Existen múltiples definiciones y marcos teóricos sobre qué es innovación no-tecnológica y que supone aplicar este tipo de innovación en la empresa. No obstante, la ambigüedad del término no ayuda a familiarizar este concepto en el ámbito empresarial lo que dificulta su adopción, pero ¿Qué es innovación no tecnológica? ¿Qué supone ser innovador en términos no-tecnológicos? y ¿Qué implicaciones tiene este tipo de innovación para la empresa?

En principio, en sentido más purista (Manual de Oslo, 2005) la innovación no-tecnológica incluiría aquellas innovaciones comerciales (relacionadas con el precio, promoción, o diseño del producto), y organizativas (asociadas al desarrollo de nuevas prácticas empresariales, enriquecimiento del puesto de trabajo, y gestión de las relaciones exteriores de la organización con otros agentes). Sin embargo, de acuerdo con este manual, en algunos casos la barrera entre innovación de producto y comercial es a menudo es muy fina, al igual que la diferenciación entre algunas innovaciones de proceso y organizativa, por lo que son múltiples las aclaraciones y excepciones que podemos encontrar.

Asociada al propio concepto, otra característica que no apoya la “popularidad” de la innovación no-tecnológica es la intangibilidad de este tipo de innovación. Es difícil convencer a empresas que están sumidas en el día a día, pensar en términos abstractos, sin tener la idea o figura de un prototipo (producto) que ejerza de bote salvavidas o revulsivo en situaciones adversas.

Esta intangibilidad, se ve agravada por la dificultad de la innovación no-tecnológica de producir efectos directos en el desempeño económico. Las empresas cuando innovan asumen riesgos económicos, y tensiones internas. Su disposición a aventurarse en el camino incierto de la innovación radica en la esperanza de (entro otras cosas) ver mejorada su rentabilidad económica. Resulta difícil evangelizar sobre las bondades de la innovación organizativa o comercial cuando los efectos en la competitividad empresarial son indirectos en el largo plazo.

Todo lo expuesto anteriormente apoya el argumento de muchas pequeñas y medianas empresas cuando señalan que “La innovación la innovación no-tecnológica, no es para mí” …

Sin embargo, lo anterior sería una visión bastante limitada del potencial empresarial. La innovación no-tecnológica es vital para la sostenibilidad empresarial. En primer lugar, porque este tipo de innovación ejerce un importante efecto directo en indicadores intermedios como son productividad, satisfacción laboral, reducción de costes laborales, reducción de costes de producción, desarrollo de nuevos productos, penetración en nuevos mercados (diversificación en otros sectores), o internacionalización. Estos indicadores intermedios son los responsables en última instancia de tener unas cuentas saneadas, y lograr una sostenibilidad empresarial.

En segundo lugar, en términos de estrategia empresarial es crucial evolucionar hacia empresas ambidiestras que sean capaces de desarrollar innovaciones tecnológicas (producto y/o proceso), y no-tecnológicas (comerciales y/o organizativas). La combinación de ambos tipos de innovación supone una palanca competitiva importante en la innovación. Así, por ejemplo, el desarrollo de innovaciones organizativas basadas en la transparencia y mejora de la comunicación interna, el fomento de relaciones con el exterior, la formación y desarrollo de capacidades del trabajador, la mejora de procesos, y la motivación de la persona, permitiría el desarrollo de una organización creativa, con conocimiento diverso, recursos heterogéneos, personas motivadas, y dispuestas a aprender, tendría un efecto exponencial en la exploración de nuevas oportunidades de innovación, y adaptarse mejor al entorno explotando las fortalezas actuales.

Para poder apoyar estos argumentos, es importante la sensibilización, diseñar o generar espacios que permitan a las empresas intercambiar experiencias, conocer casos de éxito (y de fracaso) para perder el miedo a desarrollar este tipo de innovación no-tecnológica, y aprender sobre cómo hacerlo. De igual modo, también es importante promover una evaluación de programas basada en estándares de resultados que permita a las instituciones públicas diseñar programas ajustados a las necesidades empresariales.

Lo ideal, es que todo esto ayudar a en el impulso de muchas empresas en su actitud sobre la innovación no-tecnológica, y declarar: “si, la innovación no-tecnológica, si es para mí”.

Algunas de estas reflexiones fueron recogidas el pasado 8 de febrero en los Quality Innovation Awards de Euskalit.


Henar Alcalde

Henar Alcalde

Doctora Cum Laude en Business Administration and Quantitative Methods (European Mention) por la Universidad Carlos III de Madrid. Estancia doctoral en Copenhagen Business School en el Departamento de Innovation and Organizational Economics (INO).

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