Conocí el País Vasco como un caso de éxito de desarrollo económico a mediados de la década de 1990. Por aquel entonces yo era un estudiante de grado en la Universidad de Warwick, y el difunto profesor Keith Cowling dedicó una sesión al País Vasco y a la Corporación Mondragón como parte de su asignatura de tercer curso sobre política industrial. En aquella época, la propia noción de política industrial iba muy en contra del pensamiento dominante sobre el desarrollo económico, pero hoy en día la situación ha cambiado mucho.

Ahora se reconoce ampliamente que las regiones necesitan un enfoque estratégico del desarrollo económico que se construya firmemente en torno a sus puntos fuertes industriales y que fomente la transformación de sus industrias a lo largo del tiempo. Durante la última década se ha animado a las regiones de toda Europa a elaborar "estrategias de especialización inteligente" que den prioridad a las inversiones en investigación e innovación en función de los puntos fuertes industriales y de las posibilidades de diversificación hacia nuevas vías.

En el contexto de este enfoque estratégico del desarrollo económico, el caso vasco sigue siendo fascinante por sus éxitos durante un largo periodo de tiempo, su enfoque industrial y su preocupación subyacente por el desarrollo inclusivo. De hecho, hoy en día sigue siendo una región fuertemente industrial y se encuentra entre las 30 primeras regiones europeas tanto en PIB per cápita como en tener un bajo porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social.

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Tras la creación de las comunidades autónomas en España a finales de la década de 1970, una administración regional recién formada se embarcó en una estrategia industrial que en aquel momento desafiaba el desprecio generalizado por la política industrial. Partiendo de la necesidad de promover una importante reestructuración industrial durante la década de 1980 en respuesta a una profunda crisis económica, la estrategia evolucionó durante la década de 1990 hacia una construida en torno a los clusters industriales y orientada a mejorar la eficiencia, fomentar la diversificación no basada en la I+D y promover la internacionalización. En la década de los 2000 la estrategia evolucionó hacia un enfoque sostenido en la innovación y la diversificación industrial impulsada por la ciencia.

Las características clave de esta estrategia han sido ampliamente analizadas hasta mediados de la década de los 2000 y son objeto de un caso de la Harvard Business School sobre estrategia para el desarrollo económico escrito por Michael Porter, Christian Ketels y Jesús Mari Valdaliso. Sobre la base de este trabajo anterior, un reciente estudio de Orkestra ha actualizado el análisis de la estrategia del País Vasco centrándose en el periodo comprendido entre el inicio de la crisis financiera de 2008 y el comienzo de la pandemia de COVID-19 en 2020. Durante este periodo, la estrategia se ha basado en los fundamentos de periodos anteriores para sobrellevar con relativo éxito la crisis financiera que caracterizó la primera mitad de la pasada década y generar mejoras continuas en los resultados económicos y sociales. Entre sus principales características se encuentran:

  1. La selección de prioridades estratégicas y nichos de oportunidad mediante una estrategia explícita de especialización inteligente
  2. La reorganización de la red de ciencia, tecnología e innovación y la adaptación del ecosistema de competencias a las necesidades de la industria
  3. El cambio de orientación hacia la innovación no tecnológica como complemento de la innovación tecnológica
  4. El refuerzo de los mecanismos de gobernanza interna y externa.

El análisis de este último periodo de una estrategia industrial consolidada ofrece ideas tanto para los próximos pasos de la propia estrategia vasca como para otras regiones que busquen implementar estrategias a largo plazo.

En lo que respecta al futuro de la estrategia vasca, esta debería estar marcada por la necesidad general de abordar las transiciones socio-demográficas, energético-ambientales y tecnológico-digitales de forma que se afronten los principales retos de la sociedad y, al mismo tiempo, se generen ventajas competitivas para la industria vasca. En concreto, esto requerirá orientar las actividades económicas, científicas y tecnológicas hacia transiciones sostenibles, fortalecer aún más las capacidades de los actores intermedios y mejorar la gobernanza colaborativa, impulsar la ambidestreza a través de la cual las PYMEs exploran nuevos caminos al tiempo que explotan los existentes, integrar mejor el lado de la demanda en las políticas de inversión e infraestructuras, y promover la innovación del sector público y social.

En cuanto a lo que se puede aprender de la experiencia vasca para otros lugares, veinticinco años después de conocer el caso vasco de la mano de Keith Cowling, yo diría que sigue siendo un caso muy valioso para los interesados en comprender y promover las estrategias industriales a largo plazo. Sobre todo, hay lecciones clave relacionadas con:

  • La orientación de la estrategia hacia la competitividad inclusiva
  • La proactividad a la hora de asumir riesgos calculados
  • El foco en las fortalezas industriales existentes que conducen a la diversificación
  • La preocupación por construir capacidades políticas profundas para el pensamiento estratégico y su implementación
  • La combinación de una estrategia local que reconoce la importancia de la apertura internacional


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James Wilson

James Wilson es director de investigación de Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad y profesor de la Deusto Business School.

Su principal área de investigación es el análisis de la competitividad regional, de procesos de desarrollo socio-económicoy de las políticas públicas.

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