Aún recuerdo las clases de biología en el Instituto y en particular aquella en la que nos explicaron la diferencia entre animales homeotermos y poiquilotermos. Las iguanas se encuentran dentro de este último grupo y no hace falta más que ver cómo salen a aprovechar la energía del sol en cuanto el astro rey brilla en el firmamento. Pues bien, viendo a estos animales durante mis últimas vacaciones, me vinieron a la mente los trabajos que terminamos sobre el sector energético de Chile en 2018.

En este sentido, cada vez que nos planteamos el análisis de la política energética de un país, hay que tener en cuenta las especificidades de este. Podríamos pensar que todo es más sencillo de lo que parece pues en última instancia ¿qué es lo que buscamos? Un suministro seguro, asequible y sostenible. Sin embargo, la geografía, la política, la historia y la economía influyen de una manera, en ocasiones, decisiva en las decisiones sobre el sector. En efecto, Chile es un ejemplo de ello.

"La estrategia de aprovechamiento de la energía solar tiene su consecuencia directa en la reducción de precios"

Este país andino, que cuenta con una geografía particular (4.000 kilómetros de longitud por entre 90 y 445 kilómetros) se enfrenta, como la mayor parte de los países del mundo, al reto de la transición hacia una economía baja en carbono, algo que en el ámbito de la energía está afrontando de manera destacable, aunque con menos reconocimiento que los casos de las transiciones energéticas de países más próximos a nosotros como Alemania o Francia.

En 2014 publicó su Agenda Energía y en 2015 el Plan Energía 2050, que podría asemejarse a la planificación para una transición energética que les está empujando al desarrollo de las energías renovables, muy especialmente de la solar fotovoltaica, que les deberían dotar de una mayor independencia energética.

Sin embargo, no es la única, como fuente renovable, la energía hidráulica es también opción relevante y que además ha sido tradicionalmente aprovechada en Chile. Sin embargo, presenta una mayor inestabilidad de generación, debido a la variabilidad de la producción y a las grandes sequías que el país sufre cada 10 años y que junto con los problemas de suministro del gas han ocasionado importantes tensiones en el suministro energético del país. Respecto a la biomasa en calefacción, que ha sido tradicionalmente muy empleada en el sur del país, se busca ahora su sustitución (a diferencia de lo que sucede en el resto del mundo) por los problemas de calidad del aire que estaría ocasionando.

Por otra parte, tras su fracasada experiencia de dependencia del gas argentino, Chile acometió una transformación que le llevó a construir dos centrales de regasificación (Quintero y Mejillones), que le han permitido diversificar el origen del gas y sustituir por fin el fuelóleo en la generación eléctrica.

El sector eléctrico ha acometido la interconexión de los dos grandes sistemas, el SIC (Sistema interconectado central) y el SING (Sistema interconectado norte grande) lo que le dota de una mayor fiabilidad y flexibilidad, y le permite y permitirá verter al sistema la energía eléctrica de origen solar generada en el norte (del desierto de Atacama, que se considera como una de las mejores ubicaciones para la energía solar del mundo) para su consumo en los principales núcleos poblacionales del centro.

"Los procesos de trancisición energética abren oportunidades a las empresas españolas que además de experiencia tienen un profundo conocimiento de las mejores tecnologías disponibles"

Visto lo anterior, así como las iguanas, Chile está realizando en su proceso de transición energética una gran apuesta por la energía solar. En efecto, gran parte de los cambios que se están produciendo en este país van acompañados de un creciente aprovechamiento del recurso energético solar, del que dispone en abundancia y que se ha convertido en un elemento relevante de su transformación. También es cierto que la eólica está desempeñando un papel importante. Esto le puede permitir, viendo los precios de las últimas subastas de 2017, un servicio eléctrico en condiciones de precio favorables para los consumidores industriales que además compiten en el ámbito internacional y que hasta recientemente se enfrentaban a los precios de la energía más elevados de la región.

Igualmente, estos precios más reducidos pueden trasladarse a los consumidores domésticos. Una situación que les beneficiaría, al contrario de lo que está pasando en otros países, donde son los consumidores domésticos los que soportan la carga principal de los procesos de transición (Francia y Alemania).

Estos procesos de transición, además, abren oportunidades a las empresas españolas, que tienen una gran experiencia en el sector y un profundo conocimiento de las mejores tecnologías disponibles. Enagás o Naturgy en el gas; Solarpack, Cox Energy, OPDEnergy o Grenergy en solar y Ormazabal y Arteche en redes eléctricas, son algunos de los ejemplos que tienen proyectos de diferente naturaleza en Chile. En este sentido, Chile ha sido un país atractivo para invertir en renovables, habiéndose posicionado en 2016 como cuarto país más interesante del mundo tras EE.UU., China e India.

Así las cosas, la experiencia chilena requiere ahora de tiempo para ver si este proceso de transición se concluye de manera satisfactoria para todos los consumidores (precios y garantía de suministro) y agentes y bajo criterios de sostenibilidad ambiental, con un aprovechamiento creciente del sol, tal y como hacen las iguanas en todo el mundo y las iguanas chilenas que residen en Atacama también. Desde aquí les deseamos grandes éxitos.

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