Vivimos un momento en que son frecuentes preguntas como ¿Cuánto va a durar esta crisis? ¿Estamos en crisis o en un cambio de paradigma? ¿Qué tipo de políticas deberían adoptar los diferentes Gobiernos? ¿Cuáles son las políticas que funcionan y las que no? Es una situación compleja y no hay respuestas simples y únicas a estas preguntas. Hace falta una combinación de múltiples decisiones, acciones de multitud de agentes y la búsqueda de acomodos entre ellas para asegurar el bienestar de la sociedad.

Dada la multitud y complejidad de las preguntas, es fundamental ir centrando las reflexiones en cada una de ellas para pensar con cierta profundidad. Una de las preguntas relevantes en el contexto actual es la siguiente, ¿cómo han de cambiar las políticas públicas para que sus efectos sean los deseados? La respuesta a esta pregunta requiere aprender qué funciona y qué no en las políticas existentes para cambiarlas, qué nuevas políticas se han de poner en marcha o cuáles se deben de dejar de aplicar. Es decir, requiere evaluar las políticas, no sólo con criterios de legitimidad o rendición de cuentas ante la sociedad, sino para aprender de su aplicación con objeto de mejorarlas y cambiarlas.

En este contexto, la evaluación de las políticas está cobrando cada vez más importancia y se observa un incremento en la demanda y el desarrollo de ejercicios de evaluación por parte de las diferentes administraciones (desde la Comisión Europea hasta administraciones de carácter más local). Sin embargo, la mayor parte de las evaluaciones son evaluaciones ex-post o evaluaciones que se realizan una vez que la política, plan o programa haya finalizado con el fin de conocer los efectos de dicha intervención. El aprendizaje de estas evaluaciones no se puede reflejar en una modificación de las políticas, planes o programas evaluados, y para que aporten valor el conocimiento generado ha de utilizarse en el diseño de nuevas políticas todavía no puestas en marcha. Junto a este tipo de evaluaciones hay otras que se efectúan ex-ante, es decir, tienen lugar antes de la implantación de la política, plan o programa con objetivo de analizar los efectos que dicha política tendrá para poder influir en su fase de diseño.

Sin embargo, hay otro tipo de evaluación, de particular relevancia en el contexto actual de incertidumbre y cambio acelerado, que aunque con importante potencial para el aprendizaje y mejora de las políticas, se aplica en menor medida, en parte porque resulta más difícil de externalizarlo completamente en un equipo de evaluación externo y requiere una implicación y compromiso mayor de las personas de la administración pública en el proceso de evaluación. Se trata del seguimiento o supervisión de la política, plan o programa. Esta evaluación se realiza durante la implantación de la política y su objetivo es doble: por un lado, analizar los resultados que se están alcanzando durante dicha fase de desarrollo y por otro aprender sobre las causas de que se consigan o no los resultados esperados, pudiendo generar así una mejora continua y ajuste de la política, plan o programa en curso. Se produce así un aprendizaje político, tanto sobre los resultados que se están alcanzando como sobre los instrumentos de intervención o medios que los están haciendo posibles, es decir, las acciones implantadas que facilitan los resultados.

Estas evaluaciones tienen un importante potencial de impacto en la mejora de la eficiencia y eficacia de las políticas, pero requieren el liderazgo y la implicación de las administraciones en el proceso de evaluación. Requieren que las administraciones no se limiten a hacer un encargo de un ejercicio de evaluación a un equipo de investigación o de consultores externos, sino que personas en puestos de decisión política se impliquen y lideren el proceso de evaluación. Si la evaluación es para aprender y mejorar las políticas, las evaluaciones se han de hacer de forma que aprendan los que está tomando las decisiones y poniendo en marcha las acciones, reconociendo tanto los logros como los fracasos. En definitiva, si se quiere orientar la evaluación a aprender y mejorar las políticas, se ha de impulsar el liderazgo político para la evaluación. Esto es fundamental para que en este momento en que se están dando tantos cambios en las políticas se tomen las decisiones adecuadas, y no decisiones que acaben teniendo consecuencias indeseadas, afectando negativamente al bienestar de la sociedad.


mari jose aranguren

Mari Jose Aranguren

Mari Jose Aranguren es directora general de Orkestra y Catedrática de Economía en la Universidad de Deusto. Es una reconocida experta en el área de competitividad y estrategia territorial, clústeres y redes y el análisis y evaluación de políticas, temas sobre las que ha publicado numerosos libros y artículos en revistas especializadas nacionales e internacionales de impacto.

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