relación con la movilidad, el uso de los espacios públicos, etc.) con señales económicas directas (subvenciones para promover el cambio tecnológico o impuestos y tasas locales específicas, entre otras). Los marcos normativos locales, por supuesto, deben estar en sintonía con las normativas de nivel superior a nivel provincial/estatal, nacional y de la UE.

La importancia de conseguir fondos para financiar la transición energética urbana

Además de todos los factores mencionados anteriormente, una palanca clave del éxito para la profunda transformación que se requiere para lograr resultados sostenibles será la capacidad de las ciudades para atraer suficientes recursos financieros y capital para financiar las inversiones necesarias, especialmente en un contexto de presupuestos fiscales ajustados y una feroz competencia por el escaso capital.

El reto principal es doble. En primer lugar, será necesario atraer capital de fuentes como las administraciones de mayor nivel (es decir, regionales o nacionales) o los fondos disponibles dentro del plan de recuperación de la UE (NextGeneration EU) para complementar la fracción del presupuesto local que puede destinarse a programas de cambio climático y adaptación al clima. Además, hay que idear planes de financiación innovadores para atraer capital privado y, en concreto, capital de instituciones financieras y no financieras.

El desarrollo de un entorno dinámico para la financiación sostenible a nivel local será una palanca de la competitividad urbana (Fernández Gómez & Larrea Basterra, 2021) y debería, por tanto, ser una prioridad para los gobiernos locales.

El caso del Gran Manchester, analizado recientemente por Bellinson et al. (2021), ofrece un ejemplo de cómo diseñar y articular estrategias innovadoras de financiación sobre la base de nuevos enfoques de cooperación público-privada y en el ámbito más amplio de una estrategia energético-climática que pretende alcanzar la neutralidad de carbono en la región para 2038. 

La Greater Manchester Combined Authority (GMCA), creada por las ciudades de Mánchester y Westminster en 2011, tiene amplias competencias en ámbitos como el transporte, las competencias y el empleo, el suelo y la vivienda, los servicios públicos como la sanidad y la asistencia social, y las finanzas. La GMCA es responsable de liderar el proceso de descarbonización y de establecer una estrategia (basada en la innovación orientada a la misión - véase Mazzucato (2018)) y planes de acción para alcanzar el objetivo declarado de neutralidad en carbono.

Dado que el GMCA no gestiona un presupuesto específico para financiar programas alineados con la misión declarada de neutralidad de carbono y que la dificultad para apoyar actividades innovadoras a través de subvenciones es cada vez mayor (debido a las restricciones fiscales y presupuestarias generalizadas), ha tratado de identificar formas alternativas de financiar proyectos y movilizar capital privado. Para ello, ha creado el Fondo Medioambiental del Gran Manchester, que reúne recursos del sector público, fundaciones, organizaciones filantrópicas, empresas y otras partes interesadas para alimentar "subfondos" que financiarán proyectos específicos de sostenibilidad (con objetivos sociales, financieros y/o medioambientales).

La estrategia del GMCA se basa, por tanto, en esquemas a medida que alinean los objetivos de sostenibilidad con los objetivos e intereses de los diferentes actores implicados. Entre las herramientas que se utilizan para generar flujos de capital se encuentran la contratación pública selectiva, los fondos de riqueza urbana, la financiación inicial y los premios de desafío/innovación, los mecanismos de reparto de valor (por ejemplo, el reparto de beneficios entre inversores públicos y privados), las subvenciones para proyectos de organizaciones financiadoras, la alineación entre los intereses de los accionistas de las empresas privadas y los objetivos de los proyectos, la creación de activos invertibles a partir de soluciones basadas en la naturaleza, los bonos municipales, etc.

Aunque no existe una solución única y cada ciudad se enfrenta a sus propias circunstancias específicas (por ejemplo, la situación financiera, los tipos de actores e instituciones, la normativa, etc.), el caso del Gran Manchester pone de manifiesto los beneficios que la innovación en la financiación y la cooperación público-privada pueden aportar para garantizar los flujos de capital para financiar la innovación en materia de sostenibilidad en el contexto urbano.

Algunas observaciones finales

La aceleración de la transición energética en las ciudades aportará importantes beneficios medioambientales tanto a nivel local como mundial. Estos beneficios irán acompañados de numerosas oportunidades de crear valor económico y social y de fomentar la innovación tecnológica y no tecnológica. La transformación de las ciudades en ciudades sostenibles e inteligentes también contribuirá a nutrir el ecosistema local de empresas y compañías industriales especializadas en los equipos e infraestructuras de bajas emisiones necesarios y en nuevos servicios para los habitantes de las ciudades.

Sin embargo, para avanzar en la metamorfosis urbana, habrá que superar una serie de retos tecnológicos, normativos, financieros y culturales. Podría decirse que las cuestiones más apremiantes en relación con los cambios que se avecinan están relacionadas con (1) cómo pueden orientarse las preferencias y actitudes de los ciudadanos y consumidores urbanos de forma que apoyen cambios innovadores y radicales alineados con los objetivos de sostenibilidad, y (2) cuáles son las formas más eficientes y eficaces de inducir las inversiones necesarias (en infraestructuras energéticas, eficiencia energética en edificios y hogares o movilidad sostenible).

Referencias


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Jorge Fernández

Jorge Fernández es investigador sénior y coordinador del área de energía de Orkestra, desde marzo de 2018. Doctor en Economía por la Universidad de Georgetown (Washington DC), Jorge cuenta con una amplia experiencia profesional en el sector de la energía.

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