Estas líneas siguen la serie de posts iniciada por Miren Estensoro y Mikel Albizu para profundizar en la competitividad urbana, en esta ocasión poniendo el foco en uno de los principales retos que afrontan las ciudades de cualquier tamaño y geografía: la adaptación de su transporte a un modelo de movilidad sostenible. En concreto, cómo una concepción intermodal de la misma es necesaria para integrar tendencias emergentes y dar respuesta a diferentes demandas que una ciudad competitiva debería tener en cuenta.

El del transporte es un desafío dinámico y en constante evolución, cuyo potencial transformador ya dejan intuir Mikel y Miren en su segundo post al comparar los grandes cambios urbanos (sobre todo los tecnológicos) con la irrupción del automóvil en las ciudades. De hecho, algunos de los impactos que describen en relación al teletrabajo guardan gran relación con los principales ámbitos que, según Banister (2008), definen la movilidad urbana sostenible. Así, cabe destacar cómo el teletrabajo impulsado por las TIC posibilita una reducción de los desplazamientos a los lugares de trabajo y dinamiza otras áreas urbanas con nueva actividad y consumo. Por otra parte, el modelo o “paradigma” de movilidad sostenible en las ciudades que propuso Banister incluye también una apuesta por la intermodalidad y una mayor eficiencia energética.

Esto es muy relevante porque la competitividad de las ciudades y de su entorno regional en el futuro estará en gran medida condicionada por cómo estas afrontan los cambios en cada uno de estos ámbitos, que vendrán influidos por factores con cierta incertidumbre, como la innovación tecnológica, las tendencias socioeconómicas y los crecientes desafíos medioambientales.

Aunque cada ciudad tiene sus propias necesidades y capacidades, a veces puede ser útil fijarse en las experiencias de sociedades que han marcado hitos en sus avances hacia la descarbonización del transporte para extraer aprendizajes. En materia de vehículo eléctrico, por ejemplo, uno de los casos más emblemáticos que se suele señalar es Noruega. Un país que lidera la electrificación del transporte en Europa año tras año y al que ya habíamos prestado atención en Orkestra hace unos años.

Pero Noruega no es solo movilidad eléctrica. Este verano tuve la suerte de visitar el país y pude observar in situ algunos de los puntos fundamentales de su Plan Nacional de Transporte, entre cuyos cinco pilares está la conexión entre transporte y competitividad. Estas son algunas de las reflexiones que me he traído de allí.

1. No es fácil acomodar el tsunami de la micromovilidad compartida

En muchas ciudades, especialmente en las grandes urbes, poco a poco nos hemos ido acostumbrado a la presencia de patinetes eléctricos (e-scooters), que han crecido en popularidad y número de proveedores.

Las ciudades noruegas no son una excepción y, de hecho, su demanda ha superado todas las expectativas, hasta el punto de que Oslo puede ser considerada la ciudad reina en Europa de esta forma de micromovilidad. Este año las autoridades nacionales y locales se han propuesto regular su uso y limitar una “superpoblación” de unidades que ha adquirido la categoría de problema, en parte debido a los accidentes provocados y a las dificultades en gestionar una flota que obstaculiza las calles y genera residuos. Un análisis del Instituto de Economía del Transporte (TØI) noruego señala que este medio en Oslo no supone un impacto significativo en reducción de tráfico y que ante todo sustituye formas de movilidad activa, esencialmente caminar; mientras que un informe del Foro Internacional del Transporte (ITF) menciona que este asunto ha causado “condiciones caóticas” en zonas populares de Oslo.

A la izquierda, patinete eléctrico junto a la catedral de Oslo fuera de su estacionamiento; a la derecha, patinetes dispersos delante de la Universidad de Oslo. En el centro, pintada en el puerto de Bergen, [creo que] de Erna Solberg, primera ministra de Noruega, posiblemente ironizando sobre la introducción de esta forma de movilidad. Fuente: fotografías propias.

No obstante, ambos trabajos aprecian potenciales beneficios en combinación con el transporte público, como un papel de última milla dentro de combinaciones intermodales amplias, o capacidad para favorecer la interacción social. Teniendo en cuenta que la demanda proviene esencialmente de generaciones jóvenes, las ciudades tendrán que encontrar en el corto plazo fórmulas para integrar adecuadamente esta forma de movilidad compartida.

2. La protección del entorno regional es también responsabilidad de una ciudad competitiva

Uno de los estudios antes mencionados ilustra la combinación intermodal de los e-scooters con las líneas de ferry. La descarbonización de los barcos en las vías navegables es importante para los países donde esta forma de transporte tiene peso, como Noruega, o en general para la UE por su rol dentro de la Red Transeuropea de Transporte (TEN-T). Es un ámbito ligado al papel clave de los puertos en la transición energética, como nos explicará dentro de poco Macarena Larrea en un próximo cuaderno del Lab de Energía.

Por esta razón, la descarbonización de las ciudades requiere tener en cuenta la adaptación de los puertos y vías navegables de su entorno, pues como recuerdan Miren y Mikel en su post inicial, la competitividad urbana puede abordarse desde una perspectiva territorial y multiescalar. Algo que se refleja bien en el turismo noruego, cuya actividad económica va ligada a poblaciones que actúan como base urbana. Un ejemplo es Bergen, desde donde parten rutas para recorrer fiordos en ferry. La instalación de infraestructura de recarga en el inicio y final de los recorridos permite utilizar embarcaciones completamente eléctricas que reduzcan la contaminación.

Un operario conecta un ferry eléctrico a la terminal de recarga en el muelle de Gudvangen, en un extremo del Nærøyfjord. Fuente: fotografía propia.

Así, reducir el impacto del turismo u otras actividades en el entorno es importante para lograr ciudades sostenibles en un sentido amplio. En un post reciente del ICCT (1), se advierte de la importancia de electrificar el transporte por ferry en las zonas turísticas tras la recuperación post-pandemia, y señala que otros países pueden inspirarse en la experiencia de Noruega o Dinamarca.

3. La verdadera intermodalidad va por tierra, mar y aire

Hay un elemento común que potencia todo lo mencionado hasta ahora: Entur. Se trata de una plataforma digital de planificación de rutas dependiente enteramente del Ministerio de Transporte(2), que nació como reinvención del servicio de billetes de la compañía nacional de trenes tras la liberalización del sistema ferroviario noruego y la necesidad de simplificar el uso del mismo.

Entur se encarga de colaborar con las compañías de movilidad y emplea un formato estandarizado para recoger, tratar y compartir datos del transporte público. Esto le permite calcular rutas para los usuarios combinando diferentes modos de movilidad, desde transporte aéreo a última milla (incluyendo los anteriores, e-scooter y ferry), con un enfoque flexible que permite personalizar las rutas con variables como paradas favoritas o a qué velocidad caminamos cada uno.

                                        

Panel para configurar rutas que encuentra un usuario de la app o web de Entur. Fuente: Entur.

En línea con lo que hemos analizado en Orkestra sobre los nuevos modelos de negocio para la movilidad sostenible, Entur es un buen ejemplo de cómo se cultiva la intermodalidad en base a la digitalización y la cooperación público-privada. Muestra el potencial de esta combinación para hacer más competitivas las compañías de transporte y los desarrolladores digitales, que pueden conectarse a la plataforma para proveer información a los viajeros, innovar y crear nuevas soluciones. El propósito de este servicio nacional busca también favorecer un uso sostenible de los recursos del ecosistema de movilidad, de manera que cada compañía no necesite desarrollar y mantener su propio sistema de información. Así, el sistema aspira a evolucionar de manera que, bajo un mismo pago, se disponga de distintos billetes con diferentes operadores, y que la transversalidad del modelo permita a una compañía vender billetes de otras.

Estos son solo pequeñas muestras de cómo la movilidad sostenible es un campo estratégico para lograr ciudades y regiones competitivas, pero ilustran bien la importancia de innovar con una perspectiva intermodal amplia.



Jaime Menéndez

Jaime Menéndez

Jaime se unió en 2015 al Instituto como investigador predoctoral del Lab de Energía, donde ha participado en los proyectos "Transiciones Energéticas e Industriales" y “Tecnología, Transporte y Eficiencia”.

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