2. Por qué la Economía Digital

A finales del siglo XX, la entonces denominada “informática” vivió momentos intensos de desarrollo, con motivo del llamado “Efecto 2000” y con el auge inicial de Internet, lo que también condujo a la primera de las crisis digitales: la crisis de las puntocom.

Durante años se ha venido hablando de Sociedad de la Información, referida principalmente a la incorporación de la informática a las empresas y los hogares de los ciudadanos, donde el acceso y uso de Internet como infraestructura de comunicación de uso general desempeñaba un papel clave. Esto incluía, entre otros aspectos, el empleo de sistemas tecnológicos en el hogar y en la empresa, el comercio electrónico o la telefonía móvil.

El horizonte plenamente tecnológico que se vislumbraba, en cambio, parecía estar más lejano en el tiempo, pero los desarrollos científicos y su posterior implantación real en empresas digitales ha acelerado la revolución digital. En la actualidad, la profundidad de los cambios se extiende a todas las facetas de la economía y la vida de cada vez más personas, al tiempo que internet se consolida como un nuevo medio natural en el que nos desenvolvemos en la vida cotidiana, en los negocios y en las relaciones con las administraciones públicas y las autoridades.

La actual promesa de la digitalización consiste, no solamente mejorar optimizando procesos y negocios, aumentando de manera drástica la productividad, sino catalizar la innovación que permite actualizar e incrementar la competitividad del territorio. Lo digital se constituiría como un factor de competitividad territorial, crecimiento económico, empleo y bienestar colectivo.

El término “Economía Digital” fue acuñado por Don Tapscott, en su obra de 1995 "The Digital Economy: Promise and Peril in the Age of Networked Intelligence", que fue reeditado en 2014. Posteriormente, Nicholas Negroponte, fundador del Media Lab en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), describió la economía digital como la transformación de las actividades económicas en las que el activo sobre el que se realizan las transacciones son los bits en lugar de los átomos. Esto es, la mercancía que se intercambia es información en lugar de materia física.

De este modo, en estas nuevas actividades económicas se pasa a producir servicios y productos digitales que operan en nuevos mercados digitales, también de nueva creación, que pueden alterar con más o menos intensidad y velocidad modelos de negocio tradicionales. Con el tiempo, hemos comprobado que la materia sobre la que se realizan transacciones continúa siendo la materia física, pero la información resulta ser un activo clave que posibilita o facilita dichas transacciones físicas.

En definitiva, se entiende por Economía Digital “el conjunto de actividades económicas en las que el activo sobre el que se realizan las transacciones es la información, junto a aquellas actividades en las que las tecnologías digitales son el elemento clave para el desarrollo del negocio a través de nuevos productos y servicios o mediante nuevos mercados digitales”.

En ocasiones, la “economía digital” (digital economy) se denomina “economía de internet” (Internet economy), “nueva economía” (new economy) o “economía web” (web economy). Ciertos economistas afirman que la economía digital no es tan solo un constructo teórico, sino que en efecto tiene impacto real en las sociedades. Los trabajos realizados por instituciones como el World Economic Forum, la OCDE o la Comisión Europea dan muestra de la importancia que estas nuevas actividades tienen en el ámbito económico, así como las consecuencias y efectos que tienen en el desarrollo de las sociedades. Lo relevante es que al margen de la terminología empleada, en esta nueva economía se pasa a producir servicios y productos digitales que operan en nuevos mercados digitales que alteran con más o menos fuerza modelos de negocio tradicionales.

La economía digital abarca tanto a actividades del tradicional sector digital, las llamadas “industrias digitales”, así como las ocupaciones digitales que se desarrollan en sectores no digitales, denominadas “actividades digitales”. Por sector digital se entiende el ligado a las actividades de informática y telecomunicaciones. Esta definición del sector parte de la que tiene establecida la OCDE a partir de Standard Industrial Classifications (SICs) de las Naciones Unidas, que permite, tanto la obtención de información a partir de los sistemas de clasificación internacionales, como la comparabilidad a nivel internacional.

En este sector se desarrollan tareas no intrínsecamente digitales (por ejemplo, las tareas administrativas), cuyo resultado se computa en términos globales. Por otra parte, sectores de actividad no digital, como las finanzas o la manufactura, pueden albergar ocupaciones digitales (como, por ejemplo, las derivadas de la robotización, o los sistemas de recomendación de productos basados en TICs). Este elemento de la economía digital dificulta la obtención de información a partir de los sistemas de medición tradicional (los basados en SIC), ya que parte de la actividad digital de la economía queda contabilizada bajo otros epígrafes. Ejemplos del primer grupo serían negocios como el de SAP y un gran número de los productos software de gestión, en los que las tecnologías digitales son aplicadas u orientadas a determinados sectores de actividad económica. Por su parte, en los negocios puramente digitales se encontrarían iTunes, Spotify o Gmail.

La digitalización de cada vez un número mayor de actividades de la vida económica y social supone un desafío al concepto, teoría y práctica de la Economía Digital. Si bien no existe un consenso absoluto sobre los límites futuros de la Economía Digital, sí que es cierto que se han realizado aproximaciones que implican consenso.

Como anticipan Marin y Porter, son dos los elementos clave que están marcando el descenso global de la cuota del trabajo en los ingresos. Por un lado, la tecnología digital se está escorando hacia el capital, haciendo que la automatización reduzca el empleo. Por otro lado, los mercados “the winner takes it all”, con compañías “superstar” que operan globalmente. Los “efectos red” amplifican esta capacidad, facilitando la escalabilidad de los negocios y el crecimiento con tasas mucho menores en el empleo de personal (Marin, 2017). Estos efectos red son la suma de efectos que se produce gracias a que cada vez existe mayor conexión entre distintos nodos de una red, ya sea esta de sectores, negocios o personas.

En un reciente trabajo sobre la competitividad digital comparada, se subraya que el aprovechamiento del conocimiento generado en los últimos años ha permitido a determinadas regiones entre las que destaca el País Vasco, tener mayor capacidad de resistencia durante la crisis y servir como resorte sobre el que construir su recuperación. Y señala precisamente los activos basados en el conocimiento como responsables de la mayor parte del crecimiento, en productividad y especialmente en renta por habitante, en pos de una mayor cohesión y bienestar sociales. Así mismo, la intensidad del empleo del conocimiento explica muy bien la posición competitiva de dichas regiones (Reig Martínez et al., 2017).

En el ámbito internacional el Foro Económico Mundial, en su informe Global Information Technology Report 2016, afirma que la revolución digital cambia la naturaleza de la innovación, y por tanto obliga a reflexionar sobre el tipo de políticas a desarrollar (World Economic Forum, 2016).