Recuerdos de niñez y mocedad

No era más que una niña llena de ilusión cuando en 1992 se celebró la cumbre de la Tierra de Río y para aportar mi granito de arena, conseguí un reloj, conmemorativo de aquel evento, que además era automático.

92Sin embargo, el tiempo, los estudios en la Universidad, durante la carrera y el doctorado, y la investigación, me llevaron a perder la esperanza de que algún día se conseguiría lograr un acuerdo real para un desarrollo sostenible.

La tortuosa senda hacia un acuerdo mundial

Podemos decir que entre las reuniones más destacadas de la conferencia de las partes está la de Kyoto, que con su protocolo ha supuesto el desarrollo de multitud de sistemas de comercio de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y otros mecanismos de desarrollo flexibles. Además planteaba opciones, de gran actualidad, como la eficiencia energética, el desarrollo de energías renovables, promoción de modalidades agrícolas sostenibles y transferencia tecnológica.

COP15 Logo.svg 200x200Sin embargo, debieron de transcurrir más de veinte años para que la lucha contra el cambio climático y la sostenibilidad recuperaran su importancia en las agendas políticas mundiales y en los medios de comunicación. Copenhague, que fue para muchos una decepción, supuso retomar dicho protagonismo. No se logró firmar un documento post-Kyoto, pero supuso un avance de intenciones y la búsqueda de mecanismos tecnológicos para acelerar el desarrollo y la transferencia de tecnologías, junto con la creación de un fondo verde para desarrollar proyectos, programas y políticas relacionadas con la mitigación de las emisiones.

Ya la COP 20 de Lima finalizó con un documento que invitaba a las partes a comunicar sus intenciones de reducción de las emisiones para después de 2020.

2015: Algunas claves de la COP 21

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Reuniones de alto nivel, acuerdos bilaterales (i.e. China-EE. UU.), multilaterales (i.e. UE-grupo de 79 países caribeños, africanos y del Pacícifo), con fuertes implicaciones geoestratégicas; incremento del papel de las regiones (i.e. el País Vasco en The Climate Group) y ciudades (i.e. R20 Regions of Climate Action), empresas y ONGs, fueron sembrando un camino de esperanza. En este sentido, incluso la última Encíclica del Papa (Laudato si) trataba la necesidad del cuidado del medio ambiente ante los urgentes desafíos del planeta.

Todo esto fue acompañado de una visión cada vez más a favor de un cambio de dirección, compartida por un número creciente de entidades, sectores y empresas, que buscaban compatibilizar la sostenibilidad medioambiental con la competitividad. A modo de ejemplo, un número cada vez mayor de empresas ve en el comercio de permisos de emisión un aliado para el desarrollo sostenible o entienden la eficiencia energética como un instrumento vital para mejorar su posición competitiva.

De París al cielo

COP 21“Elevados niveles de contaminación en Madrid”, “Alerta roja por contaminación en Pekín”, “Inundaciones en Florida” son algunos de los titulares que han jalonado la senda que ha llevado al primer acuerdo unánime mundial contra el calentamiento global, en línea con las expectativas que suscitó , aunque con alguna limitación.

En la cumbre de París se han podido desbloquear problemas surgidos en cumbres anteriores, sin embargo, se ha limitado el control de la temperatura a 1,5 ̊C; no se ha incluido la aviación ni el transporte marítimo en el acuerdo, quedando pendiente cubrir 16 Gt con compromisos de reducción de emisiones voluntarios. En este ámbito, el Gobierno Vasco se ha comprometido a reducir las emisiones un 40% para 2030 y un 80% para 2050.

No obstante, no se debe bajar la guardia. Es ahora cuando comienza el verdadero reto, que va más allá de Kyoto. Hemos de desacoplar completamente las emisiones, el consumo energético y el PIB. Hay que ayudar a los países más vulnerables, cumplir con los compromisos, optimizar los mecanismos de apoyo a la lucha contra las emisiones, realizar aportaciones por valor de 100.000 millones de dólares al año a partir de 2020, recordando el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas.

Además, el acuerdo deberá de ser ratificado por, al menos, el 55% de los países, debiendo suponer como mínimo el 55% de las emisiones mundiales de GEI, para entrar en vigor.

A la luz de todo lo anterior es imprescindible voluntad y compromiso real político, empresarial y social, que moralmente nos obligue al cumplimiento de los objetivos acordados y quizás a un futuro más ambicioso, pues nos va mucho en ello.

Una nota sobre el reto de la competitividad: la energía

La mejora de la competitividad un año y otro es sencilla de dibujar, no así de materializar durante un período de, por ejemplo, 15 años. Como resultado de la cumbre de París, estamos empezando a mirar a períodos de más de 30 años. Esto es positivo puesto que los procesos de transición energética e industrial son muy dilatados en el tiempo y requieren inversiones a largo plazo, pero pueden hacer que perdamos perspectiva. En todo caso, todas las tecnologías y fuentes energéticas pueden tener cabida en el futuro. Además, es a través de la tecnología y de la innovación, entre otros, que se podrá avanzar en la mitigación del cambio climático, y esto supone de nuevo tiempo y fondos.


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Macarena Larrea

Macarena es Doctora en Promoción y Desarrollo de Empresas por la Universidad del País Vasco. Realizó una tesis sobre la “Internacionalización de los costes externos de la producción eléctrica”.

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